Tribulación y felicidad del pensamiento
Resumo
Llamaremos así a toda convicción que haya llegado a ser para quien la posee o la padece una referencia de su propia identidad; algo que por lo tanto no puede ser perdido -por ejemplo superadosin que se abra inmediatamente la cuestión esencial de la angustia: ¿Quién soy yo ahora que no pienso así, ahora que no creo en este? Tal vez convenga dejar de lado momentáneamente el carácter mismo de esta convicción, su grado de elaboración y coherencia, las condiciones de su formación; para destacar solamente ese rasgo decisivo : que ha llegado a ser una referente de identidad. Esto nos permite indicar, para comenzar, que en un sentido fundamental todos somos dogmáticos, que no es posible tomar una alegre distancia sobre el dogmatismo, sin hacemos toda clase de ilusiones sobre la economía de nuestro pensamiento. Dogmático fue ya nuestro ingreso en el mundo: una palabra incuestionable designó y configuró la imagen primera de la realidad y de nosotros mismos; la palabra de un ser supremo, objeto de todo, de la identificación, de la necesidad, del amor, del deseo, de la demanda, de la hostilidad.
