La Guerra Civil no declarada, comúnmente conocida como La Violencia, que tuvo lugar entre 1920 y 1960, representa uno de los periodos más perversos y devastadores en la historia de Colombia. Este conflicto no solo destruyó la estructura de la sociedad colombiana de distintas maneras, sino que también dejó un legado de violencia política y social que pervive hasta hoy. La complejidad de esta guerra civil radica en los diversos factores que la originaron, desde profundas divisiones políticas hasta tensiones socioeconómicas acumuladas a lo largo de décadas. Esta investigación plantea como problema central la necesidad de entender no solo las causas inmediatas que llevaron al estallido de La Violencia, sino también los factores estructurales y subyacentes que contribuyeron a su prolongación y brutalidad.
El objetivo de este trabajo es explorar en profundidad los elementos desencadenantes del conflicto, tales como la polarización política, la desigualdad social, las tensiones agrarias y el rol del Estado en la represión y el control social. Además, se analizará cómo estas causas se complementaron mutuamente para producir un ciclo de violencia que afectó tanto a las zonas urbanas como a las rurales, alterando profundamente la realidad social del país. Se propone como estrategia investigativa un enfoque integral que permita abordar las causas y las consecuencias del conflicto desde diversas perspectivas, incluyendo la política, la económica y la social.
El enfoque de esta investigación es principalmente cualitativo, y se apoya en un análisis histórico-crítico. Se busca no solo describir los eventos ocurridos durante La Violencia, sino también interpretar los significados y las dinámicas sociales que los sustentaron. Este enfoque interpretativo es crucial para comprender cómo actores clave, como el gobierno, los partidos políticos y las fuerzas insurgentes, influyeron en el desarrollo del conflicto. A su vez, se considerará el papel de la población civil, atrapada en medio de la confrontación y quien terminó siendo la mayor víctima de esta, lo que añade otro reto a este análisis.
La metodología adoptada para este estudio combina la revisión documental exhaustiva con el análisis de fuentes primarias, tales como documentos gubernamentales, discursos políticos de la época, testimonios de testigos y archivos históricos. A través de la combinación de estas fuentes, se busca construir una narrativa sólida y bien fundamentada que permita comprender las diferentes fases de La Violencia y su impacto en la población. Asimismo, se utilizarán técnicas de análisis comparativo para identificar patrones de conflicto similares en otras partes del mundo, lo que permitirá contextualizar el caso de Colombia en un marco global de estudios sobre conflictos civiles no declarados.
En resumen, este trabajo no solo pretende aportar una comprensión profunda de las causas y consecuencias de La Violencia, sino que, a su vez, busca generar un espacio de reflexión sobre las lecciones aprendidas de este trágico periodo de la historia. Estas lecciones pueden resultar útiles para diseñar políticas públicas que promuevan la reconciliación y la paz, previniendo así la repetición de ciclos de violencia en el futuro. Al examinar las dinámicas internas del conflicto y su legado, se espera contribuir un poco al conocimiento y el entendimiento de cómo la violencia estructural y política puede desencadenar crisis de largo plazo.
Para empezar a hablar de las causas debemos separarlas en tres grupos: Políticas, Sociales y económicas esto con el fin de abarcar esos diferentes sectores en conflicto que luego llevaron a La Violencia. Ahora, para hablar del ámbito político debemos recordar que en gran parte de nuestra historia colombiana hemos sido dominados por nuestros dos partidos políticos principales o como los solemos llamar "partidos tradicionales" que son: el Partido Conservador y el Partido Liberal, pero fue precisamente esta estructura bipartidista lo que género en Colombia una polarización política que empezó a dividir a la opinión pública en un extremo o en el otro. Cada vez que uno de los partidos tomaba o llegaba al poder excluía fuertemente al otro empezando a generar ese resentimiento y rencor para aquellos seguidores del pensamiento liberal o conservador. Todo esto nos lleva a nuestro primer evento importante: el Bogotazo, (9 de abril de 1948) el evento histórico que se generó a causa del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, líder liberal y figura relevante quien, además, era amado por las masas y contaba con gran apoyo popular. Fue precisamente ese amor que le tenía el pueblo lo que despertó en ellos la naturaleza más cruel que puede experimentar un ser humano cuando se ve acorralado por su propia desesperación, al ver cómo le quitan la vida a su candidato predilecto y este muere sin que nadie pueda hacer nada para evitarlo; y entonces recurren a la destrucción de todo lo que se les atraviese. Pronto este sentimiento o trauma colectivo, como si fuera un virus, fue extendiéndose por todo el país, cobrando la vida de entre 500 y 3000 ciudadanos y provocando grandes estragos en las ciudades donde se presentaron los disturbios. Aquí empieza definitivamente nuestra guerra civil no declarada, con la perdida de Gaitán no hubo vuelta atrás, La Violencia fue inevitable.
Y el mandato de Laureano Gómez, miembro del Partido Conservador (1950-1953), no hizo más que empeorar la situación, ya que este presidente inició una fuerte persecución contra los liberales y aquellos sectores sociales críticos durante su régimen. Fue definitivo que La Violencia había llegado para quedarse, pero nadie pudo dimensionar a tiempo todo lo que definirían los años posteriores para la historia de Colombia. Dentro de las causas sociales, encontramos que la sociedad, en aquella época, estaba profundamente controlada por las élites, y la mayoría de la población, entre ellos campesinos que se ubicaban en zonas rurales y su trabajo era la agricultura, vivían en extrema pobreza y con muy poco acceso a la tierra, lo que generó altos niveles de desigualdad. Lo anterior nos lleva a otro aspecto muy importante del conflicto: la lucha por la tierra, que estaba concentrada principalmente en zonas rurales. Esto empezó a suceder porque, como se mencionó anteriormente, el poder se concentraba en las élites apoyadas por el Partido Conservador, y estos acumulaban tierra, pero lo hacían desplazando a pequeños agricultores, quienes de por sí ya tenían dificultades para acceder a la tierra. En determinado momento, dichos agricultores decidieron no aceptar el hecho de perder sus tierras a causa de esta enorme desigualdad y del poderío de las élites. Esta decisión provocó fuertes tensiones entre campesinos sin tierra y grandes terratenientes. Los campesinos, muchos de los cuales simpatizaban con el Partido Liberal, empezaron a organizarse en autodefensas y guerrillas para reclamar lo que era suyo.
Para las causas económicas encontramos, principalmente, más de lo que ya hemos mencionado: para esa época nuestra estructura económica era fundamentalmente agraria y estaba marcada por una alta concentración de la tierra en pocas familias o élites, lo que provocaba pobreza, descontento y resentimiento entre los campesinos que no podían acceder a la tierra. Entre otras causas económicas, encontramos una falta de industrialización en relación a otros países de América Latina que ya habían empezado este proceso. Colombia seguía estancada en una economía mayoritariamente agrícola que generaba muy pocas oportunidades laborales, y esto aumentó la migración rural-urbana, al tiempo que incrementaron los roces, los disgustos y las tensiones sociales entre la población. Ahora, agreguémosle a esta compleja situación interna del país que el mundo estaba empezando a sufrir la Gran Depresión de 1929, que por supuesto también afectó a Colombia, multiplicando las dificultades económicas de la población y, como era de esperarse, de manera particular en las zonas rurales, donde el impacto fue más severo debido a la dependencia de productos agrícolas de exportación.
Para finalizar el conteo de las causas, podemos decir que el periodo de La Violencia en Colombia fue un conflicto con raíces profundas en la desigualdad social, la concentración de la tierra y la exclusión política. La polarización entre liberales y conservadores, alentada por el asesinato de Gaitán, generó un ciclo de acciones violentas que se extendió por más de una década. Las tensiones agrarias y la lucha por la tierra desempeñaron un papel clave en este conflicto, con campesinos organizándose en guerrillas frente a la represión estatal y la concentración de poder en manos de élites terratenientes. Aunque La Violencia terminó formalmente en la década de 1950, dejó profundas heridas en la sociedad colombiana que seguirían alimentando conflictos posteriores como, por ejemplo, el surgimiento de las guerrillas en los años sesenta.
Para hablar de cómo se desarrolló este conflicto interno debemos mencionar de algunos de sus principales eventos y enfrentamientos armados haciendo énfasis en cuales fueron los papeles de los grupos armados y las guerrillas para luego terminar hablando de características y particularidades de este conflicto. Entre los principales enfrentamientos armados encontramos La Batalla de Villarrica (1955) uno de los eventos más importantes y que finalmente demostraría como era la resistencia de las guerrillas liberales en Villarrica, Tolima donde el Ejército Nacional lanzo una ofensiva para eliminar los bastiones guerrilleros sin importar el medio que se usara, esto llevo a que el Ejercito atacara fuertemente tanto como por aire como por tierra.
La segunda semana de junio de 1955 comenzó la guerra de Villarrica, la primera ofensiva del Ejército contra una población comunista y su autodefensa. Un testigo de los hechos lo relató así a la Comisión de la Verdad: "Esto se volvió el infierno. Aquí llegaban cualesquiera 15 avionetas a bombardear, aviones bimotores por todo lado, entonces echaron cinco meses, Rojas Pinilla con todo el poder que tenía, para subirse de Villarrica a La Colonia". (Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, 2022, Entrevista 076-HV-00022). Los testimonios de los sobrevivientes, cruzados con documentos, confirman que el Ejército lanzó por lo menos 50 bombas de Napalm (combustible) desde aviones norteamericanos. Según La Época, las bombas fueron fabricadas en Colombia con insumos conseguidos de manera extraoficial en Holanda, dado que Estados Unidos se negó a proveer el Napalm. En cambio, los siete aviones B-26 que cargaron las bombas sí fueron adquiridos en ese país. "La intensidad del bombardeo se centró en La Colonia, una vereda que para ambos bandos tenía un gran significado por su papel en la historia del movimiento agrario", dice el periódico. Pedro, uno de los campesinos alzados en armas, describe lo ocurrido el 9 de junio de 1955: "había compañeros que lloraban y se arrodillaban y decían que era el día del juicio final al mirar que había 12 aviones bombardeando y ametrallando, bombas incendiarias. Donde caía una bomba entre el monte, se iba prendiendo el monte, casas, todo" (Comisión de la Verdad, 2022, p. 65).
Al final de esta batalla, claramente ganó el Ejercito Nacional, quienes pudieron recuperar la zona, pero todavía no habían ganado la guerra. Las guerrillas optaron por seguir sus operaciones y ataques desde otras regiones.
Fuera de estos eventos, también encontramos que diversas regiones del país, especialmente los Llanos Orientales, sur de Tolima, Antioquía, Cundinamarca y Santander, fueron los epicentros de la violencia, y se cometieron masacres sin piedad contra poblaciones campesinas. Tanto guerrillas liberales como paramilitares conservadores decidieron cometer asesinatos selectivos a líderes locales y campesinos asociados con el bando contrario, como si ninguno de los bandos pudiera pensar en otra solución más que en, sí o sí, exterminar al otro. Por ese pensamiento, ¿cuántas vidas no se perdieron innecesariamente? Después de todo, uno no debería morir por política. Como actores principales de este conflicto encontramos a la guerrillas liberales, grupos armados creados únicamente para proteger a los campesinos liberales de las represalias del Ejercito y de los paramilitares conservadores como los "Pájaros" o "Chulavitas", que eran grupos armados bajo el mando conservador con la única misión de exterminar liberales en las zonas donde su presencia era fuerte, y eran conocidos por actuar de manera cruel y brutal, cometiendo masacres por donde sea que pasaban. Y cuantos más liberales mataban, más financiación encontraban por parte del Gobierno, reforzando la imagen de asesinos a sueldo con la que se relacionaban. Al Gobierno conservador no le bastó usar a estos grupos paramilitares para masacrar campesinos liberales, sino que también optó por usar al Ejército Nacional; es así como durante el gobierno de Laureano Gómez el Ejército fue utilizado como una fuerza represiva contra los liberales. También participaron en la destrucción de las guerrillas liberales, pero en muchos casos cometieron abusos contra la población civil.
Este conflicto se caracterizó por ciertas particularidades como el bandolerismo y la fragmentación, y esto se dio porque a medida que el conflicto avanzaba, el carácter de la guerra tuvo que cambiar. En algunas regiones, la lucha política se mezcló con el bandolerismo: los grupos armados tomaban el control de zonas rurales y vivían del saqueo. Esto provocó que La Violencia se convirtiera en una situación incontrolable. Otra particularidad que en encontramos en este conflicto es que La Violencia nunca fue una guerra formalmente declarada. Es seguro que fue una guerra civil en la práctica, pero el gobierno nunca la reconoció oficialmente como una guerra, demostrando una cierta actitud de ignorancia y desinterés por parte de su parte, lo que solo llevó a que el conflicto se extendiera cada vez más sin un marco legal claro para resolverlo. Dicho conflicto tuvo origen en la política. Después de todo, la lucha entre los partidos Liberal y Conservador fue uno de los motores principales de la violencia, y ambos partidos utilizaron a sus seguidores para combatir a los del partido contrario. Sin embargo, la violencia trascendió la política y adoptó características de lucha por el poder local y por los recursos, lo que finalmente derivó en asesinatos, desplazamientos y el desastre para todo el país.
En este capítulo hablaremos de las consecuencias sociales y políticas del periodo de La Violencia, haciendo énfasis en su impacto en la población civil y en cómo se desencadenaron los desplazamientos forzados y las migraciones internas, para finalizar analizando cuáles fueron las repercusiones en el sistema político colombiano. Entre las primeras consecuencias sociales, encontramos el aumento de la violencia de manera general, y todo porque las tensiones entre liberales y conservadores siempre terminaban en asesinatos, masacres y torturas alrededor de todo el país, con especial afectación de las zonas rurales. Esta vieja rivalidad convirtió la violencia en el pan de cada día, y era a los campesinos a quienes se les repartía este pan y lidiaban con él. Este es, para mí, el mayor problema de esta guerra civil, que cobraba víctimas que solo eran personas comunes y que no participaban directamente en la política; muchos sufrieron asaltos y ataques solo por ser percibidos como simpatizantes de un partido u otro.
Esto nos lleva a las otras consecuencias sociales, que fueron los desplazamientos forzados y la migración interna, uno de la mano del otro, pues, debido a La Violencia, muchos campesinos fueron obligados a abandonar sus tierras y a buscar refugio en cualquier otro lugar del país; así fue como empezó el fenómeno de desplazamiento forzado que incluso hoy en día persiste en Colombia, con millones de personas afectadas. Este desplazamiento forzado creó una migración interna significativa hacia las ciudades, lo que contribuyó a la urbanización en Colombia. Sin embargo, el país no estaba preparado para este fenómeno y, por lo tanto, no se contaba con suficientes políticas de vivienda y empleo, generando así unos altos niveles de pobreza en las áreas urbanas. Por último, otra consecuencia social fue la fragmentación o división social, la violencia y los desplazamientos generaron profundas divisiones entre comunidades, así como traumas y desconfianza entre los ciudadanos. El impacto emocional y psicológico de La Violencia dejó huellas en generaciones enteras.
Como una de las primeras consecuencias políticas de este conflicto se encuentra el establecimiento del Frente Nacional (1958-1974), que fue una forma de poner fin al conflicto entre liberales y conservadores. Este frente se creó como un acuerdo político que permitió alternar el poder entre ambos partidos por un período de dieciséis años. Aunque logró detener el conflicto bipartidista, excluyó a otros actores políticos, lo que creó nuevas tensiones, y al final fue como pasar de un problema a otro de manera casi inmediata (¿quién entiende a las personas de esa época?). Este detalle, el de la creación del Frente Nacional, creó nuestra siguiente consecuencia: el debilitamiento de la democracia, ya que solo los dos partidos tradicionales podían llegar al poder, generando un descontento entre sectores populares y de izquierda que, a largo plazo, alimentó lentamente el resentimiento y el deseo de cambiar las formas de poder. Es en esto momento en que empiezan a aparecer grupos guerrilleros como las faro (1964) y el eln (1964), que intentaron tomar las armas para lograr cambios políticos y sociales. Otro problema en nuestra historia. Lastimosamente, nuestra próxima consecuencia es la persistencia de la violencia.
Aunque el conflicto liberal-conservador se redujo, las tensiones en las zonas rurales continuaron. Muchos de los actores armados que participaron en La Violencia se convirtieron en guerrilleros, paramilitares o bandoleros en las décadas siguientes, manteniendo altos niveles de conflicto en el país. Ahora, para finalizar, encontramos una de las más graves consecuencias en un conflicto que fue esencialmente político, y es la deslegitimación del Estado. Durante La Violencia, el Estado fue percibido como un ente incapaz de proteger a sus ciudadanos, y en muchos casos sus instituciones fueron vistas como cómplices de dicha violencia o incapaces de resolver los problemas sociales. Esto debilitó la confianza en el sistema político y abrió la puerta a la aparición de actores armados y criminales en los años siguientes. Desde nuestra perspectiva y en términos políticos, no hay peor situación que perder la legitimidad como ente de gobierno; la legitimidad es lo que te mantiene en el poder y hace más fácil la gobernanza y la aceptación de los proyectos de ley. Pero si se llega a perder eso, ¿qué respaldo tiene una entidad para gobernar?
Después de un conflicto de tal magnitud, es de esperarse que toda la realidad se vea afectada, incluyendo cambios en el sistema político colombiano. La primera repercusión fue el monopolio bipartidista; después de todo, el sistema político quedó durante mucho tiempo en manos de los partidos Liberal y Conservador, lo que limitó la participación de otros actores políticos y movimientos sociales, generando exclusión política. Esto generó, además, una segunda repercusión, que fue la emergencia de las Guerrillas. La incapacidad del Estado para incluir a nuevos actores políticos en el sistema, impulsó la formación de grupos armados insurgentes que se proponían derrocar al sistema político tradicional. También podemos observar que la solución para tal periodo de violencia generó otra situación muy peligrosa para un sistema político: la centralización del poder. El Frente Nacional promovió la centralización del poder en Bogotá, lo que acentuó la distancia entre el gobierno central y las regiones, muchas de las cuales vivían conflictos y violencia sin la intervención efectiva del Estado. Encontramos otra importante repercusión de este periodo, y fueron las reformas constitucionales creadas con posterioridad al conflicto. El periodo de La Violencia y la creación del Frente Nacional generaron la necesidad de reformas posteriores, incluyendo la constitución de 1991, que intentó abrir el sistema político a nuevas formas de participación, y proteger los derechos humanos al tiempo que promovió una mayor descentralización.
La crisis económica derivada del periodo de La Violencia entre las décadas de 1920 y 1960 está estrechamente vinculada a la inestabilidad política, al conflicto armado y a las transformaciones estructurales del país que se dieron en ese periodo. Empecemos con los eventos económicos que se dieron en la década de 1920. Para ese momento, Colombia experimentaba una transición económica impulsada por varios factores como el Boom del café: en esa creciente popularidad, Colombia consolidó su economía cafetera al punto que, para dicha década, el café representaba más del 70 % de las exportaciones.
Este boom mejoró la balanza comercial, pero al mismo tiempo creó una dependencia de los precios internacionales del café. Paralelo a esto, otros países y empresas empezaron a ver en Colombia un lugar interesante para invertir; así es como llegaron las inversiones extranjeras, especialmente en infraestructura, como los ferrocarriles, y en el sector minero. Estas inversiones aumentaron durante ese periodo. Sin embargo, el auge se vio afectado por la crisis económica global. Y es aquí donde entra el impacto de la Gran Depresión en Colombia (1929). A finales de la década, la Gran Depresión golpeó duramente la economía colombiana, reduciendo la demanda de exportaciones, especialmente del café, y creando desempleo y pobreza. Esto generó un malestar social que, eventualmente, influiría en el desarrollo de los conflictos posteriores. Durante La Violencia, los efectos económicos en Colombia fueron devastadores, sobre todo en las zonas rurales, pero también en las ciudades. Uno de los factores clave que contribuyó a la crisis económica fue, principalmente, el desplazamiento de la producción agrícola; esto ocurrió porque el conflicto bipartidista afectó especialmente las áreas rurales, que eran el motor económico del país, particularmente en lo que respecta al café, al azúcar y a otras producciones agrícolas. Debido a los enfrentamientos entre las guerrillas liberales y conservadoras, así como las represalias contra las comunidades campesinas, muchas tierras productivas quedaron abandonadas. Como ya mencionamos anteriormente, los enfren-tamientos y la violencia forzaron a los campesinos a huir de sus tierras. Desde una perspectiva económica, esto generó un colapso en la producción agrícola en muchas áreas rurales y, como consecuencia, una caída en los ingresos por exportaciones, lo que afectó negativamente la economía nacional. Una de las consecuencias clarísimas de esta guerra en la economía y en el país en general fue la destrucción de infraestructuras como caminos y puentes por parte de los actores armados; esto limitó la capacidad del país para transportar bienes y productos al mercado, aumentando los costos de producción y dificultando el comercio interno y externo. Como ya sabemos, la violencia en el campo provocó un movimiento masivo hacia las ciudades, lo que resultó en una sobrepoblación en los centros urbanos y un aumento del desempleo.
Ya para estos años podemos ver el declive de la economía, pues empezamos a experimentar una caída en la inversión extranjera. Causas como la inestabilidad política y el conflicto armado hicieron que los inversores internacionales vieran a Colombia como un país riesgoso para los negocios, ya no valíamos la pena como tierra para invertir. Después de todo, Colombia fue percibido como un país inestable, y realmente no estaba controlada nuestra situación interna. Sectores como la minería, la industria y la infraestructura se vieron afectados por la falta de capital para proyectos nuevos o de expansión. Ante todo esto, el gobierno se vio obligado a actuar, a dejar de lado la guerra y a planear cómo procedería respecto a la situación económica del país. Aunque se intentaron implementar algunas políticas de estabilización y crecimiento durante la década de 1960, el país seguía arrastrando las consecuencias de la violencia y la destrucción económica.
Es de esperarse que el establecimiento del Frente Nacional (19581974) también generara cierto impacto en la economía. Este acuerdo buscó pacificar al país mediante un acuerdo de alternancia en el poder entre los partidos Liberal y Conservador, y aunque es cierto que permitió cierta estabilización política, también tuvo efectos -aunque algo limitados- en la recuperación económica. Por ejemplo, se intentaron implementar algunas reformas, como la redistribución de tierras y la promoción de la industrialización, pero estas resultaron no ser suficientes para solucionar la desigualdad ni la pobreza, sobre todo en las áreas rurales. Y esto ocasionó una persistencia de la pobreza rural a pesar de la finalización formal de La Violencia, y los campesinos desplazados no lograron retornar a sus tierras. La falta de una verdadera reforma agraria y de inversión en el campo perpetuó la pobreza y la marginalización de las áreas rurales. Entre otros efectos causados por La Violencia encontramos la fuga de capital humano, que provocó la migración de profesionales y personas educadas que decidieron abandonar su país en busca de una mayor estabilidad, y esto limitó el desarrollo económico en áreas clave como la educación y la innovación, porque sin mentes preparadas o profesionales completos que pudieran dedicarse a fomentar un avance, el país se atrasó en esos ámbitos y nuestro desarrollo se quedó en pausa.
Por último, un efecto muy importante fue el desequilibrio fiscal que experimentó el Estado debido a los altos costos de la guerra porque, como todos sabemos, estas requieren un alto nivel de financiamiento. Cuestiones como el gasto militar y otros costos empezaron a limitar los recursos, que en un caso de estabilidad podrían haber sido usados para invertir en infraestructura y desarrollo social.
Para este capítulo encuentro que es necesario definir cuál fue la influencia y en qué grado afectó este conflicto la percepción de la identidad colombiana; también abordaremos de los cambios en las dinámicas sociales y familiares. Empezaremos diciendo que el impacto de este conflicto en la identidad colombiana fue profundo. Algunos de los aspectos que puedo destacar son las divisiones políticas y regionales que fueron acentuadas por la violencia en las áreas rurales particularmente. Estas áreas sufrieron gravemente porque las comunidades empezaron a polarizarse entre liberales y conservadores; lo que empezó a dejar una huella en la identidad colombiana. Ahora bien, la lealtad política superaba la identidad nacional, y las alianzas locales fueron instaurándose dentro del marco de la normalidad; ya no éramos colombianos, sino conservadores o liberales, no había punto medio. Y así como lo defendieron sus dirigentes, los seguidores de estos partidos empezaron a percibir la violencia como el único recurso válido para resolver conflictos, creando así una cultura de violencia y un legado que marcaría profundamente a las generaciones siguientes y contribuyendo a que la lucha armada continuara, con la consecuente influencia en los conflictos internos que siguieron en las décadas siguientes, sin contar con el surgimiento de grupos guerrilleros como las faro y el eln. Por empezar a normalizar la violencia y el exterminarse entre liberales y conservadores, se empezó a crear una cultura de desconfianza generalizada entre los colombianos. El pensamiento de tener cerca un delator y temer represalias políticas junto con amenazas de ataques, fue lo que contribuyó a que se creara una sociedad marcada por el miedo y el aislamiento. Este estado psicológico de paranoia y miedo constante afectó las relaciones interpersonales y los aspectos sociales en general.
Aquello que empezó a ser parte del pensamiento colectivo en relación a La Violencia, eventualmente también se reflejó en la cultura popular. Es posible los colombianos de aquella época empezaran a sentir que era necesario expresar el miedo causado por este conflicto, y fue así como la literatura, la música y el cine comenzaron a reflejar la violencia y el sufrimiento de esa época. Autores como Gabriel García Márquez, en su obra El otoño del patriarca y Cien años de soledad, exploran las dinámicas de poder, represión y violencia que se originaron en este periodo, dándole una visibilidad internacional a los problemas colombianos y modelando la imagen del país ante el mundo.
Uno de los primeros cambios se dio gracias al desplazamiento y la migración, ya que millones de colombianos fueron forzados a abandonar sus hogares debido a la violencia. Esto provocó una gran ola de migración interna. Muchas familias campesinas se desplazaron hacia las ciudades, y esto cambió significativamente la estructura social y familiar en zonas rurales. Esta migración masiva también contribuyó al rápido crecimiento urbano y a la creación de cinturones de pobreza alrededor de las principales ciudades, que complicó, a su vez, la situación económica y social. Poco a poco, también empezó a cambiar la estructura familiar debido a que muchas familias se separaron. Los hombres, a menudo, se unían a las facciones armadas o se volvían fugitivos, lo que dejó a las mujeres a cargo de los hogares. Este cambio afectó la estructura familiar tradicional: las mujeres asumieron roles de liderazgo y supervivencia en medio de la crisis.
Este desplazamiento también reorganizó el campo, ya que muchas zonas rurales, antes habitadas por familias campesinas, quedaron desiertas o dominadas por terratenientes armados o por guerrilleros. Este cambio alteró el sistema agrario y las relaciones de producción, favoreciendo una concentración de la tierra en manos de unos pocos.
Como mencionamos más arriba, el temor a las represiones políticas o a los ataques se vio reflejado en las relaciones interpersonales y comunitarias. La violencia generó una ruptura en las redes comunitarias, particularmente en zonas rurales. La cooperación entre vecinos, que solía ser un pilar de la vida rural, se deterioró debido a la desconfianza y el miedo a represalias. Los lazos de solidaridad se reemplazaron por alianzas más cerradas y centradas en la supervivencia. Todos estos factores eventualmente generaron consecuencias a largo plazo. La Violencia no solo afectó a una generación de colombianos, sino que sentó las bases para las tensiones que siguieron durante la segunda mitad del siglo xx y lo que va del xxi. La incapacidad del Estado para resolver los conflictos estructurales profundizó las desigualdades sociales, lo que más tarde contribuyó al surgimiento de nuevos actores armados como guerrillas, paramilitares y narcotraficantes. Además, la descomposición social y la erosión de la confianza en las instituciones estatales afectaron profundamente la cohesión social.
La época de La Violencia dejó una huella imborrable en la sociedad colombiana, redefiniendo su identidad a través de un proceso traumático que afectó tanto a la cultura como a las estructuras familiares y sociales. Los colombianos tuvieron que adaptarse a nuevas realidades de desconfianza, fragmentación y desplazamiento, y, si lo pensamos bien, traumas como esos dejan cicatrices que duran toda la vida, aun si el conflicto se había acabado, ¿cómo podían las personas olvidar los horrores a los que ya se habían acostumbrado?
En el fondo, este trabajo investigativo siempre tuvo como fin responder a una pregunta problema que fue la motivación de este análisis. Dicha pregunta fue: ¿Cuáles fueron las causas y consecuencias de la Guerra Civil no declarada más conocida como La Violencia entre las décadas de 19201960, y cómo han impactado a la sociedad colombiana en el largo plazo?
Desde una perspectiva personal, ahora que hemos llegado al fin de este análisis, sentimos que se respondió muy claramente a esta pregunta problema, y se pudo manejar la mayoría de la información tal cual y como se proyectó. Sin embargo, es pertinente terminar este trabajo con unas reflexiones sobre el legado de La Violencia y unas conclusiones sobre sus consecuencias a largo plazo en los gobiernos posteriores y en el ejercicio de la política. Después de todo, puede considerarse que el legado de La Violencia en Colombia plantea reflexiones profundas sobre los efectos duraderos de los conflictos armados en una sociedad. Este periodo no solo dejó una cuenta grande de muertes y de sufrimiento, sino que también contribuyó a moldear las estructuras políticas, sociales y culturales del país de manera irreversible.
Una de mis primeras reflexiones y consecuencias más profundas es la forma en que la violencia se integró en la cultura y las dinámicas sociales. En muchas regiones, la violencia se volvió parte del paisaje cotidiano y fue aceptada como un recurso para solucionar disputas. Esta normalización de la violencia se hizo particularmente evidente en la forma en que el conflicto se perpetuó en las décadas posteriores, alimentando la creación de grupos armados, tanto guerrilleros como paramilitares, y sentando las bases para una cultura dedicada al uso de la fuerza.
Otra característica impactante y sobre la que consideramos pertinente reflexionar tiene que ver con que La Violencia dejó profundas heridas psicológicas y sociales en las comunidades. La ruptura de la confianza entre vecinos, el miedo constante y las venganzas interpersonales se convirtieron en elementos arraigados en muchas áreas del país. Este legado de desconfianza y rencor entre facciones políticas, sociales e incluso familiares, se mantuvo durante décadas y sigue siendo un obstáculo para la reconciliación. También vale la pena sentarse a pensar sobre cómo el conflicto fragmentó la noción de una identidad colombiana unificada. Las lealtades regionales, partidistas y locales muchas veces superaron el sentido vernos como una nación común. Este conflicto dejó una Colombia fragmentada, donde las identidades locales a menudo se veían determinadas por la afiliación política o las experiencias de violencia sufridas por las comunidades. Como ya mencionamos anteriormente, el fracaso del Estado para proteger a los ciudadanos durante La Violencia, así como para resolver las causas subyacentes del conflicto, creó una desconfianza generalizada hacia las instituciones gubernamentales. Esta falta de confianza en el Estado ha sido uno de los mayores obstáculos para la construcción de la paz en Colombia, ya que muchas comunidades vieron en grupos armados o actores externos una alternativa mucho mejor que confiar en el Estado para proteger sus intereses e ideales.
Una de las primeras evoluciones que encontramos en los gobiernos posteriores fue el Frente Nacional, cuyo propósito fue poner fin a la violencia entre liberales y conservadores, al tiempo que cambió la forma de gobernar, pues este era un acuerdo bipartidista que implicaba la alternancia en el poder: cada partido ocupaba la presidencia por turnos de cuatro años, y se compartían cargos administrativos de manera equitativa. La segunda evolución en los gobiernos posteriores la encontramos tras el fin del Frente Nacional, Colombia intentó abrir su sistema político a nuevas fuerzas. Aunque formalmente el Frente Nacional concluyó en 1974, las élites de los partidos tradicionales seguían dominando el poder político. Se sabe que durante este periodo surgieron nuevos movimientos políticos, tanto de derecha como de izquierda, pero el sistema seguía siendo predominantemente bipartidista y era difícil superarlos. Esto provocó que aumentaran las guerrillas y otros grupos insurgentes, alimentados por la exclusión política y la desigualdad social. Además, el narcotráfico comenzó a ganar fuerza en la década de 1980, complicando aún más el panorama político y social del país. Otra de las evoluciones más importantes se encuentra en la promulgación de la Constitución de 1991, un cambio crucial en la evolución del sistema político colombiano. Esta nueva carta magna fue un intento por ampliar la participación política y reconocer derechos fundamentales, incluyendo a minorías y nuevos actores políticos. En sus postulados se incluía la creación de nuevos partidos políticos, el fortalecimiento de los derechos civiles; se empezó a promover la descentralización del poder y se establecieron mecanismos para una mayor participación ciudadana, como las consultas populares. Un detalle más es que la nueva constitución también buscó dar respuestas a la crisis de seguridad interna, promoviendo intentos de paz con grupos insurgentes y armados.
Otra evolución destacada en los gobiernos posteriores se encuentra en las primeras décadas del siglo xxi, especialmente durante el gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010), en el que se priorizó una estrategia de seguridad democrática, con un enfoque militarista frente a las guerrillas. Esta estrategia debilitó a los grupos insurgentes, aunque también provocó críticas por violaciones a los derechos humanos. Luego encontramos el gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018), totalmente distinto al anterior, en que se inició un proceso de paz con las faro, y que culminó en un acuerdo histórico en 2016; lo que supuso otro punto de inflexión en el ejercicio de la política en Colombia.
Entre ciertos cambios en el ejercicio de la política, encontramos unas décadas de consolidación del bipartidismo y su exclusión a nuevos actores; el Frente Nacional se encargó de consolidar el poder para sus dirigentes de los partidos Liberal y Conservador, dejando fuera a nuevos movimientos, y esto generó resentimiento en sectores de la sociedad y fomentó la insur-gencia. Encontramos que la política no se ejercía defendiendo argumentos o ganando el apoyo popular, sino que se ejerció con las armas, y este fue un cambio que vino con la violencia insurgente y el narcotráfico, que llevaron a una mayor militarización de la política, con un enfoque en la seguridad por encima de las reformas sociales y económicas.
Como ultimo comentario, quisiéramos decir que el legado de La Violencia en Colombia no solo afecta el pasado, sino también el presente y el futuro del país. Aunque las consecuencias han sido devastadoras, también han abierto la posibilidad de reflexión sobre la importancia de la paz, la justicia y la reconciliación. Tomó tiempo llegar a sentarse a pensar sobre la importancia de la paz, aprendimos lento, pero aprendimos. Nos costó llegar, pero llegamos y acá en Colombia, a pesar de nuestra dolorosa historia, siempre tuvimos la oportunidad de aprender de nuestros errores y construir una sociedad más inclusiva, justa y menos violenta. Como homenaje final, presentaremos una lista que detalla ciertas masacres del periodo de La Violencia, con el fin de no olvidar que, aunque ahora leamos esto en un texto, en algún momento fue real y se cobró la vida de muchas personas que merecen ser recordadas, como respeto a sus víctimas, al analizar esta época, para que no se olvide que no pudieron llegar a ver un mundo donde ya no existe este conflicto.
1930: Masacre de Capitanejo (Santander).
1930: Masacres de Piedecuesta en Guaca (Santander).
1946: Formación de los grupos paramilitares conservadores de los pájaros y los Chulavitas, y formación de las guerrillas liberales y autodefensas comunistas.
1947: Masacre de Genoy (Nariño). 1948: Marcha del Silencio.
1948: Magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán. 1948: El Bogotazo.
1949: Masacre de la Casa Liberal en Cali.
1949: Masacre de los Tinigua en la sierra de La Macarena (Meta). 1949: Masacre de Betania (Valle del Cauca). 1949: Masacre de San Rafael (Valle del Cauca). 1949: Masacre de Ceilán (Valle del Cauca). 1949: Masacre de Palestina (Cauca). 1949: Masacre de San Vicente de Chucurí (Santander). 1949: Masacre de Vara de Caucho en Yacopí (Cundinamarca). 1949: Masacre de Anzoátegui (Tolima). 1949: Masacre de Pachacual en El Cocuy (Boyacá). 1949: Masacre de El Cocuy (Boyacá). 1950: Masacre de Santa Helena del Opón (Santander). 1950: Masacre de Llano Mateo en Yacopí (Cundinamarca). 1950: Masacre de San Cayetano (Cundinamarca). 1950: Masacre de Tamara (Casanare).
1950: Masacre de Altos de Ruedas en Caparrapí (Cundinamarca). 1950: Masacre de Barranca de Upía (Boyacá). 1950: Masacre de La Alsacia-Vinasal en Yacopí (Cundinamarca). 1950: Masacre de Los Lulos en Ginebra (Valle del Cauca). 1950: Masacre de Aquitania (Antioquia). 1950: Masacre de Callejas (Bolívar). 1950: Masacre de Belalcázar (Cauca). 1951: Masacre de Ataco (Tolima).
1951: Masacre de Miraflores y marcha de la muerte (Boyacá). 1951: Masacre del Cañón del Ambeima en Chaparral (Tolima). 1951: Asalto a la población de El Engaño (Cundinamarca).
1952: Detención y asesinato del guerrillero Saúl Fajardo.
1952: Masacre del Líbano (Tolima).
1952: Masacre de Ite en Remedios (Antioquia).
1952: Masacre de La Soledad en Landázuri (Santander).
1952: Masacre de Macaravita (Santander).
1952: Batalla de los Colorados en Guaca (Santander).
1952: Batalla del Alto de la Guerra en El Cocuy (Boyacá).
1952: Masacre de policías en Yacopí (Cundinamarca).
Comisión de la Verdad (2022). Hay futuro si hay verdad: Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Tomo 3. No matarás relato histórico del conflicto armado interno en Colombia. Comisión de la Verdad. https://www.CEV_NARRATIVAHISTO-RICA_DIGITAL_2022.pdf.
Comisión de la Verdad 2022Hay futuro si hay verdad: Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. Tomo 3. No matarás relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión de la Verdadhttps://www.CEV_NARRATIVAHISTO-RICA_DIGITAL_2022.pdf
Comisión de la Verdad (s. f.). Villarrica, la guerra olvidada. Informe final. https://www.comisiondelaverdad.co/villarrica-la-guerra-olvidada.
Comisión de la Verdad Villarrica, la guerra olvidadaInforme finalhttps://www.comisiondelaverdad.co/villarrica-la-guerra-olvidada
Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición (2022). Informe Final de la Comisión de la Verdad. https://www.comisiondelaverdad.co/informe-final.
Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición 2022Informe Final de la Comisión de la Verdadhttps://www.comisiondelaverdad.co/informe-final
[1] Morales Andrioly, A. C. (2025). Causas y consecuencias de la guerra civil no declarada conocida como La Violencia (1920-1960). Revista Ratio Juris, 20(40), 461-482. https://doi.org/10.24142/raju.v20n40a17