Leer: o el tránsito de la epifanía a la abducción
Resumen
Acaso nada arrostra más halo de arrogancia en nuestra lengua que la, categoría de los adjetivos posesivos. Si por ventura afirmo, no sin cierta holgura de estimación, que "en lo que sigue mi punto de visto -sobre la lectura recubrirá asuntos tales como“, aparte de una imprudente contundencia (por lo demás fácilmente desmantelarle), escucho resonar la impureza de una atribución equívoca no exenta de contradicción: "mi punto de vista no· es mi punto de vista, o mejor, no es con mucho mi punto de vista".
