Artículos de investigación

doi: 10.24142/raju.v12n24a9

HAMBRE Y ESTRATEGIAS DE SOBREVIVENCIA EN LA CIUDAD DE MEDELLÍN

HUNGER AND SURVIVAL STRATEGIES IN THE CITY OF MEDELLÍN

 

Yeny Alejandra Pino Franco Socióloga, estudiante de la Especialización en Políticas Públicas y Justicia de Género del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales – CLACSO; integrante del grupo de investigación Kavilando y la Red Interuniversitaria por la Paz (REDIPAZ), Medellín, Colombia. Correo electrónico: ypino2015@gmail.com

 

Recepción: 14 Junio 2017

Aprobación: 26 Julio 2017

 


Resumen

Los barrios La Cruz y La Honda, de la ciudad de Medellín (Colombia), están conformados por población, en su mayoría, desarraigada-desplazada de diferentes partes del departamento de Antioquia, con unas precarias condiciones económicas y un alto índice de desempleo y subempleo. En este contexto, las familias generan diferentes formas para sobrevivir y calmar el hambre, como pequeños préstamos, el rebusque, el menudeo, El Recorrido, etc. Estrategias que se exponen en el presente artículo, en el marco de una ciudad que se ha destacado, a nivel mundial, por sus ''progresos'' y su economía en crecimiento.

Palabras clave: Pobreza, crecimiento urbano, desplazamiento, hambre, desarrollo, alternativas, El Recorrido.


Abstract

The neighborhoods of La Cruz and Honda in the City of Medellín (Colombia) are made up of mostly displaced-displaced population of different parts of the department of Antioquia, with precarious economic conditions and a high rate of unemployment and underemployment. In this context, families generate different ways to survive and alleviate hunger, such as: El Recorrido, small loans, scavenging, retail, etc. Strategies that are investigated in the present article, In the context of a city that has been emphasizing, At world level, For their ''progress'' And its growing economy.

Keywords: Poverty, urban growth, displacement, hunger, development, alternatives, El Recorrido.


INTRODUCCIÓN
METODOLOGÍA
RESULTADOS
LOS ALIMENTOS ENTRAN A LA COCINA: LA COCINA EMPIEZA A HABLAR
LA COCINA DE LOS POBRES EN LA CIUDAD
CONSIDERACIONES FINALES SOBRE MARGINAMIENTO, DESPLAZAMIENTO Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL
CONCLUSIONES
Referencias

 

 

INTRODUCCIÓN

El presente artículo hace parte de una investigación sobre el hambre y las estrategias de sobrevivencia en la ciudad de Medellín. Durante un año y medio se realizaron entrevistas y algunas conversaciones informales con las personas de La Honda y La Cruz, barrios periféricos de la ciudad; también se hicieron caminatas por el sector, un acompañamiento a sus organizaciones sociales, visitas y entrevistas en los lugares donde se realiza El Recorrido y, en varias ocasiones, se asistió durante varias de estas rutas para vivenciar la situación indignante en que se encuentran los niños, las mujeres y ancianos en su día a día.

Medellín es la capital del departamento de Antioquia. La ciudad está ubicada en el noroccidente del país y es atravesada por el río Medellín. Según información del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) cuenta con una población de 2.464.322 habitantes para el año 2015, siendo así la segunda ciudad más poblada de Colombia. La mayoría de su población es urbana, pero cuenta con cinco corregimientos de gran extensión donde también existe una conglomeración de personas dedicadas a la agricultura. Es el segundo centro económico del país, destacado por su sector financiero, industrial, comercial y de servicios; por ser la sede de empresas nacionales e internacionales, principalmente en el sector textil, de confecciones, metalmecánico, eléctrico y electrónico, telecomunicaciones, automotriz, alimentos y salud. Pese a estos datos, la ciudad tiene un porcentaje de pobreza que está en el 38,4 %, y de indigencia del 10,2 % según el informe realizado por la Misión para el Empalme de las series de Empleo, Pobreza y Desigualdad (MESEP), por encima del promedio nacional (Vallejo & Insuasty, 2012).

En las cifras oficiales se informa un problema de seguridad alimentaria en los barrios pobres, que se evidencia en la desnutrición crónica y las diversas enfermedades que presentan los niños y los ancianos. Muchas familias de la ciudad padecen de hambre por la falta de empleo, lo cual tiene como consecuencia problemas tan delicados como la delincuencia, la violencia y la prostitución, entre otros; problemas cuyas raíces provienen de la inequidad social, la corrupción, el despojo de las parcelas de las familias campesinas por proyectos institucionales y del capital privado, y la sobreexplotación de una parte de la fuerza de trabajo en la ciudad, lo que deja al resto sin la posibilidad de un empleo.

La ciudad de Medellín es una de las mayores receptoras de población desplazada del país, entrando a engrosar los cordones de miseria y desempleados en la ciudad. Esto ha llevado a que las familias deban buscar las maneras de subsistir bajo modalidades tanto lícitas como ilícitas, empleos informales o, como ellos lo nombran, ''el rebusque'', y en otros casos recurrir a formas de mendicidad como El Recorrido, que sirve de complemento a lo conseguido con el rebusque o como único sustento para la familia.

Gente
en la Plaza Minorista de Medellín
Figura 8.1
Gente en la Plaza Minorista de Medellín

* Estas personas llegan de los barrios pobres para recibir lo que han desechado los negocios.

Fotografía: Fundación Sumapaz.

El Recorrido es la forma en que las mujeres, niños y ancianos, en los barrios pobres, nombran a una de sus estrategias como actividad lícita. Este es un trayecto que hace un grupo de personas por los barrios, plazas de mercado o el centro de la ciudad durante unas horas, en diferentes días de la semana, con la finalidad de conseguir, regalada, la alimentación, la ropa, el dinero y los demás elementos necesarios para sobrevivir. Durante el trayecto las familias piden en las tiendas, las carnicerías, las casas y panaderías. Y todo el tiempo se corre, se camina y se busca. Lo que reciben son elementos de segunda, que ya no son útiles para los dueños; y en el caso de los alimentos no son de buena calidad, incluso algunos se encuentran en estado de descomposición.

En nuestra sociedad encontramos que la subalimentación y la sobrevivencia se incrementa constantemente en una parte de la población, como la que se analizará; donde, paradójicamente, se hace alarde del notable aumento de las fuerzas productivas con una industria de alimentos con grandes volúmenes de exportación, en tanto que proliferan grandes grupos de personas con capacidad de trabajo sometidas a alimentarse de desechos.

En este contexto, la alimentación es solo un reflejo de un problema más general, la construcción de sociedad y economía.

Algunos teóricos se refieren a las causas del desequilibrio entre producción, distribución y el consumo de alimentos a factores del orden socioeconómico que limitan o definen sus variables.

En el sistema capitalista las formas de producción generalizan la pobreza y, en particular, la subalimentación para el caso que nos ocupa, ya que por un lado se reduce la satisfacción de las necesidades del trabajador a partir de la disminución del salario y, por otro, se elimina constantemente de la producción una parte de la población, lo que los obliga a buscar lo necesario para sobrevivir por otros medios.

El teórico Carlos Marx plantea que cada tipo de sociedad tiene sus leyes sobre la población; en el sistema capitalista, por las mismas dinámicas y necesidades de este, se crea una población sobrante de la producción, que es la que le permite al sistema mantener una buena demanda de trabajo y así, por la competencia entre los obreros, poder manejar los salarios a sus intereses. Esta población es la que Marx señala como la superpoblación relativa.

Máximo Montanari sostiene que los cambios en la alimentación no son casualidades o contingencias de la vida; considera que son el producto de situaciones concretas que se dan en el orden socioeconómico o ambiental. Esta afirmación la sustenta el autor al observar que, en la época denominada feudal, siglo XVI, en adelante, los cambios constantes en los hábitos alimenticios de los campesinos pobres se debían a imposiciones del sembrado de los nobles dueños de la tierra, cambios que se producían de acuerdo con las formas de la alimentación de estas clases nobles. El estatus que daba la comida a su posición social era importante y muestra del poder. Las poblaciones pobres se dedicaban a otros cultivos producidos en mayor cantidad, en menor espacio y de menor calidad (Montanari, 1993).

Jack Goody, en Cocina, cuisine y clase: estudio de sociología comparada, relaciona el contexto socioeconómico con los modos alimentarios. Este considera que las diferencias internas y externas en los ''modos de alimentación'' o ''sistemas nutricionales'' están conectadas con las situaciones económicas, y estas, a su vez, con la estratificación social establecida. Las relaciones entre estratos, de las que depende la política, están vinculadas a los rasgos específicos del modo de producción.

Goody (1995) sostiene que las formas de la alimentación deben pensarse desde cinco características principales.

Tabla 8.1
Formas de alimentación
Proceso Fase ''Locus'' Ubicación
Crecimiento Producción Terreno/agrícola
Asignación/almacenamiento Distribución Granero/mercado
Cocción Comida Preparación Consume Cocina Mesa
Limpieza Eliminación Fregadero

A los que debe agregar una quinta fase, a menudo olvidada: Limpieza Eliminación Fregadero

Fuente: elaboración de Yeny Alejandra Pino Franco

No obstante, este esquema general conserva su validez, y es preciso observar que en esta experiencia particular, en la ciudad de Medellín, la parte de limpieza, que corresponde a desecho, da inicio a un nuevo ciclo a partir de la reutilización, pues buena parte del producto obtenido en El Recorrido no es más que el desperdicio o sobrante que una parte de la sociedad, que aún tiene posibilidades de adquirir alimentos en los mercados, desecha, y la otra parte, sin acceso al mercado, reutiliza, convirtiéndolo en la única forma de satisfacer el hambre. Este fenómeno nos obliga a vislumbrar matices en torno a lo que puede significar distribución, preparación, consumo y desecho, según la posición socioeconómica de cada grupo.

De acuerdo con las anteriores consideraciones, se trata entonces de comprender por qué la peor parte en la producción y satisfacción de necesidades la lleva ahora el campesino, el trabajador y su familia; conocer las formas de sobrevivencia, algunas indignantes, de la superpoblación relativa en Medellín, y esto paralelo al ''progreso'' económico de la ciudad y la constante inversión de capital, público y privado, en la región.

Panorámica
del barrio
Figura 8.2
Panorámica del barrio
Fotografía: Jaime Alberto Ricaurte.

 

METODOLOGÍA

El desarrollo de este artículo se plantea en dos partes: la primera busca explorar las formas de sobrevivencia como la manera de consecución de lo necesario para vivir, en una población que está por fuera de la producción, teniendo como eje el tema de la alimentación. En la segunda parte se indaga el desenvolvimiento de esa misma población en lo doméstico, donde el recorrido de la alimentación llega a su fin último, el consumo, para explorar allí hábitos, costumbres, identidades, relaciones, roles, adaptaciones y gustos a partir de esta cruda realidad, a fin de observar cómo se configura lo social; es decir, el día a día.

 

RESULTADOS

Hambre en el barrio La Cruz

El barrio La Cruz se encuentra localizado en la zona nororiental de la ciudad de Medellín, Comuna 3, a cuatro kilómetros, aproximadamente, del centro de la ciudad. Está conformado por los siguientes sectores: El Edén, La Torre, La Capilla, La Primavera, La Ye, El Hoyo, La Escuela y Los Alticos. Actualmente, es poblado por destechados, población pobre de la ciudad que no tiene una casa propia para vivir, lo que precariza cada vez más sus condiciones de vida; y por desarraigados provenientes del departamento de Chocó y las regiones del Urabá y el Oriente antioqueño. En menor medida tiene habitantes de otras regiones del país, y hoy por hoy aumentan los desplazados que llegan de otros barrios de la ciudad. En La Cruz conviven alrededor de 4.500 personas, aunque pareciera no dejar de crecer esta cifra (Zibechi, 2015).

El barrio se originó desde 1982, aproximadamente. En un inicio estaba compuesto por sesenta familias. A estos terrenos llegaban habitantes con tablas, plásticos y hojas de zinc para construir casas nuevas.

Mujeres, hombres y niños ayudaron a levantar las viviendas, una y otra vez, tanto a las personas que llegaban nuevas al terreno como a las que la policía les tumbaba ''el rancho''. Después de que arrasaban con las casas empezaba de nuevo, en la noche, la tarea de reconstrucción. Muchas mujeres solas, algunas viudas por la violencia (Zibechi, 2015).

Doña Amparo, una de las primeras que entró al barrio, trajo su casa del Popular 1, un día a las dos y media de la mañana; la acompañaban sus hijos y su papá, quienes le ayudaron a armarla (entrevista personal a Amparo, habitante del barrio La Cruz, Medellín).

Antes, las necesidades que se presentaban en el barrio eran solucionadas por la misma comunidad, de manera organizada y participativa; ejemplo de ello es la construcción de la escuela del barrio La Honda, en 1986, y que en sus inicios era una caseta en madera. La carretera fue hecha en los noventa, uno de los logros más importantes de la comunidad. En esta ocasión el trabajo se coordinó con las personas que vivían en el barrio, trabajando en convites, tanto hombres como mujeres, alrededor de la olla comunitaria. Esta carretera permitió la movilización de la población hacia el centro de la ciudad y el acceso de los alimentos y demás servicios, lo que cambió las dinámicas cotidianas, pues antes tenían que subir la ''trocha'' con el bulto de comida al hombro.

Durante varios años la población cocinó con leña, debido a la ausencia de energía eléctrica. La cercanía de la leña era relativa o, por lo menos quedaba de camino a la laguna donde se recogía el agua para el uso diario, a una hora del barrio. Luego se dio la posibilidad de tener la luz, por contrabando, traída desde un sector cercano a la Terminal del Norte, con alambres improvisados. Posteriormente, llegó el alumbrado público en 1991.

En la actualidad, la situación económica de las familias es precaria, no cuentan con empleos, muchas han sido desconectadas de los servicios públicos por falta de pago, lo que se conoce popularmente como ''los desconectados'', y la mayoría, niños, ancianos y mujeres, aguantan hambre día tras día.

El Recorrido: hoy, conseguir la comida de la familia; mañana, también

El primer y más importante pensamiento en estos barrios es rebuscar la comida y pagar los servicios públicos, de allí en adelante se construye lo que va a ser el día.

El Recorrido por el barrio Belén Rincón
Figura 8.3
El Recorrido por el barrio Belén Rincón

*Varias familias hacen este camino llevando al hombro los productos recolectados en las tiendas, carnicerías y casas de familia.

Fotografía: Yeny Alejandra Pino Franco

La sobrevivencia pone como punto de partida y de llegada del día la alimentación; este se convierte en el referente de las historias y los recuerdos, tanto de la infancia como de la edad adulta.

Para muchas personas hacer El Recorrido empieza cuando llegan al barrio, despedazados en su cotidianidad por el desarraigo causado por el conflicto armado que se disputa su territorio; otros son arrojados a la miseria después de perder su estabilidad económica, y otros tantos comienzan esto desde niños. Son tres experiencias diferentes de una misma situación, por un lado se pasa de tener la alimentación suficiente y sobrante a no tener nada; o se pierde la posibilidad del acceso económico o nunca se tuvo asegurado.

El Recorrido se hace desde hace muchos años en la ciudad, y se encuentran personas de todos los barrios pobres. Existen varios trayectos de recorrido, a cuál de ellos ir se define de acuerdo con la cantidad de dinero que se tenga para los pasajes, el día que se vaya a hacer, la disponibilidad de tiempo, la cantidad de personas con que se va y lo que se quiera recoger para esa semana.

El sábado es cuando más opciones hay: el barrio Belén Rincón, el centro de la ciudad, el barrio Aranjuez, el barrio Moravia, el barrio Castilla. Cuando tienen pasajes se dirigen a Belén Rincón que es donde mejor les va, porque consiguen bastante hueso de cerdo, además de callo y tocino, ''revuelto'' (papa, yuca, plátano, etc.), parva (productos de panadería), ropa, y don Álvaro les da el desayuno que se compone de chocolate y un pan.

Cuando no hay suficiente dinero se dirigen al centro, allí lo que más les dan es comida en el barrio Tejelo y lo que recogen del suelo en la Plaza Minorista, además de la ''monedita'' o el ''paseo'' en los negocios, de $50, $100 y hasta $500, lográndose recoger hasta $12.000 en el día.

Las rutas que se tienen definidas por días son las siguientes:

Cartografía de El Recorrido
Mapa 8.1
Cartografía de El Recorrido
Fuente: elaboración propia.

El Recorrido ha tenido cambios con los años; el aumento de la población hace que no sea tan ''productivo'', ya que no se reciben tantas cosas como antes, así constantemente deben surgir rutas que se construyen a partir de la necesidad de la sobrevivencia y que complementan, o en ocasiones reemplazan, a las rutas ya agotadas y no tan beneficiosas como antes; estas nuevas rutas permiten absorber a más y más población desempleada que entra a rebuscar su sustento en las rutas de El Recorrido.

Los momentos de El Recorrido

Primero se organiza el morral, se busca la mayor cantidad de bolsas y se empacan. Luego se confirma con la vecina el lugar donde se hará El Recorrido.

A veces se va con amigas de otros barrios que tienen más experiencia en los recorridos y constantemente les están aprendiendo nuevas rutas; otras cogen su costal y se van solas a ''trabajar'', como lo nombran.

Está oscuro, y en varias casas ya tienen la luz encendida, las radios cantando, los fogones sonando… es hora de salir a trabajar. Si hay posibilidades de tomarse un agua de panela para aguantar la jornada se la toman; si no salen sin nada en el estómago. Normalmente los vecinos pasan por las casas recogiendo a la gente para coger la buseta, se juntan entre tres y cuatro vecinos, que en algunos casos son las hijas, hermanos o con otro tipo de familiaridad. Cuando hay dinero se recorren solo unos cortos caminos que hay entre los ranchos hacia la buseta y cuando no, caminan hasta el centro de la ciudad. La buseta los deja en la Plaza Minorista. Cuando van a Belén Rincón caminan unas cuadras para coger el bus y se negocia fácilmente el pasaje ''por la puerta de atrás''.

Cuando llegan al barrio Belén, a unas cuadras, se encuentran con la primera fila en una carnicería que todavía está cerrada; en ella hay niños, mujeres, jóvenes y adultos, hombres y ancianos por igual. Los niños juegan, las señoras se saludan y preguntan a su vez por las otras señoras que no están; los hombres conversan de las tierras que abandonaron y los trabajos que han realizado en la ciudad. Se ve la alegría de algunos por encontrarse y se reacomodan las compañías, las personas del barrio con las que viajaron al principio pueden desaparecer después de unas cuadras, mientras que otras que se encontraron en la fila pueden ser la compañía permanente durante El Recorrido o, sin quererlo, la mayoría del grupo permanece junto durante el trayecto.

Las personas que hacen El Recorrido por primera vez van con alguien que ya conoce el trayecto, eso les permite no producir desconfianza en el resto de grupo. Como todos se conocen es notable cuando hay alguien nuevo, hasta los niños logran hacer esa diferencia; el trato con los nuevos es generalmente de solidaridad y apoyo, teniendo en cuenta la timidez y vergüenza con que se llega.

Cuando abren la puerta de la carnicería todos sacan sus bolsas, algunos que no tienen un buen puesto en la fila se arruman a la entrada junto con los niños y logran ser los primeros en recibir; aunque otros se molestan, no hay quejas. Las madres les entregan la bolsa a los niños y los mandan adelante, cuando reciben se van inmediatamente donde está la mamá en la fila esperando su turno y vacían en el bolso el hueso que les acaban de dar y vuelven inmediatamente a la parte de adelante de la fila y repiten dos o tres veces, luego dejan avanzar la fila hasta que llega el momento en que ya no hay nada y los últimos perdieron la espera.

Las personas que hacen El Recorrido no tienen que pedir porque ya los conocen en las tiendas y los mercados y solo hacen la fila; o porque la comida está tirada por el piso y simplemente deben recogerla, como en ocurre en la Plaza Minorista y en la Plaza Mayorista.

De allí se pasa a la siguiente cuadra donde hay otra carnicería. Los que recibieron varias veces en la anterior carnicería llegan también de primeros a esta, y los niños vuelven y se arruman adelante. Algunos adultos esperan que ya todos hayan recibido para volver a hacer la fila, otros repiten independientemente de esto. En algunas tiendas se trata de controlar esta situación y en otras no.

Se sigue a una tercera carnicería a cuatro cuadras. Entonces el grupo de treinta personas se ha separado, algunos van muy rápido, otros cogieron otras rutas o prefieren ir solos. Empieza a ser un trayecto con pequeñas paradas, disperso en algunas ocasiones, muy cerca en otras. Cuando se llega temprano a alguna tienda y no han abierto se aprovecha, en la fila, para descansar y empezar a organizar el costal. Se saca el costal del bolso y se separa todo el revuelto y el hueso que se ha recogido en las bolsas, de ahora en adelante hay que echarse el costal al hombro.

El Recorrido continúa en las legumbrerías. Algunas entregan los alimentos en fila, otras ponen un cajón afuera para que recojan; esto hace que se abalancen dejando a más de uno sin una porción, primando el ¡sálvese quien pueda! En algunos lugares los alimentos están buenos y de calidad, en otros regulares y en otros están en estado de descomposición; según ellos, para los regulares siempre hay alguna preparación que se puede hacer y si está dañado se le quita solo la parte mala.

Espera de alimentos
Figura 8.4
Espera de alimentos

* Las personas hacen fila para recibir alimentos. En ella se ven ancianos, niños y mujeres embarazadas.

Fotografía: Fundación Sumapaz.

En las panaderías les dan algunos de los productos que no están frescos; estos inmediatamente los reparten con los que están cerca para que mitiguen el hambre, mientras llegan donde don Álvaro a desayunar.

El desayuno es a las nueve y media. En una de las tantas calles del barrio, al lado de una cancha, don Álvaro prepara una olla de chocolate y compra pan para darles de desayunar a más de trescientas personas que ese día están haciendo El Recorrido. Solo basta con acercarse para recibirlo. Se sientan en una acera y se lo comen. De allí sigue el trayecto para Belén Rincón.

Caminan por el barrio ante la mirada curiosa, pero indiferente, de los residentes, las personas que van en los buses, los tenderos. Pasan por parques, iglesias, viviendas y negocios, unos detrás de los otros, los que conocen el trayecto y los que no, todos con sus bolsas, su costal y su morral, pendientes de las filas, revisando las bolsas que se encuentran en el camino y las cajas que sacan en las legumbrerías.

Caminan por el lado de una autopista, aproximadamente treinta minutos bajo el sol, o la lluvia, cargando los pesados costales. Al llegar a un lugar donde hay muchas tiendas juntas comienzan de nuevo las filas en cada una de ellas y así se avanza hasta alcanzar un punto donde todos se sientan a organizar el costal. Se hace la selección de lo que se llevará para la casa o lo que definitivamente no, como los alimentos en descomposición que se dejan por ahí. Se reparte con los otros lo que no se quiere, ya sea por gustos o por que se tiene mucho, o solo por compartir. Mientras se da esto se comen un banano, un pedazo de pan o cualquier cosa que les hayan regalado y que se pueda consumir inmediatamente, mientras llegan a preparar el almuerzo a las casas.

Lo que recogieron va a ser la comida de la semana, lo que no lograron recoger, lo más posible, no lo probarán durante estos días a menos que se busque por otros medios. Se preparan para irse, pasan la calle con sus costales y esperan el bus que los lleve al centro, por el valor de $500 a $700 o, en ocasiones gratis, sin ningún problema porque ya los conocen. Después del mediodía ya están listos para regresar a los barrios y a sus cocinas.

Empezar a hacer El Recorrido: la primera vez que se va a El Recorrido es un choque emocional fuerte para los adultos. Llegan al sitio y ven cómo estas personas recogen la comida de unas canecas de basura. Una señora dijo que lo único que se le ocurrió fue ponerse a llorar, ''no creía lo que le estaba pasando''.

La familia se convierte en una razón para hacerlo, cerrándose la construcción colectiva a la mera satisfacción de las necesidades básicas del grupo familiar, ya que se cree que es más fácil solucionar los problemas a este nivel que el problema en el conjunto social, viéndose el problema del conjunto como una multiplicación del problema individual, es decir, como si fuera simplemente una insuficiencia de alimentos para todos.

Así, las personas, de manera individual, maniobran estos cambios, los desplazados con las nostalgias propias de un pasado con abundancia, pero con una rutina nunca constante, que como ellos lo manifiestan, se rompe a cada momento por la violencia, por los proyectos y megaproyectos que los desplaza, como la reubicación de vivienda, la construcción de carreteras, de hidroeléctricas, entre otros, que son la visión de desarrollo que nos imponen hoy nuestros gobernantes en la relación campo/ciudad.

Los que hacen El Recorrido: normalmente lo hacen las mujeres, algunas con los niños, pero día a día aumentan los hombres. En la actualidad, en el caso de los hombres hay algunos que bajan a hacer El Recorrido y otros que solo recogen a las esposas, madres o hijas en el sitio donde las dejan las busetas para ayudarles a cargar el costal y las bolsas que traen de ''trabajar''. A la mayoría de las mujeres no les gusta que los hombres vayan a hacer El Recorrido, especialmente en las familias de desplazados, porque es una situación vergonzosa y contraria a lo que vivían en el campo, en donde muchos eran pequeños propietarios de tierra y producían gran parte de su alimentación.

Doña Carmen organiza los alimentos recogidos
Figura 8.5
Doña Carmen organiza los alimentos recogidos

* Queda claro que separa la carne del revuelto y empaca lo más delicado en el bolso, como los tomates y la parva.

Fotografía: Yeny Alejandra Pino Franco

Ahora, en estas condiciones, quienes proveen la casa de alimentos, en mayor medida, son las mujeres, mientras que los hombres deben asumir algunas labores del hogar, lo que genera cambios en los roles en la familia y, tal vez, en la sociedad.

La situación de la niñez en este contexto de la alimentación se vuelve una de las cuestiones más importantes. Esta se va naturalizando en las prácticas de miseria en los niños como formas de ser y hacer la cotidianidad, de sobrevivir en un lugar sin oportunidades para construir un plan de vida, como es la ciudad de hoy para las mayorías.

El Recorrido como negocio/ingreso: El Recorrido es usado, en algunos casos, solo en los momentos donde hay mayor necesidad y, en otros, se convierte en un trabajo que hay que hacer siempre, independientemente de las condiciones materiales de las familias. Así, hay varias personas que, aunque tienen una situación económica estable, continúan haciéndolo, pues se ha convertido en un ingreso familiar.

La opción de El Recorrido, en el primer caso, se ve como la única posibilidad de no aguantar hambre; para algunas familias, cuando los hombres empiezan a trabajar como obreros o las mujeres consiguen algún empleo doméstico, deja de ser una obligación y se convierte en una opción más para complementar la alimentación. Cuando son despedidos del trabajo se convierte en el único sustento y, por ello, una obligación.

Para otras familias es un ingreso permanente, es el trabajo de las mujeres y de algunos hombres, complementa los ingresos de la casa, ya que el salario mínimo, que es a lo que aspiran estas personas, no alcanza para solventar todas las necesidades; esto permite que las condiciones de las familias mejoren en términos cuantitativos, es decir, la posibilidad de adquirir más electrodomésticos para las casas y objetos de consumo, porque en términos cualitativos la alimentación es la que se consigue en El Recorrido, ya que las condiciones habitacionales siguen siendo precarias y las relaciones familiares conflictivas.

El fiado

El fiado es otra de las formas de sobrevivencia, de salvaguardarse del hambre con un agua de panela y una cucharada de arroz.

Desde que en la casa no haya trabajo o alimentos se va a la tienda a fiar, un huevo, un tomate, un plátano, un confite, hasta el mercado de los próximos siete días. El fiado es un desvare; siempre que no haya con que comprar es el único medio para conseguir algo de alimento, pero hay que tener en cuenta que por el mismo contexto de pobreza en que viven las familias del barrio fiarle a cualquier persona no es muy común, hay muchas familias a las que no les fían en las tiendas porque se sabe que les quedaría muy difícil pagar.

El menudeo

En otras ocasiones, la compra de los alimentos pasa a depender de lo que se haya podido conseguir en algunos días. Un gran porcentaje de la población compra el ''diario'', que es la comida de una familia de cinco a ocho personas. En las tiendas se venden porciones que les permiten el acceso a muchos productos, algunas de estas porciones ya vienen desde las fábricas, como el tarro de aceite de $1.000 y el jugo Tampico de $250, por poner algunos ejemplos, y otras que se porcionan en la tienda, como el salchichón.

Para las personas que hacen El Recorrido la tienda del barrio es el último lugar al cual recurrir para completar lo que no se recibió. Lo que generalmente se compra allí es aceite, sal, salsa de tomate, panela, café, arroz, azúcar, chocolate, huevos y arepas. Para los que no hacen El Recorrido, aparte de estos alimentos, en la tienda del barrio se consigue el ''revuelto'', la carne, algo de verdura y los granos.

Así, la tienda de barrio cumple un papel importante en la posibilidad de alimentarse, en las formas de adquisición, en el tipo de alimentos que se consumen y en las relaciones que pueden establecerse en la cotidianidad.

 

LOS ALIMENTOS ENTRAN A LA COCINA: LA COCINA EMPIEZA A HABLAR

Para algunos autores los cambios que se presentan en la alimentación de las poblaciones hacen parte de los cambios en las costumbres. Thompson dice que las costumbres tienen una esencia conflictiva, como consecuencia de un proceso donde lo principal es la sobrevivencia de una clase social al modo de producción dominante (Thompson, 1995, p. 15), en este caso a la reproducción del modo de producción capitalista, que determina el conflicto entre las necesidades de una clase sobre la otra.

Lo mismo se podría decir para aquellos que mistifican la cultura y la ponen como punto central en los cambios o permanencia de cualquier aspecto de la vida social: ''el mismo término ‘cultura’, con su agradable invocación de consenso, puede servir para distraer la atención de las contradicciones sociales y culturales, de las fracturas y las oposiciones dentro del conjunto'' (Thompson, 1995, p. 19). Y aunque los valores sociales y los tradicionales modelan los hábitos alimentarios de los pueblos, son sus instituciones económicas las que les permiten producir y determinar la distribución de las provisiones (Goody, 1995, p. 59).

De esta manera, se hace relevante observar lo que pasa en las cocinas, donde se concreta la metamorfosis y el consumo de los alimentos, transformados por maneras de hacer que reproducen relaciones, hábitos, mentalidades, técnicas y, ante todo, roles que marcan las diferencias de género, de condición económica y social; como propone Motanari (1993), ''el modo de comer (y en general el modo de vida) revela, desenmascara el estado social de las personas. Sirve para mostrarlo y al mismo tiempo, reafirmarlo'' (p. 91).

 

LA COCINA DE LOS POBRES EN LA CIUDAD

La alimentación es una función que debe realizarse de la manera más simple, desde lo que se prepara, pasando por los lugares donde se consume hasta si se hace solo o acompañado, si tiene buen sabor, si es regalado o si toca ir a un comedor comunitario; lo importante es huirle al hambre.

Doña Carmen, después de hacer El Recorrido
Figura 8.6
Doña Carmen, después de hacer El Recorrido

* Lleva dos bolsas y un morral lleno de comida para su casa, que es lo que alcanza a cargar. Va cansada por el largo trayecto caminado y su avanzada edad. Salió a las cuatro de la mañana y, en el momento de coger el bus para regresar, son las dos de la tarde. Se dirige al centro de la ciudad y de allí al barrio La Cruz. Al llegar a la casa prepara la comida con lo que pudo recoger y busca, con las vecinas, complementar lo que le hace falta para la preparación. Cuando recién llega de El Recorrido lo primero que se prepara es una sopa de hueso y arroz, y agua de panela.

Fotografía: Yeny Alejandra Pino Franco

En estas cocinas se da una relación entre el más y el menos, entre más faltan alimentos, bebidas, instrumentos de cocina, entre otros, más sobra hambre, tristeza, desesperación, nostalgia y deseo.

En estas cocinas, que son la última cadena de El Recorrido, la lucha es por hacer comestible lo desechado, de limpiar las impurezas de los alimentos, de disfrazar los sabores amargos, ácidos y fuertes que en algunas ocasiones se producen por los estados de descomposición de los alimentos. Así, se llega a sabores reconocidos, esos que se tratan de disimular y que con el tiempo se vuelven familiares, adquiriendo importancia en la estructura del gusto; como diría Isabel González, ''de lo obligado se hace una elección voluntaria'' (González, 1997, p. 69).

Las cocinas en los barrios pobres de la ciudad conservan características de las cocinas rurales: las formas como se ubican los instrumentos, los tipos de ollas y vasijas, la cantidad de platos, vasos y cucharas, el olor, el sabor de las comidas y la forma de prepararlas. Se mantienen, en gran medida, los gustos, de la mano con la nostalgia de esa alimentación anterior, abundante y de calidad.

Las mujeres son las protagonistas en las cocinas, especialmente las abuelas, porque ya las mujeres jóvenes deben ir a trabajar. La cocina sigue siendo un lugar aparte del resto de la casa, pero muy pequeño debido al poco espacio con que cuenta cada familia en estos barrios periféricos.

La comida, por lo general, se cocina con electricidad; esto hace que los costos de los servicios públicos sean muy altos, o cuando no hay luz, en leña, situación que es complicada por los espacios tan reducidos que hay entre una casa y otra y por la lejanía para conseguir la leña.

En las cocinas no debe faltar la arepa, agua de panela todo el día y, en algunas ocasiones, los frijoles. Por lo general, las comidas son poco variadas y con mucho contenido de carbohidratos: yuca, papa, plátano y arroz, con muy poca hortaliza, verduras y lácteos. Cuando hay un buen desayuno casi siempre es arepa con mantequilla, huevo y café o agua de panela. En el almuerzo no pueden faltar las papas, la yuca, el plátano y el arroz, y eso mismo es la comida, y para tomar, agua de panela. Claro está que estas preparaciones son condicionadas por lo recogido esa semana. Aquí se aplica lo que dice Montanari, ''los gustos de estas poblaciones están determinados por la facilidad de obtener el producto, por su idoneidad para ser conservado y elaborado, por su capacidad para llenar, alejando el angustioso mordisco del hambre'' (Montanari, 2004, p. 64).

Lo ''desecho'' por otros adquiere una función importante en la economía familiar de estas personas pues permite satisfacer necesidades. Este elemento se generaliza como una manera de hacer que se acepta socialmente, ocultándose en el tiempo su origen conflictivo entre los intereses económicos de una clase a costa de otras, y entendiéndose como una condición natural, la pobreza.

Esto nos dice que, siguiendo el esquema planteado por Goody en sus cinco fases: crecimiento, asignación/almacenamiento, cocción, comida y limpieza, la parte que corresponde a desecho da inicio a un nuevo ciclo a partir de la recolección de estos en El Recorrido, para el consumo de las familias más pobres de la ciudad de Medellín.

 

CONSIDERACIONES FINALES SOBRE MARGINAMIENTO, DESPLAZAMIENTO Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL

Las ciudades están dando cuenta de unos procesos de marginamiento a las que cada día se ven abocadas más y más familias. Las dinámicas del sistema socioeconómico capitalista dejan a una gran parte de la población sin trabajo, o sin los medios suficientes para satisfacer la alimentación, la vivienda, el vestido etc. La disminución del salario es una situación inherente al capitalismo, donde se busca una mayor acumulación de capital por parte de un grupo minoritario de la sociedad, lográndose esto con la reducción del costo de vida de los trabajadores.

Si se puede hacer que el obrero se alimente de patatas en vez de pan, es indiscutible que se podrá arrancar un producto mayor a su trabajo; es decir, si el obrero para vivir de pan necesita retener para su sustento y el de su familia el trabajo del lunes y del martes, alimentándose de patatas, solo retendrá para sí la mitad del lunes, con lo cual el resto del lunes y todo el martes quedarán libres en provecho del Estado o para el capitalista (Marx,1973, p. 26).

El desplazamiento forzado empeora la situación, ya que son poblaciones campesinas, despojadas de sus medios de producción y de vida, que deben asentarse en la ciudad y buscar trabajo, situación que se utiliza para bajar los salarios y crear formas de contratación que disminuyan las condiciones laborales de todos los trabajadores. En este marco se desarrolla una economía de subsistencia como un proceso que se da en unas condiciones materiales paupérrimas, donde la población debe complementar los pocos ingresos que tienen o lo poco que producen con algunas tácticas y estrategias de mendicidad.

La violencia que se vive en las ciudades puede mirarse como consecuencia de esta desestructuración social; las genuinas relaciones entre las personas dejaron de ser y se convirtieron en artificiosas relaciones entre cosas fetichizadas; el que antes fuera auténtico ''grupo social'' pasó a ser montonera de poseedores de mercancías, y quien no desarrolle capacidad negociante queda condenado a que le retiren la cuchara. En este contexto la represión, en sus múltiples formas, es a la que más acuden los gobernantes como reguladores de las relaciones sociales, como se evidencia en el aumento militar, paramilitar y de policía en la ciudad de Medellín y en el departamento.

Frente a esta crisis económica, que se resalta en lo social, aparecen las instituciones de caridad como medida de control y administración de la situación, para sostener la presión ante una crisis social que se agudiza por las contradicciones irresolubles de este modelo de producción. Dichas entidades fundan su servicio en el asistencialismo, distribuyendo productos que cumplen con su principal función, que es quitar el hambre, pero no nutrir.

Como la seguridad alimentaria no es lo más importante, los gobiernos apoyan la producción de palma aceitera, producto que no sirve para comer; donde la función de las fábricas es convertir los alimentos en combustibles, alentando los proyectos agroindustriales y de monocultivos, entre otros muchos asuntos. Además de generarse las disputas por las tierras de los campesinos entre el narcotráfico, las multinacionales, los megaproyectos y los terratenientes, que arrinconan cada vez más la alimentación en el campo y en las ciudades.

Se pueden observar así las características del tipo de sociedad que se está gestando en un contexto de crecimiento del desempleo y la miseria; las relaciones, los conflictos, la violencia y las diferencias que han aumentado, en contraste con una ciudad que reporta cada día, en sus cifras y balances, un incremento en su economía.

 

CONCLUSIONES

 

Referencias

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