Artículos de investigación

doi: 10.24142/raju.v12n24a10

SIGNIFICADOS Y ACCIONES POLÍTICAS EN LA PRODUCCIÓN DE SUBJETIVIDADES POLÍTICAS JUVENILES*

POLITICAL MEANINGS AND ACTIONS IN THE PRODUCTION OF SUBJECTIVITIES YOUTH POLICIES

 

Carlos Darío Patiño Gaviria Sociólogo, Magíster en Educación y Desarrollo Humano, Docente-Investigador de la Universidad de San Buenaventura, Medellín. Correo electrónico: carlos.patino@usbmed.edu.co
Luisa Fernanda Duque Monsalve Psicóloga, Joven Investigadora Colciencias y Universidad de San Buenaventura, Medellín. Correo electrónico: luisaduquem@gmail.com
Diego Alejandro Muñoz Sociólogo, Magíster en Psicología, Docente-Investigador de la Universidad de San Buenaventura, Medellín. Correo electrónico: diegomudante@gmail.com

 

Recepción: 14 Junio 2017

Aprobación: 26 Julio 2017

 


Resumen

El artículo describe acciones y significados constituyentes de las subjetividades políticas juveniles, y propone que entre acciones y significados existe una relación recursiva. Se exponen elementos diferenciadores de dichas subjetividades políticas, así como la orientación instituyente que comparten. Finalmente, se plantea que los procesos de subjetivación tienen lugar en medio de las acciones colectivas en las que los jóvenes se dan cuenta de su lugar protagónico como transformadores de sus realidades.

Palabras clave: Juventudes, participación política, subjetividad, acción política, significado.


Abstract

The paper describes actions and meanings constituent of youth political subjectivities, and proposes that between actions and meanings there is a recursive relationship. It presents elements that differentiate these political subjectivities, as well as the institutional orientation they share. Finally, it is argued that the processes of subjectivation take place in the midst of collective actions in which young people realize their protagonist place as transformers of their realities.

Keywords: Youth, Political Participation, Subjectivity, Political Action, Meaning.


INTRODUCCIÓN
METODOLOGÍA
RESULTADOS
CONCLUSIONES
Notas
Referencias

 

 

INTRODUCCIÓN

Con base en los aportes de algunos investigadores (Díaz, 2012; Alvarado, Ospina-Alvarado y García, 2012 y Alvarado, Patiño y Loaiza, 2012), aceptamos que la subjetividad política se refiere a los procesos psicosociales de construcción de sentidos subjetivos y toma de posición práctica sobre lo público. Esto se entiende como el mundo de relaciones humanas en el que confluyen acciones y sentidos en torno a lo común, en un espacio en el que se tensionan las diferencias (Ocampo, Méndez y Pavajeau, 2008). En este marco, la subjetividad política tendría su especificidad tanto en la creación de sentidos y acciones instituyentes de nuevas formas de vida compartida en contra de las hegemónicas (Díaz, 2012 y Bonvillani, 2012), como de sentidos y acciones que propenden por el mantenimiento de un orden social instituido (Duque, Patiño, Muñoz, Villa y Cardona, 2016). Se entiende que la posibilidad de transformación instituyente del orden social es un potencial que se desarrolla bajo condicionantes, subjetivos y objetivos, vigentes en los contextos históricos y culturales específicos.

Si lo político es producto de la conflictividad inherente a la vida con otros (Mouffe, 2007), en la que diversidad de posturas entran en disputa o cuestionan el poder, más que de una subjetividad política en genérico es pertinente hablar de subjetividades políticas diversas, entre las cuales, usualmente, se producen relaciones de antagonismo.

En el estudio de las subjetividades políticas se destacan dos categorías, que han aportado a su comprensión: los significados y las acciones políticas. La relación entre subjetividad y significado se ha establecido al plantearse que la subjetividad es un proceso social que otorga sentido a las situaciones sociales (Retamozo, 2009) y a las acciones humanas (Aquino, 2013), puesto que permite construir, articular y atribuir significados (Retamozo, 2009). En una perspectiva diferente, el significado es solo una de las zonas del sentido ligado al lenguaje, y tiene que ver tanto con procesos simbólicos como afectivos (González, 2007, 2008). Otro modo de abordar la relación es que las significaciones son, así como las sensibilidades y prácticas, formas en que la subjetividad se objetiva (Bonvillani, 2012). Para este estudio, la subjetividad se entiende como un proceso productor de sentido y significaciones de las acciones y situaciones políticas, y como un producto de ellas; por tanto, es posible volver sobre estas mismas significaciones para entender, en perspectiva psicosocial, la emergencia y el devenir de las subjetividades políticas juveniles.

En cuanto a la relación entre acciones y subjetividades políticas, se ha entendido que la acción es productora de subjetividad en tanto la impacta y la transforma (Retamozo, 2009 y Vommaro, 2012), pero también que la acción política es expresión de la subjetividad en la medida en que se orienta a generar cambios en las relaciones de poder propias de lo público (Alvarado, Ospina, Botero y Muñoz, 2008). Según Rancière (2010, citado en Bonvillani, 2012), la política existe solamente por la acción de sujetos colectivos que modifican concretamente sus situaciones; otros autores (Vargas, López y Guevara, 2009) afirman que los sujetos políticos solo se constituyen como tales en la medida en que despliegan acciones orientadas a la transformación de sus realidades. Sin acción no existe ni la política, ni el sujeto político y, por supuesto, tampoco es posible hablar de subjetividades políticas.

Pues bien, significados y acciones políticas tienen una relación intrínseca. Por una parte, el sentido de las acciones humanas solo se comprende en el contexto de las interacciones en las que los participantes comparten o producen significados (Brunner, 1991); la acción se realiza en un contexto histórico social que le sirve de horizonte de sentido y significación. Por otra parte, los significados no son cualidades naturales/intrínsecas a las acciones, dependen de otras acciones que las complementan y de las narrativas sociales. El significado es un resultante de las relaciones sociales: es en medio de las acciones coordinadas con otros que el ser humano co-construye y de-construye los significados (Gergen, 1996). En síntesis, la acción política se orienta por significados, pero también los significados se crean y validan en medio de las acciones humanas, en el contexto de una cultura. Por lo anterior, la subjetividad política es la categoría que integra, en una unidad de sentido, la acción política con los significados de la ''política''.

Los investigadores que se han ocupado de las acciones políticas juveniles plantean que la participación juvenil en esta esfera interpela la tradición (Vázquez y Vommaro, 2009), con prácticas específicas, en grupos culturales, con sentido local y comunitario (Cárdenas, Parra, Picón, Pineda y Rojas, 2007), apoyadas en vínculos emocionales fuertes, produciendo un sentido del nosotros (Ocampo y Robledo, 2009). Asimismo, nuevas prácticas y el papel otorgado al cuerpo reconfiguran la subjetividad política juvenil que, en algunos casos, apuesta por el rescate de la individualización de la política y la resistencia a la manipulación de los políticos (Benedicto, 2013 y Harris y Wyn, 2009). Además, los cuerpos juveniles se juntan para constituir espacios de participación, haciendo presencia, protestando y cuestionando (Vázquez y Vommaro, 2009).

Otros estudios muestran que los ámbitos de acción se localizan en las conexiones de la vida común, cruzando los espacios de la vecindad, el barrio, la escuela, hasta la familia (Vázquez y Vommaro, 2009 y Harris y Wyn, 2009). La acción política juvenil propone la cultura de la vida cotidiana como espacio de lo público-social (Vázquez y Vommaro, 2009), en el que se puede tener mejor incidencia (Harris y Wyn, 2009).

Cuando los investigadores hacen referencia a los significados de la política se detienen en varios aspectos. Cárdenas (et al., 2007), así como Álvarez, Granados y Hernández (2013), subrayan que la política es valorada en tanto sirva a la emancipación, se exprese por vías no convencionales y apunte a la autogestión comunitaria. Sotelo y Numpaque (2009), Vázquez y Vommaro (2009) y Silva (2011), coinciden al señalar que los jóvenes modifican el significado de la política, como efecto de la participación en contextos determinados. Los nuevos ámbitos y modos de participación preferidos son aquellos que expresan resistencia (Pinilla, 2007 y Vázquez y Vommaro, 2009) y asumen modos no convencionales (Álvarez, Granados y Hernández, 2013). Dos pueden ser las prioridades de la política para los jóvenes; según Pinilla (2007) serían la subjetividad y el bienestar individual, de un lado, y la transformación social, del otro (Ocampo y Robledo, 2009 y Cárdenas et. al, 2007).

Como se ha visto, lo juvenil produce sus formas de asumir, actuar, sentir e interpretar la política a partir de las experiencias, enfatizando en lo que sea instituyente; por lo que las acciones apuntan a la renovación, el cambio y la regeneración del tejido político, sobre la base de relaciones horizontales, comunitarias y locales; teniendo como propósito el rescate de la individualidad, sin ignorar la construcción de un sentido del ''nosotros los jóvenes'' que es diferente a ''ellos los adultos'' u otros jóvenes. En relación con los anteriores planteamientos, el estudio asume como premisa que tanto las significaciones de la política como las acciones políticas son procesos que, en interrelación, devienen constituyentes y constitutivos de las subjetividades políticas. Pero, además, estas últimas han de ser entendidas en su diversidad (Duque et al., 2016). Con este referente, la investigación se orientó a comprender algunos modos de ser de las subjetividades políticas juveniles en Medellín, poniendo énfasis en su diversidad, así como en su particularidad en tanto ''juveniles''. En el presente texto se describirán las diferentes significaciones que sobre ''la política'' han construido los jóvenes participantes del estudio, en medio de sus acciones coordinadas con otros, así como la diversidad de las acciones políticas que ellos llevan cabo en la ciudad.

 

METODOLOGÍA

La investigación se fundamentó en el paradigma comprensivo, con un diseño cualitativo caracterizado por su carácter emergente y flexible. El método elegido fue el de la acción-reflexión, que permite reconocer las posibilidades de los sujetos para participar de procesos dialógicos y constructivos de su realidad simbólica y práctica. La estrategia implicó que el trabajo de campo se desarrollara en el contexto interactivo de un proceso formativo de carácter participativo en el que, de acuerdo con la propuesta de acción-reflexión, los colaboradores realizaron ejercicios de carácter colaborativo para producir saberes entre ellos. Con este propósito, se llevaron a cabo actividades como: debates, talleres, salidas de campo, presentación de experiencias de organización popular por parte de invitados, actividades artísticas, etc. El grupo de participantes fue producto de una convocatoria a la que respondieron voluntariamente quince jóvenes; de los cuales diez terminaron el proceso. En este proceso se tuvo en cuenta un criterio de pluralidad y no de homogeneidad, por ello los colaboradores representaron diferentes casos de participación política: estudiantes de secundaria con experiencia de movilización estudiantil (ES), miembros de un colectivo de resistencia a la militarización de la vida (CR), estudiantes universitarios (EU), líderes comunitarios (LC) y líderes de organizaciones religiosas de base (LR). Ya que se trató de un estudio cualitativo no se pretendió que la muestra fuera representativa estadísticamente, pero sí se buscó que hubiera representatividad cualitativa (Galeano, 2004), esto es, que los colaboradores representaran en sus discursos diferentes experiencias de participación.

Se privilegió el taller colaborativo-reflexivo como técnica de producción de información, pues fue objeto de un registro producto de la observación participante de los investigadores; además, se contó con grabaciones de los debates (posteriormente transcritas) y una vez concluido el espacio formativo, como técnica complementaria de producción de información, se realizaron entrevistas semiestructuradas por subgrupos, cuya guía fue producto del análisis previo de los registros y las transcripciones mencionadas.

El análisis de los datos se inició con la sistematización de los registros de observación, las narrativas autobiográficas generadas por los colaboradores y las transcripciones de los debates y entrevistas. Se realizó el proceso de codificación, y a través de la inducción analítica se crearon categorías emergentes para describir las producciones de subjetividad política juvenil, entre ellas, las acciones políticas y las significaciones en torno a la política, entendiendo que el sentido de las acciones políticas no se agota, pero puede ser objeto de aproximación a través de la significación que los jóvenes verbalizan en torno a ellas, y de la comprensión de su horizonte histórico-contextual.

Los datos se pusieron en relación para generar interpretaciones que permitieran entender la diversidad y, a la vez, las particularidades de las subjetividades políticas de los participantes. Los resultados fueron compartidos con un subconjunto de los participantes para que contribuyeran con su validación.

 

RESULTADOS

Acciones políticas de los sujetos juveniles

Caso 1. Movilizaciones estudiantiles

Algunos jóvenes (ES) dieron cuenta de una movilización política que realizaron en su institución educativa, con la que buscaron incidir en la toma de decisiones sobre su jornada escolar, impugnando lo que se les imponía desde un lugar de poder (administración educativa) y asumiéndose como agentes de su proceso formativo. Aunque en casos como este las acciones políticas de los jóvenes no consigan lo propuesto, y consecuentemente se genere entre ellos rabia y frustración frente la falta de reconocimiento político, se trata de una experiencia que, una vez reflexionada, sirvió de soporte para que los jóvenes se consideraran a sí mismos como ''seres políticos y ciudadanos críticos'' (ES). Por tanto, estas experiencias iniciales, así vividas y sentidas, contribuyen en la construcción de significados para futuras movilizaciones. De tal manera que los jóvenes se forman políticamente en la acción que impacta su subjetividad (Retamozo, 2009) y afirman su capacidad (Zemelman, 2012). En este caso, la acción política ha dado pie a un modo de subjetivación, entendido como proceso inacabado en el que un sujeto político se constituye como tal, tomando distancia de las relaciones opresoras (Vommaro, 2012).

Caso 2. Participación comunitaria

Son varios los grupos de jóvenes (LC, LR, CR) que trabajan con diferentes comunidades, especialmente barriales, apostando por causas como el antimilitarismo, la vida digna, la soberanía alimentaria, entre otras, a partir de referentes constituyentes de subjetividad política: pluriversidad lúdica, 1 Derechos Humanos, no violencia activa y evangelización.

En el territorio en el que la comunidad se sitúa, las acciones suelen orientarse a solucionar problemáticas que los afectan cotidianamente, satisfacer sus necesidades materiales y culturales y exigir reconocimiento y participación ante diferentes instituciones estatales y no estatales (CR, LC, LR). Las acciones de la comunidad se hacen políticas al pretender incidir en instancias de toma de decisiones, y concretar proyectos organizativos alternos (Alvarado et al., 2012 y Alvarado et al., 2008). Para alcanzar estos objetivos se incluyen en una multiplicidad de acciones colectivas como mingas, jornadas recreativas, la toma cultural del espacio público, mesas de discusión, campamentos, convites, festivales, construcción de planes de desarrollo comunitario, entre otras. Acciones que toman cuerpo en las conversaciones en las que se decide cómo gestionar lo que les es común.

Una particularidad, con respecto a las prácticas comunitarias, ha sido su reivindicación de la autonomía comunitaria. Esta se crea al construir situaciones en las que las personas pueden participar, no como espectadores sino como protagonistas de su realidad (LC, CR): haciendo lecturas críticas de su historia y problemáticas, para no replicar ciegamente las acciones de otros, sino generar propuestas pertinentes para sus contextos (LC), y, por último, con la propuesta de formas de vida distintas a las que quieren imponer ciertos actores opresores y violentos (LC, CR). Al escapar de los poderes dominantes (Vommaro, 2012) la acción política se transforma en un motor para procesos de subjetivación, de los que emerge un agente comunitario en búsqueda de su autodeterminación.

Ahora bien, las acciones políticas en escenarios comunitarios recurren al juego, el arte, la danza y la música, lo que hace que lo político, según ellos ''no sea un ejercicio pesado o aburridor, sino que se disfrute'' (LC); de esta manera, los jóvenes hacen coincidir sus intereses y sensibilidades con sus luchas políticas.

Caso 3. Acciones artísticas con sentido político

Esta actividad política también se hace plausible cuando los jóvenes le apuestan a su sensibilidad, para darle vida a subjetividades políticas disidentes respecto de las formas de proceder de la política tradicional. Se trata de la actividad de jóvenes (CR) que realizan una producción artística (clown), por la que circulan sentidos políticos y emancipadores de la acción. A través de sus puestas en escena visibilizan la objeción por conciencia al servicio militar obligatorio y el antimilitarismo, como posturas políticas de desobediencia y resistencia a la guerra: su ejercicio no es el de ''el arte por el arte'' (CR), sino que pretenden hacer incidencia política y transgresión.

El performance clown cuestiona y denuncia las prácticas, estructuras e ideologías guerreristas opuestas a sus deseos políticos. Con este propósito, se apela a la sátira que opera mediante la inversión de sentidos: desnaturalizando las prácticas militaristas al revelar, ante el público, lo ridículo de aquello que normalmente se reviste de seriedad.

La parodia fomenta una desnaturalización de planteamientos dominantes-institucionalizados, por la vía de la ridiculización, y de ese modo opera políticamente, abriendo la posibilidad de creación de nuevos sentidos (García, 2013).

Este sujeto juvenil se propone desenmascarar el poder desde un lugar en el que se ubica: el de los ''sin-poder'' (CR). Lo que se representa con la obra artística es lo que se vive en el territorio como efecto del poder imperante (guerrerista, económico, etc.): por eso la creación de cuadros decadentes, no mágicos, y la representación, mediada por la forma artística, de aquellos problemas que afectan a sus comunidades.

Según lo describen, el proceso de creación artística implica una preparación reflexiva y emocional, de manera que, colectivamente, ''se pasan las preguntas por los cuerpos'' (CR), pues su actividad política no se limita a hacer crítica a través de la palabra articulada.

Las experiencias juveniles de resistencia estética se apoyan en el discurso hecho cuerpo, más allá de la deliberación lingüística y del plano de la consciencia racional (Botero, Muñoz, Santacoloma y Uribe, 2011).

Con el cuerpo viven subjetivaciones políticas, ya que él funciona como un tamiz de sensibilidad politizada, en un proceso en el que la elaboración afectiva y simbólica de sus condiciones sociales se traduce en una forma artística que hace del mismo cuerpo vehículo de una acción política, que desafía a los órdenes militaristas y patriarcales.

En el acto clown la risa es el recurso —y no un fin— para implicar al espectador en la obra, pues su acción tiene como uno de sus propósitos ''generar sensaciones en el cuerpo del espectador'' con el fin de que ''le cuestionen y le reflejen su conciencia oprimida'' (CR). En el enfoque participativo del teatro-pedagogía, y del teatro del oprimido, se concibe que el espectador puede ser sujeto activo del performance, al que el artista no debe doblegar con su conocimiento.

El rol activo del espectador se ha convertido en una característica del arte contemporáneo, que logra incidencia política a través de la producción de subjetivaciones que operan sobre la sensibilidad de las personas, para provocar la desnaturalización de estructuras de poder (Pérez, 2013).

Este tipo de acciones tienen una intensa carga de afectividad política: durante la preparación y, sobre todo, la puesta en escena, se viven diversos sentimientos (tristeza, ira, alegría, miedo, etc.); en particular, los jóvenes afirman que es el sentimiento del ''amor'' lo que los mueve a actuar. Aunque en su lucha política se encuentran constantemente con frustraciones, el acto del performance se vive con alegría, haciendo jugar en el plano de lo público los lazos afectivos. Igualmente, con el objeto de mantener la esperanza en la lucha política se valen de la solidaridad y la ''compinchería'', que se crean entre los miembros del colectivo.

En síntesis, las emociones encarnadas tienen un papel protagónico en la preparación del performance y su ejecución, además de que permean la vida del colectivo en su conjunto. Adicionalmente, el efecto que se busca generar en el público también es emocional y corporal, con el fin de que se produzca un impacto que movilice la reflexión y la acción. La referencia al entrelazamiento entre cuerpo y afectos es la particularidad de la subjetivación política puesta en acción de estos jóvenes artistas.

En relación con lo dicho hasta aquí, algunos de los sujetos juveniles (CR) expresan que el arte, específicamente el clown, se ha convertido en el ''vehículo en que pueden moverse'' políticamente (CR). Así, no se trata únicamente de que el actor se proponga generar un efecto en la conciencia del espectador para agenciar subjetivaciones políticas en él; sino que el arte, como ''vehículo'' del propio movimiento político, es, simultáneamente, realización viva de la subjetividad política de los payasos, es una acción para sí mismos en su condición de individuos y colectividad.

Caso 4. Acciones políticas en la cotidianidad

Un ''primer tipo'' de acciones políticas ''cotidianas'' es el que tiene como propósito subvertir formas de relación que reproducen poderes opresores. Por ejemplo, los antimilitaristas (CR) crean formas alternativas de relacionarse entre sí a partir del cuestionamiento al patriarcado y a los roles de género hegemónicos, a la vez que reivindican otras masculinidades, lo que supone introducir cambios en las expresiones lingüísticas, afectivas y corporales que usan. Con un propósito similar los colaboradores llevan a cabo acciones que incluyen: cuestionamientos al autoritarismo en el contexto familiar y escolar (ES), apropiación del espacio público para llevar a cabo actividades deportivas y culturales (ES, LC), creación de relaciones horizontales en el colectivo y en el hogar (CR), reivindicación de derechos en diferentes espacios micro-sociales (LC) y el reconocimiento de la diversidad política (ES, CR).

Estas acciones forman parte de la ampliación del universo de lo político, que implica el paso de la participación institucional y Estado-céntrica a la participación en escenarios cotidianos o socio-céntricos, en los que se busca la trasformación de prácticas microculturales (Alvarado et al., 2008 y Muñoz-López y Alvarado, 2011). Este fenómeno tiene su efecto en los jóvenes, quienes acogen nuevas narrativas sobre la política que circulan en los espacios que habitan; de tal modo que se adscriben a estos nuevos repertorios interpretativos (Wetherell y Potter, 1996) sobre la política para referirse a algunas de sus acciones cotidianas.

Un ''segundo tipo'' de estas acciones incluye: trabajar en equipo, persuadir y liderar a otros, así como dejarse guiar cuando la situación lo demanda, tomar decisiones y construir acuerdos colectivamente y defender los propios posicionamientos, pero reconocer los ajenos (ES). Estas acciones adquieren un sentido político para los jóvenes en la medida en que se dirigen al ''logro de objetivos comunes'' (ES). Sin embargo, en los casos citados dichas acciones se ponen al servicio de la formación académica y cultural, y no tienen la intencionalidad de transformar ejercicios de poder.

Un ''tercer tipo'' de acciones, en las que se despliega la potencia política juvenil, tiene lugar en la toma de decisiones sobre asuntos que afectan a otros, o aquellas mediante las que definen autónomamente sus proyectos de vida: incluye la elección de ideales y valores, e incluso de formas de vestirse que reflejan sus identidades (ES).

Con respecto a las prácticas del segundo y tercer tipo estas no buscan, intencionalmente, generar reconfiguraciones en las relaciones de poder y ordenes micro-sociales; pero se trata de acciones que están signadas por sentidos políticos y éticos: tienen por horizonte la convivencia y la construcción de lo común en espacios como el escolar, la dirección autónoma de la vida, la reivindicación de sus identidades juveniles, entre otras. Por lo demás, hay razones para pensar que, al llevarlas a cabo, se fortalecen las capacidades políticas de los sujetos importantes para el despliegue de otras acciones políticas; estas razones son aportadas por los colaboradores del estudio, puesto que referencian los aprendizajes alcanzados en esas experiencias (ES).

Significar como políticas algunas de sus acciones cotidianas, con las que sienten que pueden tener incidencia en la dirección de sus vidas y entornos, tiene como consecuencia, para algunos, descubrirse como sujetos políticos, aun cuando sean poco activos en los ámbitos de participación convencionales, y hasta en los no convencionales. Los jóvenes descubren que la política no se restringe a su forma partidista o estatal, asociada a la corrupción y politiquería, frente a la que sienten ''pereza y asco''. Sin embargo, otra posibilidad es que, en algunos casos, el reconocimiento de las acciones políticas cotidianas pueda tener el efecto de legitimar un repliegue de los jóvenes a su vida privada, pues al considerarse sujetos políticos realizados en la cotidianidad podrían no sentirse responsables de generar incidencia en la esfera pública.

Significados de la política

Las producciones políticas de los jóvenes no son ajenas a las narrativas sociales que se aprehenden, en medio de las acciones que se realizan junto con otros. Según Domínguez y Herrera (2013) una característica de las narrativas es que en ellas se construyen los significados básicos para el ser humano, aceptando que él (re)crea y vive en un mundo de significados. Ahora bien, el significado no equivale a posesión de información o definición de conceptos, tiene que ver con un continuo proceso interpretativo. El estudio del comportamiento humano demanda explorar las situaciones en las que la experiencia adquiere significado. Pero toda experiencia se hace narración y, por ende, versión relativamente compartida.

Los sujetos juveniles producen versiones sobre las problemáticas que los afectan, estas tienen una estructura narrativa. Por ejemplo, para algunos de ellos (CR) la libreta militar es una forma de control social; la guerra y el militarismo son estrategias de un sistema de dominación social, económico y político; la militarización es una ideología que dirige las conciencias a través del miedo colectivo, y el terrorismo ideológico produce imaginarios sociales para controlar a la sociedad. Se trata, no de significados explícitos de lo que ellos consideran ''político'', sino de narrativas con sentido político que circulan en los procesos organizativos de los que participan, que hacen énfasis en las relaciones de control y dominación. Estos significados, en torno a hechos de la vida pública, son constituyentes de las subjetivaciones políticas.

Otros, por ejemplo (LR), construyen significados políticos a partir de narrativas religiosas que rechazan las injusticias sociales y los ejercicios de poder opresor; aquí a la idea de la política le es sustancial la búsqueda de la dignidad. Uno de los participantes plantea:

los mandamientos que hace Dios a través de la Biblia tienen que ver con eso (…) con la dignidad del ser humano, digamos, con construir solidaridad, con salir de la opresión (…), los profetas eran precisamente los que anunciaban ese tipo de males que hay en la sociedad (…) y que denuncian también todo tipo de injusticias (LR).

Así, los jóvenes se valen de sus diferentes repertorios interpretativos para alimentar convicciones y posicionamientos políticos sobre lo que rechazan y lo que se desean como alternativas de vida. Sostienen una postura crítica como observadores, actores y conversadores de la vida cotidiana, precisamente porque sus cuerpos han experimentado el control, la represión y el engaño. Pero también han registrado la conciencia de la opresión, la palabra dialogada y crítica, la resistencia activa al autoritarismo, los modos de contrapoder que alimentan sus significados de la política, la acción transformadora y la esperanza en la emancipación, en la medida en que participan en los contextos de la vida universitaria, en la militancia no violenta, en comunidades de base religiosa o barrial, e incluso en el escenario escolar. Porque es en medio de las situaciones y acciones en comunidades de sentido que los significados se crean y transforman, en donde el ''nosotros'' es un lugar de enunciación para emprender procesos de reconstrucción del mundo (Perdomo, 2002).

Sus significados señalan que la acción juvenil puede cambiar las formas tradicionales de hacer política, rechazar las injusticias sociales y los ejercicios abusivos de poder, sostener la solidaridad a través de la lucha y la denuncia colectiva, y hacer de la política un camino expedito para la búsqueda de la dignidad. Estas posturas se constituyen en formas de subjetivación (Vommaro, 2012) de las experiencias, que dejan claro que el poder instituido hay que combatirlo.

Ahora bien, además de las narrativas juveniles que dejan implícita una imagen de la política, que sirve como base de acción entre los colaboradores, los significados de la política se explicitan en dos imágenes divergentes entre sí: una como ''acción de sí'', transformadora, y otra como ''acción de otros'', controladora.

Entender la política como acción de sí supone la acción personal, coherente y basada en valores; se trata de la política como responsabilidad y ética personal. Es la posición que asumen algunos participantes (ES). Dos de ellos, en diálogo, comparten:

– … se puede referir tanto a saber de política en la que uno participa, de partidos políticos, tanto a referirse a la política personal, a mis posturas, a mi ética como ser humano (ES1).
– Estoy de acuerdo con ES1, (…) va de lo micro a lo macro, desde el yo hasta la sociedad en general, (…), desde cómo puedo tomar decisiones y esas cosas, hasta entender cómo funciona el mundo, por qué hay tanto conflicto y cosas así… (ES2).
… yo diría que la ética es lo que llamamos la política personal, nuestros puntos de vista, nuestros valores, si uno es defensor de los derechos humanos no se va a poner a apoyar en la política global a alguien que ofende los derechos humanos (ES1).

Se trata de la reivindicación de la posición personal, compartida con otros, del sentido de autonomía, de demandas de coherencia y compromiso y de soñar con un mundo mejor. En este caso, emerge una idea de política que nace de las convicciones y no del utilitarismo. Tal vez no haya algo más juvenil que soñar con un mundo mejor (Pintado, 2013).

Entre los significados de la política como ''acción de sí'', también se comparten interpretaciones con respecto a las acciones colectivas. Luego de un trabajo en equipo una de las participantes (EU) escribió lo siguiente, como memoria personal:

Para nuestro equipo, la política es vista como toda acción colectiva que parte de consensos sociales, que atraviesa lo cotidiano; por ejemplo, a partir de la solidaridad de los vecinos en su comunidad (…), también cabe en el espacio que se comparte con los amigos (…) atraviesa nuestro cuerpo, cuerpos que construyen, que de-construyen. Lo político también está presente en el lenguaje, en el discurso, pero no solo se queda ahí. La política está en lo micropolítico, desde lo comunal, de donde parte la transformación.

Atendiendo a lo expuesto por la participante, ha de destacarse la idea de acción colectiva, lo que indica la presencia del componente activo transformador, y no solo discursivo en la política. Y esa acción, que es compartida, parte de un lugar, una estancia, una situación psicosocial: los acuerdos entre los participantes, sin imposiciones ni líderes que dirijan. Igualmente, la política, envuelve la vida, re-semantizando otras concepciones que la entienden como actividad de profesionales.

En este sentido, si se vive en la cotidianidad lo común tanto como lo diferente, si se comparte con los amigos y atraviesa los cuerpos, la política les pertenece a los sujetos, y no para disputarle a otros su concepción o sus modos de hacerla, sino para ofrecer alternativas autónomas frente a circuitos tradicionales. Por tal razón, se entiende la solidaridad horizontal, la comunalidad, lo micropolítico, lo que se produce aquende las esferas del Estado o del gobierno, como espacios de encuentro y producción de nuevas formas de vivir entre sí, de vivir la política. Como afirma Aguilera (2010), el poder en las agrupaciones juveniles se distribuye entre sus integrantes.

Como ''acción de otros'' la política es entendida como la regulación o control que se lleva a cabo en la esfera pública y, por ende, para algunos representa un ámbito de manipulación de unas personas sobre otras, siendo las primeras quienes persiguen determinados intereses privados. Hay situaciones y experiencias que conducen a la producción de estos significados. En un momento del encuentro formativo, a la solicitud: ''describan el modo específico de vivir la política por parte de ustedes'', un equipo de participantes (ES) expuso lo siguiente:

No hay un modo único de los jóvenes para vivir la política, pero sí hay un patrón que se puede describir así: 1) los jóvenes ven un problema en su entorno y empiezan a hacer una crítica, bien sea con relación a la economía, en el barrio, con relación a las bandas, etc., 2) el joven se manifiesta o expresa su crítica a través de los medios, porque la voz del joven es de las más fuertes que hay, 3) cuando el joven logra llamar la atención, es abordado por un ser con real poder político, posiblemente un adulto, esas personas toman lo que les sirve y manipulan a los jóvenes prometiendo apoyo y que serán escuchados, pero realmente estos personajes manipulan la situación según sus intereses (ES).

Una participante (LC), según su experiencia, manifiesta que dicha manipulación política se ha extendido a los ámbitos de participación comunitaria, ya que algunas personas persuaden a las demás para que tomen decisiones que no son beneficiosas.

Como ''acción de otros'', la política se interpreta como el modo en que ''otros'' se valen de posiciones privilegiadas, o de cierta investidura, para explotar el potencial de ''unos'' con el objeto de subsumir sus impulsos políticos. A la vez, hay una significación crítica de la política como acción de quienes prometen, persuaden o manipulan situaciones, significado que se representa con la figura del ''político'', síntesis de esa política que se detesta.

Al relacionar los dos significados de la política que se tensan, la política como ''acción de sí'' y como ''acción de otros'', resulta pertinente la interpretación de Vázquez y Vommaro (2009), para quienes no son dos significados separados o independientes, sino dos imágenes simultáneas, la de la política que se rechaza y la de la política deseada. Se trata de un discurso en el que se complementa un significado de la política como mecanismo de control, propio de quien siente la presencia de un ejercicio de regulación y el funcionamiento de redes clientelares de contención social ''desde arriba'', con un significado de que la política no debe hacerse para manipular o controlar, sino para configurar espacios de resistencia que transformen la realidad. Lo anterior expresa una tensión propia de la organización social, entre fuerzas instituidas que conforman un orden establecido en los ámbitos familiar, educativo, político y social, que imponen patrones de comportamiento, normas y valores, y las posibilidades de cambio que se fraguan y generan movimiento frente a lo instituido (Pinilla, 2007).

Pero no se trata de significados que entienden el control como propio de las sociedades, de las que hablan Negri y Hardt (2002, citados en Roatta, 2007); acá, el control es sentido y percibido en relación con un otro inmediato, que se realiza en la sujeción, en la manipulación directa a través del ejercicio de los profesionales de la política.

Para finalizar, hay un supuesto compartido, según el cual la política tiene un valor, un modo de sentirse y vivirse y una forma de hacerse particular de los jóvenes ES. Se cree que ellos son más progresistas, empoderados y potentes con respecto a los adultos; tienen el vigor y la capacidad de incidencia y transformación si se unen y luchan. Sin embargo, otros jóvenes estiman que aunque haya vigor no hay aún un saber avanzado y requieren de experiencia y mesura. Por ello, la política varía en el transcurso de la vida de las personas, según el momento por el que pasen y las experiencias que vivan reflexivamente.

Hasta el momento, se ha llegado a identificar que los significados construidos acerca de la política se despliegan a partir de diferentes experiencias, produciendo distintas imágenes, y que los mismos son interpretaciones ligadas al momento de la vida y a los modos como en las conversaciones previas o in situ se elaboran. En todos los casos hay una idea fuerza: la política como gestión propia se orienta a emancipar, defender la dignidad humana y soñar un mundo mejor, con un posicionamiento ético y en coordinación con otros, lo cual no excluye la asunción de responsabilidades personales y la toma de decisiones, de un lado, y el rechazo a las injusticias sociales y los ejercicios del poder opresor, del otro. La política incluye la conciencia de la opresión y la apuesta por cambiar, a través de la acción, los tradicionales modos de hacer política, haciendo resistencia activa al autoritarismo. La política también se asume en la coordinación de acciones con otros, lo que la hace una experiencia colectiva, transformadora, y no solo discursiva. Es el ideal de la política como solidaridad horizontal, como comunalidad, como espacio de encuentro y producción de nuevas formas de vivir. Por eso, la política envuelve la vida y las utopías pueden ser posibles.

Vista como acción de otros la política pierde su encanto. Es esa política, la del control y la manipulación, la que se quiere interpelar, de allí la desconfianza con la figura del político de oficio, con la política de las instituciones formales. Por ello tiene sentido la subjetivación que se hace de la condición juvenil, de las experiencias vividas, de las relaciones de poder que circundan su existencia: la encarnación, con ideales, emociones y cuerpos, de que los jóvenes tienen capacidad de incidencia y transformación si se unen y luchan.

 

CONCLUSIONES

La psicología colectiva se ocupa de la comprensión, en dimensión histórica, de la manera como las relaciones producen en el espacio público significados y acciones instituidas e instituyentes, admitiendo que esto no sería posible sino en la medida que se produzcan situaciones concretas sobre horizontes de sentido de la política en tensión. A la luz de este enfoque psicosociológico, se reconoce que la articulación de acciones y significados devienen en subjetividades políticas, mas no se hace referencia a individuos aislados, sino a cursos de acción producidos en marcos de intersubjetividad. En esta perspectiva, se presentarán algunas hipótesis derivadas de la interpretación de los resultados, con el fin de que sirvan para dilucidar la diversidad y la particularidad de las subjetividades políticas juveniles en Medellín. En los diseños cualitativos es común que las hipótesis no se sugieran al principio del estudio, sino que sean emergentes de la investigación (Galeano, 2004), a manera, siempre, de comprensiones tentativas o en proceso.

Primera hipótesis: existe una la relación recursiva entre acciones y significados de la política, que es constitutiva de las subjetividades políticas juveniles. Existe referencialidad mutua entre significados y acciones políticas, en la forma discursiva. En las descripciones de las acciones juveniles se descubren significados implícitos de la política, que no emergen cuando se pregunta directamente por los significados. Por otra parte, cuando los jóvenes responden explícitamente a la pregunta qué es la política, es frecuente que hagan referencia a acciones (realizadas o por realizar) en las que los significados tienen asidero. Esto último tiene que ver, como se ha intentado argumentar a lo largo del texto, con que los significados se producen y transforman en medio de las acciones que se realizan con otros (relaciones de amistad y solidaridad las tiñen), participando en situaciones específicas (escolares, barriales, militantes) en las que su experiencia cobra sentido (Sotelo y Numpaque, 2009; Vázquez y Vommaro, 2009 y Silva, 2011).

En la dimensión del contenido discursivo existe coincidencia entre los significados que los jóvenes tienen de la política y el sentido atribuido a sus propias acciones políticas, y a las de otros. Las diferentes acciones de las que los jóvenes se hacen responsables —cotidianas, artísticas, comunitarias, estudiantiles—, según el marco de significaciones de ellos, se constituyen como ''acciones de sí'', que se orientan a la transformación y se inscriben en lo que se conoce como acciones colectivas (Aguilera, 2010). También referencian ''acciones de sí'', de carácter ético-personal, que se traducen en actos cotidianos como la toma de decisiones sobre sus proyectos de vida y la asunción de posicionamientos éticos, cimentados en la elección de valores e ideales con sentido político (Harris y Wyn, 2009). Esta lectura ética se fundamenta en un valor: la coherencia entre lo dicho y lo hecho, que se entiende como contrapuesta a la ''incoherencia'' de los políticos de profesión.

Los significados explícitos de la política expresan, de una manera general, lo que para los jóvenes es un ideal que intentan realizar: la política como actividad transformadora de la realidad (Cárdenas, et al., 2007 y Álvarez et al., 2013), agenciada entre ellos mismos y basada en la solidaridad comunitaria (Cárdenas et al., 2007). Mientras tanto, en las descripciones de sus acciones políticas, se revela de manera más específica cómo se hace posible dicha transformación de la política y de sus realidades sociales a través de acciones concretas y en contextos delimitados. Precisamente, los jóvenes hacen hincapié en la necesidad de transformar la política cuando ella es entendida como ''acción de otros'', que manipulan y someten para conseguir sus intereses personales y acumular poder. Este tipo de acción la asocian al ejercicio partidista de la política o los mecanismos de participación convencionales, de los que tienden a alejarse (Benedicto, 2013).

Segunda hipótesis: lo particular de las subjetividades políticas juveniles es su orientación instituyente, que se construye en tensión con lo instituido. Es decir, el significado-ideal de la política, frente al que se busca cierta coherencia en la práctica, se hace concreto a través de acciones políticas diversas y situadas (el colegio, el barrio, la calle, la comunidad cristiana) en el contexto de su vida cotidiana (Vázquez y Vommaro, 2009 y Harris y Wyn, 2009). En los casos tratados, tales subjetividades se orientan a la crítica, resistencia y transformación en clave emancipadora de sus condiciones de vida (Ocampo y Robledo, 2009 y Cárdenas et al., 2007), que son manipuladas por ciertas imposiciones de poder asociadas estrechamente a la esfera de la política tradicional (Vázquez y Vommaro, 2009) y que se traducen, principalmente, en autoritarismo, exclusión social y lógicas de guerra. Llama la atención el hecho de que los jóvenes no hagan referencia a asuntos de carácter económico.

Aunque en el artículo se le dé un tratamiento independiente a un tipo de acciones políticas que se denominaron ''cotidianas'', ha de entenderse que, en general, las subjetividades políticas de los colaboradores se desarrollan en los mismos escenarios en que transcurre su vida diaria, y se alejan de mecanismos convencionales de participación asociados al Estado.

Las subjetividades políticas devienen, entonces, a contrapelo de lo instituido en el ámbito político (Díaz, 2012 y Bonvillani, 2012), que algunos identifican con el mundo de los adultos. En perspectiva histórica, se entiende que estas subjetividades también quieran interpelar otras formas de la política tradicional, otros proyectos, que se ven con lente crítica, como la insurgencia, los partidos y los movimientos de izquierda.

Estas subjetividades juveniles se configuran a la manera de identidades que emergen en tensión con las instancias de poder, que quieren ubicarlos en un lugar de sujeción, en relación con las cuales reivindican su capacidad de agencia, autonomía y trabajo conjunto, a la vez que operan mediante la desnaturalización y transformación de prácticas y discursos hegemónicos que se han instaurado en sus cuerpos. Así, los jóvenes quieren salir de su lugar de subordinación, pero no con las herramientas de otros, sino con las propias, identitarias, que incluyen prácticas cargadas de una afectividad política impetuosa, como la que se manifiesta en las acciones artístico-políticas. Los jóvenes se valen de sus sensibilidades corporales, afectivas y artísticas, asociadas a sus gustos y pasiones. Pareciera, incluso, que el ímpetu de la acción política juvenil viniese dado por esta coincidencia entre los deseos y sensibilidades juveniles y sus luchas políticas.

Tercera hipótesis: las subjetividades políticas juveniles son diversas, aunque comparten la orientación instituyente. Esta orientación, común de las subjetividades políticas juveniles, a las que se acercó el estudio, tiene lugar en medio de la diversidad que caracteriza a los diferentes grupos de jóvenes participantes, y se manifiesta en los matices que adquieren sus acciones políticas. Se diferencian en cuanto a escenarios (barrial, escolar, familiar), modalidades (acción artística, participación comunitaria, movilización estudiantil, carácter cotidiano) y en relación con el papel que le atribuyen al cuerpo y los afectos en la práctica política.

En algunos tipos de acciones políticas se hace énfasis en la transformación del cuerpo, en el que se viven procesos de subjetivación política, de transmutación simbólica y afectiva, a través de los cuales el cuerpo mismo deviene vehículo de la acción.

En algunos casos, las acciones implican un compromiso prolongado frente a un territorio o una comunidad; y, en otros, se manifiestan en torno a problemáticas coyunturales, de ahí que se caractericen por cierto ''eventismo situado'', es decir, actúan en espacios determinados de acuerdo con las fechas específicas y en relación con las causas concretas; en ocasiones, aunque no sea dicho, el interés no es por la incidencia efectiva, sino por expresarse y lograr un impacto emocional. También se diferencian en los marcos de significación a partir de los cuales leen sus realidades que, en algunos casos, se forman por la vía de las narrativas de los movimientos sociales, los mismos que valoran la culturización de la política y la expresividad de la acción (Jasper, 2012).

Algunas subjetividades están orientadas a atribuirle un sentido político a acciones que no buscan, directamente, subvertir el orden social. Se trata de una tendencia general a desdibujar la diferencia entre lo social y lo político, de modo que se atribuyen sentidos políticos a diferentes maneras en que se viven relaciones sociales cotidianas. Sería, parafraseando a Henao y Pinilla (2009), un modo de politización de lo social, en donde se siente comodidad y satisfacción por la incidencia lograda.

Cuarta hipótesis: las subjetividades políticas se construyen a través de procesos de subjetivación, en medio de acciones compartidas en las que se reconocen partícipes directos de la transformación de su realidad. Las subjetividades políticas no son identidades anquilosadas, sino procesos dinámicos de creación de sentidos sobre la acción política. La subjetivación es entendida, aquí, como un proceso en el que emerge un lugar de enunciación, producto de la articulación entre las acciones y los significados de estas y del mundo político. A través de la acción deviene la subjetivación política, en tanto son valoradas las posibilidades para participar en la construcción de alternativas de vida autónoma (lo que sucede aun cuando no se logran alcanzar los objetivos propuestos). De ahí que la acción política no se puede entender como mero despliegue de una subjetividad política preexistente, sino como el proceso mismo en que se forma la subjetividad. En la acción se realiza la subjetividad política porque, además de ser una acción dirigida a otros (a convencerlos, generar conciencia en ellos, etc.) permite desplegar ideales, valores y significaciones subjetivas en torno al mundo de lo público; al lograr esto, la acción se convierte, en parte, en un fin de sí misma, algo que se disfruta per se y expresa los anhelos juveniles.

Finalmente, es preciso señalar que, dadas las limitaciones del presente estudio, las hipótesis presentadas no se pueden considerar concluyentes; tales limitaciones conciernen al alcance descriptivo-comprensivo del estudio y a la selección de los casos, puesto que se incluyen algunos tipos de acciones políticas juveniles representativas en la ciudad, pero se dejan por fuera otros. Por lo tanto, las hipótesis presentadas pueden ser mejor entendidas como interpretaciones que pueden servir de provocación para otros estudios que puedan profundizarlas, complementarlas, contrastarlas o contradecirlas. Quizá vale la pena hacer énfasis en que la novedad que presenta el estudio es la comprensión de la relación recursiva existente entre acciones y significados de la política, así como su importancia en la constitución de las subjetividades políticas, pero, además, la puesta en ejercicio de una perspectiva que intenta tener en cuenta, de manera simultánea, los puntos de encuentro y también las particularidades de las diversas subjetividades políticas juveniles (Patiño, Duque y Villa, 2017).

 


Notas

* Este trabajo se constituye en un producto del proyecto de investigación ''Formación de sujetos y construcción de subjetividades críticas en la configuración de tejido social en la ciudad de Medellín y en el área metropolitana, con jóvenes, educadores y líderes comunitarios'', financiada por la USB – Medellín y el IPECAL – México y llevada a cabo entre agosto del 2014 y diciembre del 2015.
1 Que consiste en ''aprender haciendo y sobre todo jugando'' (LC).

 

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