ARTÍCULO

doi: 10.24142/raju.v13n27a5

 

CÍRCULOS SOLIDARIOS DE MEDELLÍN: UNA EXPERIENCIA DE ECONOMÍA ALTERNATIVA*

 

MEDELLÍN SOLIDARITY CIRCLES: AN ALTERNATIVE ECONOMY EXPERIENCE

 

 

 

Alfonso Insuasty Rodríguez Docente investigador, Universidad de San Buenaventura, Medellín (Colombia). Director del Grupo de Investigación GIDPAD y editor de la revista académica El Ágora USB, Medellín. Correo electrónico: alfonso.insuasty@usbmed.edu.co y Alfonso.insuasty@gmail.com.

Fabián Alirio Mazo Elorza Sociólogo, Especialista en Gestión Urbana, Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín (Colombia). Cursa estudios de Maestría en Desarrollo Urbano en la misma universidad. Integrante del Grupo de Investigación y editorial Kavilando, Medellín. Correo electrónico:fabianmazo@hotmail.com.

Ángel Rodrigo Vélez Filósofo, Magíster en Administración, doctorando en Conocimiento y Cultura de América Latina, IPECAL (México). Docente investigador, Universidad de San Buenaventura, Medellín, Facultad de Ciencias Empresariales, Grupo de investigación Casos y Estudios Organizacionales CEO. Correo electrónico: angel.velez@usbmed.edu.co y angevel07@gmail.com.

 

Recibido: 20 de septiembre de 2017
Aceptado: 20 de enero de 2018
Publicado el : 31 de diciembre de 2018

 


Resumen

La experiencia metodológica Círculos solidarios, desarrollada en la ciudad de Medellín (Colombia), en los barrios marginados de la ciudad, dirigida a población excluida del sistema bancario, se constituye en una propuesta esperanzadora que alienta “otra economía posible”, resaltando el trabajo comunitario, valores como la solidaridad, la confianza, la vecindad, la colaboración mutua, la cooperación y la participación. También sirve como base de un cambio cultural desde abajo que aporta en el fortalecimiento del tejido social en sectores marginados y golpeados por la violencia urbana. Con esta experiencia, se propone un modelo asociativo con rotación de funciones, una capacitación basada en la educación popular, el fortalecimiento de las unidades socioeconómicas y la conciencia política, préstamos a bajos intereses, de acuerdo con la capacidad de pago, evitando el endeudamiento excesivo, ahorro programado, fondos comunes y planes exequiales.

Palabras clave:economía social y solidaria, Círculos Solidarios, valores colectivos, exclusión y esperanza.


Abstract

The methodological experience Solidarity Circles, developed in the city of Medellin (Colombia) in the marginalized neighborhoods of the city, aimed at a population excluded from the banking system, constitutes a hopeful proposal that encourages “Another possible economy” highlighting community work , values such as solidarity, trust, neighborliness, mutual collaboration, cooperation and participation, as a basis for a cultural change from below that contributes to strengthening the social fabric in sectors marginalized and hit by urban violence. Where an associative model with rotation of functions is proposed, a training based on popular education, the strengthening of socio-economic units and political awareness; low interest loans, according to the ability to pay, avoiding excessive indebtedness; programmed savings, common funds and funeral plans.

Key words: Solidarity and Social Economy, Solidarity Circles, Collective Values, Exclusion and Hope.


1. Introducción
2. Contexto de pobreza, exclusión y violencia en la ciudad de Medellín
3. Medellín
4. Apuntes en torno al concepto de pobreza
5. Políticas públicas en la lucha contra la pobreza en Medellín
6. Medellín Solidaria
7. Planeación local y Presupuesto Participativo
8. Estadísticas techos presupuestales
9. Mínimo Vital de Agua Potable
10. Referencias10. La economía solidaria: herramienta para mejorar las condiciones de vida y fortalecer la organización social

11. Círculos Solidarios, una experiencia desde abajo

12. Impactos de las iniciativas institucionales y privadas

13. Aproximaciones y características de la propuesta de Círculos Solidarios

14. Resultados del programa Círculos Solidarios 2016

15. Conclusiones

Referencias

 

 

 

1. Introducción

El presente texto busca evidenciar los alcances de la economía solidaria en un caso concreto: la metodología Círculos Solidarios implementada por la Corporación Fomentamos en la ciudad de Medellín, como herramienta para construir una sociedad más justa, más equitativa y solidaria frente a la dinámica de una economía de capital caracterizada por altos niveles de competitividad y exclusión, así como por sus grandes efectos de pobreza y violencia.

 

Este proceso de análisis se deriva de un convenio de colaboración entre la Universidad de San Buenaventura y la Corporación Fomentamos. En una primera fase, se desarrolló un proyecto de investigación en el que participaron la Universidad de San Buenaventura, la Universidad Remington y el Tecnológico de Antioquia, en donde se realizó la sistematización de la experiencia de los Círculos Solidarios de la Corporación Fomentamos en la ciudad de Medellín. En una segunda fase se trabajaron procesos formativos, diplomados, espacios académicos y eventos diversos de difusión de dicha propuesta, todos insumos que derivaron en la presente publicación en la que se busca aportar, con experiencias como esta, la visibilización de auténticas alternativas a un desarrollo capitalista depredador no solo del medio, sino de las personas y la sociedad, pues estamos convencidos de que la economía solidaria “envuelve en sí misma una crítica profunda al sentido individualista del capitalismo, así como al sentido de ánimo de lucro acumulativo a expensas de las comunidades y los territorios” (Vélez & Insuasty, 2017, p. 9).

2. Contexto de pobreza, exclusión y violencia en la ciudad de Medellín


América Latina y Colombia

Las Naciones Unidas (2012), en el Informe sobre Inequidad Urbana, indicó que Colombia ocupa el primer puesto en desigualdad urbana en América Latina, debido a que aumentó exponencialmente dicha problemática entre 1990 y 2010; esto contrasta con el crecimiento económico del país en el mismo corte de tiempo. Es por ello que este organismo internacional ha sugerido, a todos los países, generar procesos de innovación y transformación urbana, pensados desde la inclusión (ONU Habitat, 2012).

El Programa de las Naciones Unidas (PNUD) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), durante 2014, lanzaron una alerta sobre la preocupante situación que enfrenta América Latina ante la no reducción de la pobreza, poniendo en el centro del debate la relación entre crecimiento económico y disminución de la pobreza. El último informe del Panorama Social de América Latina, elaborado por la CEPAL y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), plantea que “tres millones de latinoamericanos volvieron a caer en la pobreza entre 2012 y 2014” (Faieta, 2015, p. 1). Teniendo presente las diversas crisis (económicas, por desastres naturales, situaciones de violencia armada, entre otras) que enfrenta el mundo actualmente, Jessica Faieta (2015) concluye que:

No basta con más crecimiento económico para construir “resiliencia” —o la capacidad de absorber choques externos, sean financieros o desastres naturales, sin que haya grandes pérdidas sociales y económicas. Hace falta invertir en las capacidades y activos de los pobres y vulnerables— tareas que toman años y, en muchos casos, toda una generación (p. 1).

La metodología implementada por la CEPAL analiza y mide la pobreza bajo dos enfoques: por ingresos y desde una perspectiva multidimensional. De acuerdo con esta comisión económica, “la aplicación de estos dos enfoques a los datos sobre los países de la región permite reforzar la idea de que, más allá de los avances logrados en la última década, la pobreza persiste como un fenómeno estructural que caracteriza a la sociedad latinoamericana” (cepal, 2014, p. 11).

Colombia, y Medellín de manera particular, no se alejan de la realidad antes descrita. Por un lado, Medellín se ha presentado como la ciudad más competitiva del país y a la vanguardia en la innovación en América Latina; pero, por otro, sigue siendo una de las ciudades más inequitativas del mundo, donde la pobreza y la exclusión estructuran los diversos problemas sociales y de violencia.

Analizando la relación pobreza/violencia, organismos como la CEPAL ven con preocupación cómo este binomio continúa siendo un factor fundamental para que los jóvenes ingresen a organizaciones criminales.

En su informe sobre el Panorama Social de América Latina (2014), la CEPAL llama la atención sobre el hecho de que en países en los que se presentaron avances, a nivel de desarrollo, los índices de violencia aumentaron, siendo la constante el crecimiento de contextos de inseguridad que afectan principalmente a los más jóvenes. Este aspecto es, sin duda, una de las grandes problemáticas que enfrenta Medellín, y el mismo país, después de la firma de la negociación de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y los críticos diálogos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que darían fin al conflicto armado prolongado que ha sufrido Colombia, por más de cincuenta años, ubicándolo a partir de allí en lo que se ha denominado un escenario de posconflicto.

3. Medellín

Las ciudades crecieron y se transformaron de manera radical con la llegada de familias rurales, campesinas y étnicas, producto del desplazamiento forzado, fenómeno derivado de la pobreza en el campo y la violencia armada. Estas comunidades abandonaron sus tierras y llegaron a “rebuscarse” un lugar en la urbe, lo que les implicó vérselas cara a cara con la miseria.

A partir de dichos fenómenos sociológicos, violencia armada y pobreza, las comunidades campesinas y étnicas, esencialmente rurales, fueron obligadas a vivir en la urbanidad y a generar aceptación de la idea de progreso enmarcada en epistemes occidentales. Esta perspectiva de modernidad y desarrollo tuvo implicaciones directas en Colombia, pues transitó de una población rural y campesina a una consolidación urbana en el país. Rueda (1999) afirma que:

En 1938 el 70 % de la población residía en el campo y solo el 15 % en núcleos de más de 10.000 habitantes. El crecimiento rural en las décadas siguientes, por efecto de la emigración, se redujo a la mitad, ubicándose en niveles entre 11.000 y 12.000 (p. 4).

En la actualidad, según el Banco Mundial (citado por el Centro de Investigación sobre Dinámica Social, 2007), Colombia se proyecta como un país cada vez más urbano. Se calcula que para el 2019 el 77 % de toda su población habitará en áreas urbanas, donde se generará el crecimiento de la población del país, llegando casi a diez millones de habitantes nuevos para dicha fecha.

La demanda de mano de obra ayudó a la expansión de la ciudad desde los años sesenta. Las personas desplazadas del campo a la ciudad se adaptaron a las dinámicas económicas y sociales de la urbanidad; incluso, se vincularon a la lógica individualista y competitiva del modelo económico industrial y esencialmente urbano.

Las ciudades fueron consolidando y organizando sus barrios según las grandes concentraciones de desplazados asentados en zonas de invasión. Ellos reordenaron, a su manera, dichos territorios; una suerte de ciudad naciente y excluida que crece en la periferia ante los ojos de una ciudad formal.

Entrada la época de la industrialización regional, se tensionan aún más las relaciones entre esa “ciudad naciente y excluida” con la “ciudad formal pensada desde las élites”. La bisagra será entonces la necesidad de mano de obra a bajo costo para la producción industrial, lo que de una u otra forma genera la inclusión de un amplio sector de estas poblaciones que venían del campo. Entonces, se asume que estos habitantes aportan a la ciudad formal, pensada por las élites; es decir, al crecimiento económico de la creciente urbe.

En Medellín, no toda la población migrante inmersa en la urbanidad fue despojada de sus particulares formatos culturales; así, los valores comunitarios, la vecindad y el apoyo colectivo se conservaron, sobre todo en las poblaciones que ocuparon las laderas de la ciudad, generándose identidad, arraigo popular y redes de vecindad, al margen del desarrollo de “la ciudad formal”.

Estas comunidades campesinas, ubicadas en la periferia, ponen en marcha su barrio, generan comités de trabajo y constituyen, incluso, formas de gobierno propio, aportando sus saberes y valores como la confianza y la solidaridad, virtudes que les permiten la construcción de los actuales sectores populares donde lo vecinal, lo local y lo colectivo no han dejado de existir.

Se desarrolla así un hábitat híbrido de semirruralidad, y nuevos nichos de relación social y cultural a partir del intercambio de costumbres y relaciones de auténtica acogida y ayuda mutua.

Esta capacidad organizativa les permitió, a pesar de la exclusión, luchar de manera constante por sus derechos, logrando avanzar en el acceso a servicios básicos como el alcantarillado, el agua potable, la educación y la salud, entre otros. Ese acumulado y esa memoria de acción colectiva permaneció en algunos pobladores, quienes reivindicaron el reconocimiento de su papel político como sujetos constructores de sociedad, con la voz necesaria y decisiva en las intervenciones administrativas sobre el hábitat de la ciudad.

La administración municipal, tradicionalmente, no ha considerado de manera real a estas expresiones organizativas populares locales; por el contrario, se ha empeñado en implementar las políticas globales, acelerando reformas económicas y jurídicas sobre el territorio, acrecentando la violencia estructural y la exclusión.

La institucionalidad, de manera estructural, ha obligado a la población a vivir sin garantías sociales y sin protección.

Este modelo de ciudad neoliberal ha agudizado la crisis humanitaria que padece el contexto citadino que llegó desplazado, fenómeno conocido como la Deshumanización Urbana.

Es así como las dirigencias, las élites políticas-económicas, han permitido que la sociedad entera camine hacia el “sálvese quien pueda y como pueda”, reproduciendo en lo cotidiano las diversas manifestaciones de violencia, corrupción y guerra. Para el caso Medellín, desde la década de los setenta se presenta una nueva variable a esta ya compleja realidad; es el afianzamiento del contrabando que da paso al narcotráfico, luego las diversas formas de paramilitarismo, para terminar complejizándose en una estrecha red de narco-paramilitarismo, narco-política y parapolítica (Balbin & Insuasty, 2010).

La pobreza en crecimiento, al igual que la violencia, marca la realidad de Medellín. Dado este contexto queda dibujado que dicha ciudad va consolidándose no solo como una urbe desigual, excluyente, sino que dentro de ella empiezan a cohabitar —no a convivir— múltiples ciudades:

1. La ciudad que habita la calle o debajo de las calles.
2. La ciudad habitada por la clase trabajadora, sectores formales e informales.
3. La ciudad campesina (cincuenta mil personas) que han sido y siguen siendo sector campesino, pero que poco a poco son absorbidos y asfixiados por el “desarrollo”.
4. La ciudad del sector empresarial a la que se suma la conformada por lo que queda de la “alcurnia” tradicional, que se entremezcla con el nuevo sector empresarial emergente fruto de la recapitalización generada en el narcotráfico, el contrabando y la burocracia contratista del ente administrativo.

Esta última es la ciudad que se transforma según las dinámicas del mercado global, y no las necesidades propias.

La mayoría de los pobladores de las laderas del Área Metropolitana de Medellín son regidos, actualmente, por las leyes de la extrema necesidad, la exclusión social, el resentimiento y la discriminación; pero también la compulsión consumista, el sueño del éxito-show, el acaparamiento de la riqueza, el aislamiento individualista y un sinnúmero de obstáculos políticos y culturales para la participación y la construcción de oportunidades de vida digna. Estas son agudas problemáticas generadas por los modos de producción y distribución, que condicionan subjetividades instrumentales, mercenarias y mendicantes que el sentido común naturaliza, que la sociedad y el Estado justifica, afirma y legaliza, forzando un modelo de sociedad egoísta, mezquina, estigmatizante y excluyente que se devora a sí misma (Insuasty y Villa, 2014).

¿Quién y desde dónde se estructuran y se toman las decisiones que transforman las ciudades y los sujetos en la actualidad? Efectivamente, Medellín se enfrenta a los grandes males que se derivan de la concentración de la riqueza,

siendo necesario evitar que los mercados funcionen bajo lógicas de acaparamiento y monopolio, lo que en Medellín no ha sido posible debido a que la oligarquía sigue detentando la economía en la región, entonces la riqueza no penetra los niveles más pobres (Téllez, 2013, s. p.).

Esto ha devenido en una compleja situación de vulnerabilidad del tejido social, debido al modelo económico-histórico seguido en el país, cruzado con la variable violencia armada.

Ahora bien, la situación de desigualdad en la ciudad quedó dilucidada en el informe del primer semestre del 2011 de la Personería de Medellín, donde se resalta la pobreza y la inequidad histórica como una gran deuda que tiene la ciudad, subrayando la existencia de dos ciudades:

En todos estos años se identificó a la pobreza y la inequidad como uno de los mayores factores de vulnerabilidad de la población, siendo esta la ciudad metropolitana del país con la mayor concentración de la riqueza. Se plantea que Medellín tiene dos ciudades, una con habitantes que tienen acceso a los bienes y servicios que ofrece la sociedad y el Estado y otra con pobladores que sufren vulneraciones sistemáticas de sus derechos (Personería de Medellín, 2011, p. 3).

En este sentido, ante la constante de dicho fenómeno a través del tiempo, se hace pertinente profundizar en una de las recomendaciones que realizó la Personería sobre una política distributiva de los ingresos y las riquezas “conforme al principio de solidaridad”, lo que implica la participación del sector público, privado y de la comunidad (Personería de Medellín, 2014). Por ende, siguiendo el marco de referencia del desarrollo humano integral, más que la pobreza son la exclusión social y la inequidad las que contribuyen a la emergencia de diversas formas de violencia que, sin duda, están asociadas a la falta de oportunidades de los distintos grupos poblacionales que habitan en la ciudad. Tanto la pobreza como la desigualdad son concebidas como expresión del mismo problema: la falta de oportunidades.

Y es que al cruzar la variable pobreza con violencia armada continúa siendo relevante la pregunta por la igualdad en el acceso a oportunidades. Esto nos conduce a una problemática planteada desde el enfoque de desarrollo humano: el crecimiento económico no impacta directamente en la distribución del ingreso, puesto que para ello se requiere de políticas redistributivas que puedan contribuir a corregir la inequidad social.

Teniendo en cuenta que Medellín alberga un alto porcentaje de población desplazada por la violencia, que ha desangrado los campos en el país, preocupa que el coeficiente de Gini, que mide “la concentración de la riqueza en una sociedad”, haya calculado en el 2009 a Medellín en 0,566, siendo identificada como la sociedad con mayor concentración de la riqueza de las 13 áreas metropolitanas del país (DANE, 2010).

Para el 2012, con la aplicación de una nueva metodología para medir indicadores de pobreza, se presentaron tendencias de reducción tanto de la pobreza como de pobreza extrema. Se registraron cifras del 17,7 % y 3,5 %, respectivamente (Pobreza y desigualdad en Medellín, 2013).

Estos indicadores ponen de nuevo en evidencia, y en especial atención, la necesidad de una política distributiva de los ingresos, para lo cual deben generarse sinergias entre el sector público, privado y comunitario.

Gran parte del objetivo de este trabajo es el de brindar insumos de reflexión y de referencia en la información de alternativas económicas, para que sean tomadas como base de análisis, y realizar con ellas recomendaciones a la oferta actual que se da desde el Estado y las ong; además de crear iniciativas en las propias comunidades para que se enfoquen en el tema de generación de ingresos como mecanismo de mejoramiento de la calidad de vida de los sectores de la población en estado de vulnerabilidad.

Los jóvenes se constituyen en el grupo poblacional más afectado por la violencia, en su doble condición víctima-victimario, por ende, se deben transformar en el foco de primer orden para concentrar políticas públicas de inclusión como un objetivo estratégico.

Es fundamental determinar nuevas dinámicas sociales en donde los jóvenes, desde las instituciones educativas, puedan contar con referentes en la generación de ingresos, distintos a aquellos ofrecidos por la cadena de la economía ilegal liderada por los grupos armados, (combos) o narcotráfico, que producen ingresos pero perpetúan la violencia.

 

4. Apuntes en torno al concepto de pobreza

Desde lo local, la Personería de Medellín, en su informe sobre la situación de derechos humanos del año 2013, resalta la necesidad de “construcción de políticas públicas encaminadas a la reducción de las condiciones de pobreza e inequidad en que viven gran número de habitantes de Medellín” (Personería de Medellín, 2013, pp. 108-109).

Ahora bien, la pobreza, en un sentido económico, puede describirse como una situación humana que caracteriza a quienes carecen de recursos para garantizar los niveles adecuados de bienestar, expresados en la satisfacción de las necesidades básicas.

El estudio científico de la pobreza se ha enfocado, principalmente, en los problemas de medición que estableció Sen (1992), que consisten en la identificación de los individuos clasificados como pobres dentro del total de la población, y la agregación del bienestar de esos individuos dentro de una medida de pobreza que los categorice.

Los enfoques más utilizados para resolver el primero de los problemas, identificados por Sen, están basados en la concepción utilitarista de la economía clásica, que considera la pobreza como reflejo de inexistencias materiales y recursos para adquirir bienes y servicios que generen bienestar en el sentido de la utilidad. Este enfoque es la base de las mediciones tradicionales que consideran el ingreso como el principal factor determinante de pobreza, tales como los indicadores de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI); dicho enfoque se establece, primordialmente, a partir de la concepción de la pobreza como “necesidad”, y en las líneas de pobreza, que consideran pobres a las personas cuyo ingreso o consumo no es suficiente para mantener un nivel de vida considerado mínimo.

Dentro de lo que llamamos enfoques tradicionales de pobreza, en Colombia, se destaca el uso de las líneas de pobreza como metodología para clasificar a los individuos en estado de pobreza; en particular quienes devengan ingresos menores a 1,25 dólares al día, cifra basada en las estimaciones del Banco Mundial (López y Núñez, 2007). Esta perspectiva bien puede ser considerada como una medida de pobreza absoluta, cuya aplicación no toma en cuenta los factores propios de cada centro poblado en el que se analiza.

El concepto moderno de pobreza, que incluye factores determinantes diferentes al ingreso, es conocido como la pobreza multidimensional. En Colombia, el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) se construye a partir del análisis de cinco dimensiones: las condiciones educativas del hogar, las condiciones de la niñez y la juventud, la salud, el trabajo y el acceso a servicios públicos domiciliarios y las condiciones de la vivienda. En contraste con otros indicadores, como el Índice NBI, el IPM incluye factores relacionados con el ámbito laboral, de salud y las condiciones de los jóvenes, los cuales desempeñan un papel muy importante en la generación de bienestar de los hogares.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) (2013), los dos enfoques de pobreza, monetario y multidimensional, lejos de ser excluyentes son dos medidas complementarias. La una permite identificar hogares en situación de pobreza, expresada en términos de poder adquisitivo, y la otra, la multidimensional, caracteriza esos hogares ponderando la incidencia de la pobreza.

De acuerdo con las cifras presentadas en el Informe de Pobreza Monetaria y Multidimensional del DANE (2013), el 30,6 % de la población que habita en las cabeceras municipales estaba en situación de pobreza monetaria, mientras que el 24,8 % clasificaba como pobre bajo el enfoque multidimensional.

En contraste con este enfoque utilitarista, o bienestarista, Bandrés (1994) argumenta que:

En consecuencia, la pobreza no ha de entenderse como la situación derivada de poseer una renta por debajo de una línea determinada, sino como el fracaso a que conduce una renta que es inferior a la adecuada para alcanzar unos niveles establecidos de capacidades básicas, esto es, mínimamente aceptables en cada sociedad. Razón por la cual, la ordenación de los individuos puede ser distinta que con la renta. Ello no excluye, sin embargo, la posibilidad de definir un núcleo básico de capacidades y funcionamientos en el que convergerían los requerimientos de distintos tipos de sociedad: nutrición, vivienda, vestido, relaciones sociales (p. 237).

En consecuencia, lo que defendió Sen (1984) fue una concepción de pobreza que no estuviera determinada por la posesión de bienes o la utilidad experimentada con el consumo, sino una concepción determinada por las “capacidades de los individuos” (Sen, Resources, Values and Development, 1984).

Con esta concepción, este mismo autor aporta a la discusión en torno a las perspectivas de pobreza absoluta y relativa, cuya división se fundamenta en la necesidad de hacer comparaciones para establecer la incidencia de la pobreza en un determinado individuo.

Esto implica, como lo estudiaron Feres y Mancero (2001), que la superación de la pobreza, en el sentido relativo, requiere de la adquisición no solo de bienes materiales sino de capital social, expresado en actividades necesarias para participar adecuadamente en la sociedad.

Con esto en mente, Feres y Mancero (2001) destacaron, con respecto a la pobreza entendida como la incapacidad de vivir una vida tolerable, de acuerdo con la concepción promovida por la cepal, que:

entre los aspectos que la componen se menciona llevar una vida larga y saludable, tener educación y disfrutar de un nivel de vida decente, además de otros elementos como la libertad política, el respeto de los derechos humanos, la seguridad personal, el acceso al trabajo productivo y bien remunerado y la participación en la vida comunitaria (p. 7).

Esto implica que las condiciones de vida del individuo, asociadas a su desarrollo social, juegan un papel importante en la generación de su bienestar.

 

5. Políticas públicas en la lucha contra la pobreza en Medellín

La lucha contra la pobreza se ha desarrollado desde hace más de tres décadas, pero ha tomado fuerza a partir del año 2000, con la publicación de lo que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) denominó los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que en 2015 fueron modificados por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Hoy, todas las políticas públicas, tanto municipales como nacionales, deben estar sustentadas en dar respuesta al menos a uno de los ods, no solo en cumplimiento de los acuerdos firmados por el Estado colombiano, sino para garantizar la trazabilidad y seguimiento a la ejecución de cada uno de ellos.

A partir de esta formulación, todas las políticas públicas, a nivel nacional o local, se han enfocado en alguno de estos ocho objetivos, dejando claro que el objetivo más general es el primero, y que en la medida que se aporte al logro de cualquiera de los otros siete se logra acercarse a ese primero que busca reducir la pobreza.

En Medellín, la administración municipal ha hecho un esfuerzo por trazar un derrotero más allá de las políticas de cada gobierno, para asegurar que algunos programas especiales, que se enfocan especialmente en los ods, puedan tener una mayor continuidad, garantizando mayores impactos. Cada gobierno le ha dado nombres nuevos, que se ajustan a sus programas de gobierno o a su proyección de imagen; así, por ejemplo, en el periodo 2004- 2007 se creó el programa Medellín Incluyente, al que el siguiente gobierno, en el periodo 2008-2011, denominó Medellín Solidaria, nombre que permaneció igual en la siguiente administración, 2012-2015, modificando sus logotipos para que se ajustaran a la imagen institucional que se quiere presentar a la ciudad y al mundo, y que en el actual periodo de gobierno 2016-2019 Medellín Cuenta con Vos casi ha desaparecido, eliminando el concepto de solidaridad en la denominación del programa para ser nombrado simplemente como Familia-Medellín.

Para entender más estas políticas públicas y cómo se desarrollan, especialmente en la ciudad, hay que conocer primero el contexto general de la ciudad de Medellín, que es el siguiente:

• Población
El dane realizó las proyecciones de la población a 2015 para el municipio, las cuales estimaron un total de 2.464.322 personas, de ellas cerca del 58 % en situación de pobreza y casi un 25 % en pobreza extrema.

• División política
La ciudad está dividida administrativamente en dieciséis comunas y cinco corregimientos, siendo la Comuna 1, Popular, la más poblada, y la Comuna 14, El Poblado, la menos poblada. Por parte de los corregimientos se estimó a San Antonio de Prado como el corregimiento más poblado, y San Sebastián de Palmitas como el corregimiento que mantiene mayor vocación rural.

Medellín, además, es uno de los centros urbanos de mayor recepción de población desplazada del país, pero también se presenta una grave situación de desplazamiento intraurbano, fruto de la presencia de “combos”, herederos de las estructuras militares de milicias de la guerrilla en la década de los ochenta, o de grupos paramilitares de las décadas de los noventa y el 2000.

Las principales políticas públicas desarrolladas en Medellín, desde 2004, hasta el momento, han sido programas que, aunque han arrancado como parte del plan de desarrollo de cada mandatario, se han logrado institucionalizar a través de acuerdos municipales, lo que ha permitido su continuidad en el tiempo. Estas políticas son:

• Medellín Solidaria
• Presupuesto Participativo
• Mínimo Vital de Agua Potable

 

6. Medellín Solidaria

Según la información oficial, en Medellín hay más de 325.000 personas en condición de pobreza extrema. En la actualidad, Medellín Solidaria beneficia a 238.534 de ellos, representados en 50.000 hogares (Alcaldía de Medellín, 2015b), ofreciéndoles las herramientas y oportunidades que el municipio tiene para generar inclusión social.

La atención de los hogares se realiza de forma periódica mediante visita domiciliaria, a través de 400 cogestores sociales, quienes son profesionales en áreas psicosociales. Cada uno de ellos acompaña, en promedio, a 130 hogares, acercándoles oportunidades en las nueve dimensiones del desarrollo humano: identificación, educación, salud, ingresos y trabajo, nutrición, habitabilidad, dinámica familiar, ahorro y justicia.

Medellín Solidaria trabaja desde el principio de corresponsabilidad, posibilitando que la población participante del programa potencie sus capacidades y adquiera autonomía, para aprovechar los beneficios existentes en su entorno, logrando mejorar su calidad de vida y dando continuidad a su desarrollo. Los cogestores sociales, quienes visitan a las familias, llevan 118 programas, proyectos y servicios que se convierten en oportunidades para el bienestar de los hogares en condición de pobreza extrema de la ciudad. Por ejemplo, en educación, salud, servicio psicosocial, vivienda, ahorro, entre otros. Estas oportunidades vienen de la Alcaldía de Medellín y entidades privadas.

A través de este programa se han creado, en la Alcaldía, varias alianzas con entes tanto públicos como privados, que buscan llegar a cada hogar con las diferentes ofertas de beneficio social y económico para la familia. Es además el operador del programa del gobierno nacional Más Familias en Acción, así como el aliado municipal para los programas de la Agencia Nacional Para la Superación de la Pobreza (ANSPE). A través de Medellín Solidaria se hace el acercamiento a los hogares.

A octubre de 2015 el programa Medellín Solidaria ha “graduado catorce mil hogares que han superado la pobreza extrema”; es decir, que han alcanzado los logros fijados en su plan de desarrollo familiar, con base en las nueve dimensiones del desarrollo; sin embargo, esta graduación no significa independencia ni autonomía; por el contrario, estos hogares siguen recibiendo los subsidios a los que han accedido y solo pierden el acompañamiento familiar que reciben del programa.

En los últimos cinco años la inversión total aprobada por el municipio de Medellín, en este programa, fue la siguiente:

2011: $16.000.000.000
2012: $11.000.000.000
2013: $19.016.800.663
2014: $23.800.869.803
2015: $16.198.878.038
2016: $19.001.644.560
2017: $15.113.875.432 1
2018: $15.000.000.000 2

Para una inversión total de $135.132.068.496. Llama especialmente la atención la disminución del presupuesto para 2015, con referencia a los años anteriores. Situación que se repite para los años 2017 y la proyección para 2018.

 

7. Planeación local y Presupuesto Participativo

Es un proceso de participación ciudadana mediante el cual, a través de un conjunto de actividades, las comunidades pueden planear, gestionar y priorizar parte de la inversión pública (5 % del presupuesto anual de libre inversión), para contribuir a superar algunos de los problemas que tiene cada territorio de la ciudad (Alcaldía de Medellín, 2015a).

Sus principales características:

• Ejercicio de participación ciudadana que combina la democracia representativa con la directa.
• Los habitantes inciden, anualmente, sobre el 5 % del presupuesto anual de libre inversión del municipio.
• Proyectos articulados al Plan de Desarrollo Local de cada territorio y al Plan de Desarrollo Municipal.
• El recurso es asignado a cada territorio según los siguientes criterios:
• Población.
• Indicador de Calidad de Vida.
• Indicador de participación de cada territorio.

 

8. Estadísticas techos presupuestales

Lo que significa una inversión en cinco años de $731.000.000.000. Hasta el año 2012, las asambleas comunitarias presentaban iniciativas que, por medio de una ficha, eran viabilizadas por la administración municipal a través de la dependencia que le correspondiera, según su competencia. A partir de 2016 la metodología cambió y las comunidades presentan proyectos, sustentados y articulados con los Planes Locales de Desarrollo, que dejan de ser iniciativas sueltas y separadas para ser proyectos dirigidos al desarrollo local, buscando generar mayores impactos en la población.

Este proceso de participación se modifica en 2017 con la aprobación del acuerdo 28; los principales cambios radican en que los proyectos a ejecutar con los recursos de Presupuesto Participativo tienen que estar jerarquizados en el Plan de Desarrollo Local, y se votan por toda la ciudadanía una vez la administración ya ha formulado los proyectos y ha calculado sus costos.

Tabla 4.1 Techos presupuestales asignados al Presupuesto Participativo en Medellín
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Fuente: Alcaldía de Medellín (2015a).


Tabla 4.2 Techos presupuestales y total de iniciativas - proyectos priorizados por año
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Fuente: Alcaldía de Medellín (2015a).


Tabla 4.3 Número de iniciativas y proyectos con comuna y corregimiento
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Fuente: Alcaldía de Medellín (2015a).

Esta diferencia con el proceso que se venía adelantando desde el año 2004 ha generado múltiples dificultades entre la administración y las comunidades, pues la administración argumenta la posibilidad de renovar liderazgos al ampliar la base de personas que participan y definen los proyectos a ejecutar, mientras que los líderes discuten cómo este modelo, al poner a votar gente que nunca ha participado y en el que se jerarquizan proyectos que no fueron discutidos, restringe la democracia; es decir, que este nuevo modelo amplía los votos pero limita la discusión.

 

9. Mínimo Vital de Agua Potable

Durante la primera mitad de la década del 2000 los movimientos sociales en Medellín, y en Colombia, iniciaron una lucha por lo que se llamó el Referendo por el Agua, que buscaba, en esencia, el reconocimiento del agua como un derecho autónomo, la prohibición de privatizar el agua, sus fuentes y las aguas subterráneas e impedir la desconexión de este servicio.

Fruto de este proceso, y de las presiones de las organizaciones sociales en la campaña electoral del 2007 para elegir alcaldes y gobernadores para el periodo 2008-2011, el candidato Alonso Salazar se comprometió con estas organizaciones a garantizar el Mínimo Vital de Agua Potable para los sectores más vulnerables. Una vez electo, en su plan de desarrollo 2008-2011, aprobado por el acuerdo 16 del 16 de junio de 2008, incluyó como uno de los indicadores de resultado “Personas que cuentan con suministro y acceso al mínimo vital de agua potable” (Concejo de Medellín, 2008). Partiendo de este indicador, el programa Medellín Solidaria y el Departamento Administrativo de Planeación se coordinan con las Empresas Públicas de Medellín (EPM) para la creación de un programa que garantizara este acceso al Mínimo Vital de Agua Potable a los hogares más pobres de la ciudad.

El Mínimo Vital de Agua empieza a funcionar para los hogares pertenecientes al programa Medellín Solidaria, ubicados en los niveles 1 y 2 del Sistema de Selección de Beneficiarios Para Programas Sociales (SISBÉN) y para familias desplazadas que hacían parte del programa nacional Familias en Acción. El programa define una cantidad de 2,5 m 3 de agua por persona en el hogar, para aplicar como un descuento en la factura de consumo de acueducto y alcantarillado, cubriendo tanto el valor del cargo fijo como del consumo hasta la cantidad antes señalada, permitiendo que los hogares que hacen uso racional del servicio y consumen la cantidad que les da el programa puedan tener una factura de $0,00.

En abril del 2011, casi ad portas de entregar el mandato, el Concejo de Medellín aprueba el acuerdo 06, por medio del cual se institucionaliza el programa, permitiendo su continuidad más allá del gobierno de Alonso Salazar. En noviembre de ese mismo año, el alcalde expide el decreto 1889, por medio del cual reglamentó el programa y dejó como condiciones de acceso para acceder a este:

• Tener una conexión legal a los servicios de acueducto y alcantarillado, con una de las empresas con las que el municipio tenga convenio para la aplicación de este auspicio.
• Tener un puntaje en la versión tres del sisbén igual o inferior a 47,99, o estar registrado en el Registro Único de Víctimas como población desplazada.
• Pertenecer al programa Medellín Solidaria.

En septiembre de 2012, el programa de Modernización de la Alcaldía creó la Subsecretaría de Servicios Públicos, decreto 1364 (Municipio de Medellín, 2012) y le da a esta dependencia la responsabilidad de diseñar e implementar los programas de masificación de servicios públicos, especialmente aquellos referidos a los mínimo vitales, razón por la cual se toma la decisión de trasladar este programa de Medellín Solidaria a la nueva subsecretaría, lo que se hace mediante el decreto 013 de 2014, y se modifican los requisitos de acceso al programa, cambiando el pertenecer a Medellín Solidaria por el de “estar focalizado para cualquier programa de acompañamiento de la Alcaldía de Medellín”.

Los principales logros de este programa, en lucha contra la pobreza, se pueden mostrar en términos de la cantidad de hogares beneficiados y el ahorro, tanto en agua como en dinero, que hacen los hogares.


Tabla 4.4 Hogares beneficiados con el Mínimo Vital de Agua y ahorro
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Fuente: Medellín Cómo Vamos (2014-2015).

La inversión de recursos para este programa ha sido la siguiente:


Tabla 4.5 Hogares beneficiados con el Mínimo Vital de Agua y ahorro

Presupuesto ajustado 2009 $ 755.949.361,00
Presupuesto ajustado 2010 $ 2.144.053.113,00
Presupuesto ajustado 2011 $ 6.118.198.253,00
Presupuesto ajustado 2012 $ 4.689.706.147,00
Presupuesto ajustado 2013 $ 6.377.082.345,00
Presupuesto ajustado 2014 $ 7.874.480.570,00
Presupuesto ajustado 2015 $10.521.352.280,00
Presupuesto ajustado 2016 $13.361.006.725,00
Ejecución a agosto 31 de 2017 $12.065.820.755,00
Presupuesto proyectado 2018 $16.498.833.429,00
TOTAL $80.406.482.978,00

Fuente: Alcaldía de Medellín (2015a).

Las políticas públicas de lucha contra la pobreza, en Medellín, se han enfocado en dar respuesta a problemas puntuales, como el acceso a los servicios públicos o al fomento de la participación social y política en un programa como Presupuesto Participativo, pero sujetas a la voluntad política del gobierno de turno.

La falta de continuidad en las políticas públicas y las reducciones, muchas veces sin justificación, del presupuesto destinado a estos programas, no permiten que se pueda garantizar la sostenibilidad de los objetivos, ni minimizar las desigualdades y situaciones de inequidad que se han generado en la ciudad.

La política pública, en la práctica, no se ha consolidado como una estrategia de Estado y no ha pasado de ser un programa de gobierno que se ha planteado como estrategia de desarrollo, pero que en la práctica solo se ejecuta como alternativa de ganancia política del gobernante de turno.

 

10. La economía solidaria: herramienta para mejorar las condiciones de vida y fortalecer la organización social

La presente investigación busca destacar el papel que juegan los mecanismos de participación en la vida comunitaria, en la superación de la pobreza, particularmente la incidencia de la economía solidaria como elemento de participación ciudadana en redes que promueven el desarrollo económico y social de sus participantes.

Abad y Abad (2014) atribuyen el surgimiento de la economía solidaria a la búsqueda de iniciativas para combatir la exclusión de aquellos a los que el neoliberalismo ha “tirado por la borda” del vehículo del progreso económico. Entendiendo esto como la expulsión de los que no cuentan con representatividad política, social o económica en la sociedad capitalista, de las vías que permiten el progreso y desarrollo económico y social. La economía solidaria, por lo tanto, se constituye en un mecanismo alternativo de desarrollo consistente en prácticas de autogestión y asociación comunitaria, que permiten fomentar el progreso de sus participantes, basado en la participación autónoma del individuo en la construcción de su bienestar, el de su familia y comunidad.

Las prácticas propias de este modelo atribuyen una alta relevancia a la responsabilidad social y la ética, en la búsqueda de mejoras en la calidad de vida de las personas, en contraste con lo promovido por las prácticas capitalistas que asignan un alto grado de importancia a la obtención de ingresos y bienes materiales. En consecuencia, el modelo de la economía solidaria surge paralelo y en respuesta al capitalista, como “una alternativa que reivindica a la economía como medio y no como fin al servicio del desarrollo personal y comunitario, como instrumento que contribuya a la mejora de la calidad de vida de las personas y su entorno social” (Askunze, 2013, p. 101).

Desde la perspectiva de la economía clásica, el enfoque de la economía solidaria retoma los postulados marxistas de los factores de producción, asignando mayor prioridad al trabajo sobre el capital y promoviendo un modelo socioeconómico redistributivo y más equitativo. En la actualidad, luego de más de dos décadas de la apertura económica en Colombia, que significó la entrada del país a las políticas económicas que conforman el llamado proceso de globalización, delineado por los organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial), la situación socioeconómica sigue registrando porcentajes dramáticos de aumento de la pobreza, concentración de la riqueza, exclusión e inequidad. A lo citado deben sumársele los indicadores políticos que registran pocos avances en materia de fortalecimiento institucional, el desarrollo efectivo de la democracia y la participación popular en todos los ámbitos de la vida de la gente.

Frente a la situación esbozada anteriormente se pretende analizar aquellas estrategias económicas que no corresponden completamente a la lógica del modelo capitalista, y que no son generadas ni por el Estado ni por el sector privado, edificándose sobre una base política, ya que intentan elaborar alternativas de desarrollo comunitario, local y regional, como lo serían las experiencias que provienen de las llamadas economías solidarias o alternativas. Estas experiencias suelen definirse o nombrarse de diversas maneras, como organizaciones económicas populares, economía solidaria, microempresas familiares, mercados campesinos, circuitos solidarios, grupos asociativos, entre otros.

Este marco facilita la comprensión de la experiencia de Círculos Solidarios, liderada en Medellín por la Corporación Fomentamos y otras organizaciones sociales y cooperativas, que buscan no solo mejorar las condiciones de vida de las personas que viven en extrema pobreza, sino también el fortalecimiento de un tejido organizativo capaz de incidir políticamente. Retomando el informe realizado por el grupo de investigación (Grupo de Investigación GIPAD, 2012), sobre la caracterización de los programas en generación de ingresos en Medellín que producirán un mayor impacto en la vida de las personas, se tuvo como hallazgo principal que el programa en economía solidaria de la Corporación Fomentamos era el que mayor peso tenía al trabajar una metodología integral, ya que aporta a:

promover la transformación continua de individuos, sus familias y comunidades, mejorar la calidad de vida de las familias extremadamente pobres, incrementar la autoestima y empoderamiento de individuos, principalmente las mujeres, desarrollar un liderazgo basado en el servicio a la comunidad, fomentar las iniciativas locales en pro de la comunidad y fortalecer y desarrollar negocios sostenibles […]
La estrategia seguida para lo anterior es la de los Círculos Solidarios, los cuales se articulan a procesos de capacitación, acompañamiento y participación; así como a un programa de microemprendimiento, siendo estos círculos grupos informales de personas de comunidades marginadas, autogestionarios, formados por los más pobres, especialmente mujeres […] que se reúnen con el fin de acceder a crédito, ahorrar y generar espacios para la reflexión de la vida diaria. Sus integrantes son microemprendedores, con negocios de subsistencia. Es más que un crédito, es una oportunidad para hacer amigos. […] Es un grupo donde se comparten necesidades y aspiraciones (Grupo de Investigación GIPAD, 2012).

De acuerdo con el informe de investigación antes citado, este modelo contribuye notablemente al fortalecimiento del tejido social, en específico desde la recuperación de la confianza y la solidaridad entre las comunidades. Políticamente, este modelo se considera alternativo, en el sentido en que construye propuestas de economía comunitaria como estrategias de transformación del modelo económico actual hacia uno más incluyente, equitativo y sostenible. Visto de esta forma, este programa busca contribuir a la creación de alternativas a las condiciones de inequidad de la ciudad, lo que sin duda puede ser usado en el fortalecimiento de políticas económicas desde el sector privado y público, pensando en tácticas para la distribución y potenciación de capacidades, donde el desarrollo económico de la ciudad realmente beneficie a la población en mayor condición de vulnerabilidad y en mayores condiciones de pobreza extrema.

 

11. Círculos Solidarios, una experiencia desde abajo

Ante este panorama, no es gratuito ni azaroso que, desde organizaciones de la sociedad civil, defensoras de derechos humanos y cooperativas de trabajo asociado, se haya planteado, a inicios del presente siglo, la necesidad de crear una alianza con el objetivo de proyectar una estrategia antisistémica que fortaleciera, en la ciudad de Medellín, las iniciativas de incidencia política a partir de un enfoque de la economía solidaria. Fue así como en el año 2003 se creó la Corporación Fomentamos, la cual tendría a su cargo la operatividad de la estrategia pensada: las finanzas solidarias.

En la práctica, esta estrategia tomó la forma de un programa integral que recibió el nombre de Círculos Solidarios, concebido como una alternativa de crédito para personas con pequeños negocios que viven el día a día de la sobrevivencia, pertenecientes a grupos poblacionales excluidos del sistema financiero tradicional que no tenían más opción para el crédito que los “pagadiarios”, nombre que se le da a los prestamistas asociados, por lo general, al crimen organizado de la ciudad, que prestan a intereses del 20 % sin importarles si la persona tiene o no capacidad de pago, ya que no cancelar el préstamo puede implicar poner en riesgo la vida del que lo realizó o de su familia. A largo plazo, este programa fue visualizado como un modelo de economía solidaria que fortalecería la construcción de sujetos políticos y tejido social.

 

12. Impactos de las iniciativas institucionales y privadas

El interés por la experiencia de la Corporación Fomentamos y su programa de economía solidaria partió de los resultados de una investigación realizada por el grupo de investigación GIPAD de la Universidad San Buenaventura, Medellín (2012), sobre la caracterización de la oferta institucional en programas de emprendimiento en Medellín, la cual tuvo como principal hallazgo que las propuestas que venían desde la institucionalidad y la empresa privada no lograban el impacto esperado en cuanto a mejorar las condiciones de vida de las personas. El programa Círculos Solidarios fue calificado como el que aportaba mayor impacto a sus integrantes y sus familias. La tabla 4.6 ofrece un resumen de los principales resultados de la investigación antes citada, y que han sido el punto de partida de la presente investigación, donde se propuso generar un proceso de sistematización de los Círculos Solidarios, iniciativa también liderada por la Corporación Fomentamos.


Tabla 4.6 Principales hallazgos de la investigación sobre la caracterización de los proyectos de emprendimiento en la ciudad de Medellín

La ausencia de una política pública en emprendimiento ocasiona desarticulación en el territorio, así como el hecho de que la institucionalidad deje en manos de entidades operadoras la metodología. Estos aspectos restan capacidad de impacto a los programas desarrollados
Necesidad de los sistemas de monitoreo, de forma que identifiquen de manera clara y oportuna los factores de riesgo, reorientando las estrategias de acompañamiento y la asistencia técnica a todas las experiencias colaborativas, y no a unas cuantas
Las formas asociativas deben seguir modelos distintos al vertical, siendo las Juntas de Acción Comunal el modelo tradicional que se toma como referente y que se guía por relaciones jerárquicas verticales. Por tanto, se sugiere que los liderazgos sean rotatorios, permitiendo que cada miembro tenga la experiencia de asumirse en diversos roles y funciones
Los bajos niveles de escolaridad crean condiciones de exclusión, en tanto las ofertas buscan perfiles en los que no se tiene presente esta realidad, sin crearse alternativas para el acceso en igualdad de oportunidades
No existen referentes de construcción de redes exitosas que promuevan el desarrollo local en materia de la generación de ingresos
Las ofertas, desde el ámbito público y privado, se centran en el crédito y la formación empresarial, pero desconocen la necesidad de propuestas integrales de formación que lleven a que las personas se hagan sujetos políticos que transformen su propia realidad
Debilidad en el impacto a la hora de disminuir los niveles de pobreza de la población
No se detectaron fondos comunes que apoyen el emprendimientos productivo a un corto plazo

Fuente: elaboración propia con base en el informe del Grupo de Investigación GIPAD (2012).

 

Siguiendo los criterios anteriores, para la investigación se partió del supuesto que indica que la experiencia realizada por la Corporación Fomentamos podría ser fortalecida e implementarse como un modelo de ciudad, para el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas que viven en extrema pobreza y para la reconstrucción del tejido social, desde una estrategia basada en las finanzas solidarias. Este supuesto parte de la integralidad del programa, en tanto propone un modelo asociativo con rotación de funciones, con una metodología de capacitación basada en la educación popular para el fortalecimiento de las unidades socioeconómicas y la conciencia política; préstamos a bajos intereses y de acuerdo con la capacidad de pago para evitar el endeudamiento; ahorro programado, fondos comunes y planes exequiales.

El fortalecimiento del tejido social es un indicador importante en la metodología, en tanto los socios de los círculos son personas en estado de vulnerabilidad, y algunos han sido víctimas directas de la violencia armada. Siendo precisamente una debilidad de las ofertas públicas en emprendimiento no tener en cuenta el fortalecimiento organizativo desde un enfoque económico, como una herramienta para la organización social, orientando su oferta en “el apoyo y el estímulo a las iniciativas de corte individual” (Grupo de Investigación GIPAD, 2012, p. 89).

 

13. Aproximaciones y características de la propuesta de Círculos Solidarios

En un primer avance del levantamiento de información, realizado con veinte Círculos Solidarios pertenecientes a la Corporación Fomentamos, ubicados en las zonas Centro, Occidente, Oriente y Sur de la ciudad de Medellín, se considera relevante la percepción que tiene el equipo de trabajo de la Corporación Fomentamos y los integrantes de los círculos, de calificar como exitosa la experiencia en tanto ha conseguido mantenerse vigente, logrando, para diciembre de 2014, un total de 7.346 socios distribuidos en 427 Círculos Solidarios, los cuales están conformados principalmente por mujeres que representan el 79,7 %.

A la hora de medir el impacto, con respecto al mejoramiento de las condiciones de vida, una lectura inicial de la documentación y de las percepciones de los socios de los Círculos Solidarios arroja, como primeros hallazgos, que la metodología de trabajo ha favorecido a los socios para la sostenibilidad y crecimiento de los negocios, debido no solo al préstamo del dinero, sino también a la capacitación recibida. Lo anterior ha fortalecido la generación de mayores ingresos y la autoestima de los socios, en el sentido en que han aprendido a llevar por sí mismos la contabilidad, a tomar decisiones sobre sus negocios (en cuanto a proveedores, precios, diversificación de productos, entre otros) y a proyectar su crecimiento. Los logros anteriores impactan al grupo familiar, debido a que se mejora la calidad de vida de los hogares.

Otro hallazgo que sirve como indicador del valor que confieren las personas a aspectos como la confianza y la solidaridad, es un sentimiento que actúa como constante en los integrantes de los círculos, quienes perciben a Fomentamos como una organización que “confió y creyó en ellos”, lo que ven evidenciado en la posibilidad de acceder a préstamos sin los requisitos que piden los bancos, y que ellos no podrían cumplir sin los altos intereses que cobran estos o la economía ilegal de los “pagadarios”. Con respecto a los créditos es importante destacar que el primer préstamo es de $50.000 (cincuenta mil pesos) y que, a medida que la persona va mejorando su negocio y adquiere posibilidad de pagar una cuota más alta, se aumenta hasta llegar a la cuota máxima de $1.000.000.

Al indagar por la percepción que tienen los socios, respecto a lo que significa sentir que se confía en ellos, su respuesta se relaciona con sentimientos que les ayudan a crecer su autoestima y a dignificarlos como personas, asignándole un alto valor al hecho de sentir que no es mucho lo que se les pide a cambio ya que para recibir el préstamo solo deben asistir a las reuniones semanales, ser puntuales con el pago de las cuotas para no atrasarse y afectar al grupo, así como elegir bien a los socios solidarios que ingresarán al círculo. Afirman que les gustaría que se les prestara más dinero, y resaltan, como un aspecto positivo, el que se les presten cuotas acordes a la capacidad económica de cada integrante, de forma que puedan, realmente, pagar el préstamo y no perder lo poco que tienen, incluyendo las esperanzas de poder seguir con sus negocios que les generan los ingresos para el sustento diario.

Para algunos de los integrantes de la Corporación Fomentamos, algo que fortalece la metodología es precisamente la cantidad de dinero que prestan, ya que no generan sobreendeudamiento, les permite contribuir al crecimiento de la iniciativa de negocio y con ello de las condiciones de vida de los socios. Un impacto importante del programa es que el 63 % de las personas que al ingresar tienen préstamos con “pagadiarios”, gota a gota, se retiran de ellos, mientras que un 25 % lo disminuye y solo un 12 % lo mantienen.

En lo concerniente a escenarios futuros, la Corporación Fomentamos proyecta fortalecer una red de economía solidaria que articule los diversos Círculos Solidarios, por medio de la propuesta de “mercar juntos”. Lo que implicará el tránsito hacia una metodología que permita sostener una dinámica colectiva de mercado, que requerirá fortalecer y articular la producción propia al unir las experiencias o negocios individuales para centralizar su producción y proveer los mercados que podrían denominarse populares; proyectándose la compra de insumos a las redes de producción campesina autónoma, ecológica y limpia. Esto exigirá una articulación a otras redes existentes en lo local y regional, convirtiéndose así en una red regional de economía alternativa. De acuerdo con la información recogida hasta el momento, este tránsito se tiene pensado desde distintas fases, para lo cual se cuenta con el acompañamiento del brasilero Euclides André Mance, filósofo de la teología de la liberación, quien ha explorado, a nivel de América Latina, el papel que cumplen las redes de colaboración para el fortalecimiento de la organización social.

Esta apuesta podría contribuir, en la práctica, a la organización de redes colaborativas, con nuevos modelos de flujo de valor económico, de recomposición ecológica y de cadenas de suministro, proporcionando una expansión autosostenida de la economía solidaria como alternativa al capitalismo.

Respecto a lo anterior, en los talleres realizados emergió la necesidad de fortalecer la metodología de capacitación, en lo concerniente a la formación de sujetos políticos; aspecto que actúa como condicionante para lograr el fortalecimiento organizativo de forma que las personas vean en la colaboración solidaria una estrategia para mejorar sus propias condiciones de vida, incidiendo así en la transformación de su propia historia. Esta sugerencia se apoya en el hecho de que si los integrantes de los círculos que fueron analizados le confieren un valor importante a capacitarse y a estar en grupo, no se perciben aún como actores políticos con capacidad de incidir en el espacio público, apreciándose ciertos sentimientos de dependencia hacia la gestión de la Corporación Fomentamos y hacia las cooperativas que apoyan la estrategia de finanzas solidarias, como es el caso de la Cooperativa Confiar.

Lo anterior, sin duda, está relacionado con el perfil socioeconómico de los integrantes de los círculos, cuyas principales características se describen en la siguiente tabla.


Tabla 4.7 Perfil socioeconómico de los integrantes de los Círculos Solidarios de la Corporación Fomentamos

Bajo nivel educativo
Habitan en los barrios más marginales de la ciudad, en condiciones de extrema pobreza
Trabajan en la economía informal, principalmente en ventas en la calle, pequeñas chazas en sus barrios, venta de ropa en municipios o ventas por catálogo
Habitan barrios en donde existe extrema violencia, en condiciones de exclusión social y donde predomina la economía informal e ilegal
Viven de una economía llamada el “rebusque” (sobrevivencia)
La mayoría de los beneficiarios son mujeres, con un 75 %, en su mayoría jefes de hogar con triple jornada laboral
El principal rango de edad es de 40 a 60 años

Fuente: elaboración propia.

Siguiendo los anteriores criterios, se comprende la necesidad de que propuestas de economía solidaria, como el programa de Círculos Solidarios, tengan como eje central la capacitación para lograr un cambio social más profundo, cuya raíz está en la transformación personal. Esto implica la creación de condiciones para el acceso a la educación y a alternativas económicas, teniendo claro que la participación en la vida política es una prioridad para el desarrollo integral.

 

14. Resultados del programa Círculos Solidarios 2016

Fomentamos expresa que su prioridad es llegar con sus servicios a las personas y comunidades más excluidas, pues son estas quienes más requieren de un apoyo institucional y financiero para superar muchas de sus dificultades económicas, permitiéndoles mejorar sus condiciones de vida y fortalecer su dignidad mediante prácticas solidarias y de confianza.

En Colombia, se estima que el 48,34 % de las personas ocupadas se encuentran desarrollando actividades dentro del sector informal, lo que conocemos popularmente como “rebusque”; esto representa cerca de la mitad de la población activa económicamente del país. En el Valle de Aburrá la situación de informalidad es similar; nuestro porcentaje llega al 43 %, afectando con mayor fuerza a las mujeres.

La propuesta metodológica para alcanzar este objetivo es conocida en el mundo como “Banca Comunal”, pero se ha adaptado a las condiciones y entorno propio de Medellín bajo el nombre de Círculos Solidarios, buscando precisamente mejorar las condiciones de vida de esta población, es decir, de quienes están en la economía del “rebusque” y han creado, como mecanismo de subsistencia, pequeñas unidades económicas con las que generan los ingresos para su sostenimiento y el de sus familias que, en general, no cumplen con los requisitos que exige el sistema financiero tradicional para acceder al crédito y a sus servicios.

Con los Círculos Solidarios se eliminan las dos principales barreras que no permiten a las personas del sector informal acceder al crédito y a los servicios financieros: tener activos que garanticen sus créditos y demostrar capacidad de pago. La garantía del crédito es el grupo en su conjunto, para ello se asignan pequeños montos para ser pagados en cuotas semanales y a plazos cortos.

A 2016 son aproximadamente (retomando los diversos informes presentados en eventos públicos por la Corporación Fomentamos) 7.800 personas que, en Medellín y otros municipios del Valle de Aburrá, hacen parte de los Círculos Solidarios, y que indirectamente están beneficiando, aproximadamente, a 30.000 personas representadas en sus grupos familiares.

Los Círculos Solidarios son una apuesta por la inclusión económica y social de las personas más pobres y desprotegidas, una apuesta por la dignificación de sus vidas y de sus actividades económicas basada en la solidaridad, en el mutuo apoyo y en la confianza como elementos estructurales de nuestra construcción de sociedad.

Los resultados alcanzados durante el último año demuestran que los Círculos Solidarios son un programa que está transformando la vida de miles de personas, mediante la inclusión social y financiera, que permite transformar su cultura y su forma de relacionarse, además de llevarlos hacia modelos económicos más incluyentes y más solidarios. Los siguientes datos pueden dar una idea de lo aquí afirmado:

• Quiénes participan: para identificar a qué personas llega esta propuesta, se revisaron los estratos sociales de los asociados a los Círculos Solidarios. Se evidencia un especial interés en los estratos 1 y 2. En la zona rural de Medellín se observa un decrecimiento en esta oferta, al pasar de un 71 % al 6,1 %.

Durante el último año, 2015, los Círculos Solidarios tuvieron un crecimiento del 7,25 %, pasando de 427 a 458 círculos, en donde se concentró un total de 7.843 personas.

Ahora bien, de las 7.843 personas 6.311 eran mujeres y 1.532 hombres. Porcentualmente, significa que el 80 % de las personas beneficiarias de los Círculos Solidarios son mujeres.

En este aspecto, es importante resaltar que las mujeres asociadas a los Círculos Solidarios van ganando en autonomía económica, a partir de la movilización, utilización y uso de los recursos que reciben.

Analizando a las personas pertenecientes a los Círculos Solidarios, en cuanto a su lugar de residencia, se mantiene Medellín como el núcleo mayor, seguido de Bello e Itagüí. Aunque está en los últimos lugares el municipio de Copacabana, este ha consolidado sus cifras solo en los tres últimos años

En materia de formación, los Círculos Solidarios participan permanentemente en un proceso de capacitación; no se trata solamente de una apuesta económica, sino también de un cambio cultural y de valores, una apuesta por “otra sociedad”, mediante el cual se brindan las bases y se fortalece la cultura de la solidaridad y del emprendimiento. Durante el año 2015, el nivel de participación alcanzado en las capacitaciones fue del 66,60 %. Este proceso formativo incluye el microahorro y el fondo mutual.

• Microahorros: parten del ejercicio Círculos Solidarios, derivado de su apuesta formativa y de generación de otra cultura, otra sociedad, que resalta la cultura del ahorro, el cual se ha instalado y hace parte de la vida cotidiana de las personas asociadas a los Círculos Solidarios. El total de los ahorros llegó en 2015 a $1.498.804.341. Lo que significa un aumento del 14 % con respecto al año anterior, siendo este uno de los indicadores de mejor comportamiento en este periodo. Estos ahorros equivalen al 87,14 % de la cartera de Fomentamos. El promedio de ahorro por cada persona asociada, durante el 2015, fue de $210.201, lo que significó un aumento del 18 % con respecto al promedio de ahorro en el año inmediatamente anterior.

• Fondo mutual: con este se logra inculcar en los socios de los Círculos la cultura de la previsión, importante en sus vidas, ya que dado el grado de vulnerabilidad que tienen, en todos los aspectos, diariamente, logran mitigar la incertidumbre, alcanzando mayor autoestima y dignidad. Lograr una cifra de $423,8 millones para apoyarse mutuamente en ejercicio práctico de la solidaridad para superar incendios, deslizamientos, inundaciones, enfermedades, accidentes y poder brindar un servicio fúnebre en caso de pérdida de uno de los miembros de la familia, es algo que debemos destacar.

• Durante el año se concedieron auxilios para cinco servicios fúnebres, seis auxilios económicos para familiares, se cancelaron diez saldos de deuda por fallecimiento, tres saldos deuda por catástrofe y trece por enfermedad, para un total de $21.318.950.

• En materia económica, funcionamiento: durante el año 2015 se realizaron desembolsos (créditos) por un total de $11.071.900.000, lo que significa un aumento del 16 % con respecto al año inmediatamente anterior. Con respecto a los últimos cinco años atrás, el aumento es aproximadamente del 30 % (véase tabla 4.8).


Tabla 4.8 Valor total en préstamos por años
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Fuente: informes anuales, Corporación Fomentamos.

En cuanto a la cartera castigada, financieramente este es el indicador que mejor muestra la efectividad de la metodología de los Círculos Solidarios aplicada por Fomentamos; se castigaron, durante el 2015, un total de $7,47 millones, de los cerca de once mil millones que se prestaron, lo que representa solo un castigo de cartera del 0,15 %.

• Apoyos y alianzas: a 2015, el Banco de las Oportunidades de la Alcaldía de Medellín es un aliado de Fomentamos. Los préstamos realizados mediante este convenio representaron el 53 % del total de los realizados. Por su parte, el saldo de cartera al final del año configura un 61,7 % del total de Fomentamos. En el 2015 se realizaron un total de 13.934 créditos gracias a los recursos aportados por el Banco de las Oportunidades; a diciembre de 2015 había un total de 4.568 personas socias de los Círculos Solidarios que operaban con recursos del Banco de las Oportunidades, un total de 257 operaron en el 2015 gracias a los recursos aportados por el Banco de Las Oportunidades.

 

15. Conclusiones

Dentro de las experiencias de programas en generación de ingresos, que presentan mayor impacto en la vida de las personas, el programa en economía solidaria de la Corporación Fomentamos puede ser un referente para fortalecer una metodología asociativa de crédito y capacitación política, desde un enfoque de economías alternativas, dada la integralidad de sus indicadores en pos del desarrollo humano y el fortalecimiento del tejido social.

La ampliación de este programa aportaría, a nivel de ciudad, en la autonomía y capacidad de autogestión de las comunidades, en su incidencia política, de forma tal que lidere alternativas de cambio político en pos de un modelo de desarrollo distinto, que jalone trasformaciones para la superación real de la pobreza, la exclusión y la desigualdad social.

La experiencia de los Círculos Solidarios se constituye, entonces, como una propuesta en cierta forma esperanzadora de que “Otra economía es posible”, y de que el trabajo comunitario, medido por valores como la solidaridad, la confianza, la vecindad, la colaboración mutua, la cooperación y la participación, es la base de un cambio cultural “desde abajo” que posibilita fortalecer el tejido social. Para lograrlo es esencial avanzar en la formación política y en la búsqueda del bien común, valores contrarios a los hilvanados por el sistema capitalista y que se deben fortalecer desde las propuestas de economías solidarias.

Dadas las condiciones de pobreza extrema y violencia armada que enfrenta Medellín, es conveniente fortalecer la metodología pasando a una segunda fase en la que se creen más nexos y relacionamiento entre los diversos Círculos Solidarios, de forma que se fortalezca un proyecto en red. Proyección que viene siendo estudiada por la Corporación Fomentamos con el fin de crear redes de circuitos económicos.

Esta estrategia tiene como principal riesgo el dominio territorial de los actores armados en los barrios y la fuerza de la economía ilegal. Sin embargo, en tanto no es una situación nueva ya que la violencia siempre ha estado en la ciudad, al igual que los procesos de resistencia, tanto desde la Corporación Fomentamos como desde un buen porcentaje de los integrantes de los Círculos Solidarios se cree que sí es posible dar este paso.

De esta forma, el escenario de un trabajo en red se ha mostrado como potencial; ya se cuenta con un grupo considerable de consumidores que pueden dar el paso hacia el consumo propio y responsable, articulando así la compra de los mercados familiares a través de proveedurías que permitan articular la producción propia y el consumo.

Finalmente, al ser la economía alternativa una herramienta que solidifica las propuestas financieras “desde abajo”, alejadas del sistema económico establecido, fortaleciendo una lógica solidaria y promoviendo una estructura de economía alternativa ajustada a las necesidades de las poblaciones vulnerables de la ciudad que han sido excluidas del sistema bancario tradicional y capitalista, se considera que la metodología de Círculos Solidarios puede convertirse en un modelo de emprendimiento en la ciudad.

Es una acertada propuesta de desarrollo, con enfoque territorial, que puede proyectarse en la Colombia del posconflicto, que reproduce formas organizativas solidarias y sujetos políticos que se hacen actores de su propia historia y capaces de afrontar las problemáticas actuales.

Estos aspectos son necesarios para un país que está en la búsqueda de la construcción de una paz duradera, en la que no solo se transforme el conflicto armado, sino también el conflicto social, económico y político que ha sido propio del proceso histórico que hemos tenido en nuestra construcción como sociedad.

Notas

* Una versión anterior al presente artículo fue publicada en el XX Congreso Internacional de Contaduría, Administración e Informática, en el año 2015, en Ciudad de México.

1 Inversión ejecutada a 31 de agosto de 2017.

2 Proyecto de inversión 2018 presentado al Concejo de Medellín el 21 de noviembre de 2017.

 

 

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