Revista Ratio Juris

ARTÍCULOS DE REFLEXIÓN

Doi: 10.24142/raju.v17n34a16

 

LA UNIÓN SOVIÉTICA Y AFGANISTÁN: UNA APROXIMACIÓN DESDE LA TEORÍA DEL CAOS

 

THE SOVIET UNION AND AFGHANISTAN: AN APPROACH FROM THE CHAOS THEORY

A UNIÃO SOVIÉTICA E O AFEGANISTÃO: UMA ABORDAGEM A PARTIR DA TEORIA DO CAOS

 

 

Melissa Flórez Barrios*
María Andrea Canchila**
María Camila Echeverri***

* Estudiante de Ciencia Política, Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, y Periodismo, Universidad de Antioquia. Integrante del Observatorio de Movimientos Sociales y Populares En Movimiento. Interesada en el estudio de la teoría crítica y apoyo a procesos de comunicación popular. CvLAC: https://scienti.minciencias.gov.co/cvlac/visualizador/generarCurriculoCv.do?cod_rh=0002005229, Google Scholar: https://scholar.google.com/citations?view_op=list_works&hl=es&authuser=2&user=fdjSTWAAAAAJ, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1675-1189, correo electrónico: mcanchila@unal.edu.co

** Estudiante de Ciencia Política, Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín. Apasionada por los temas de género, derechos humanos y políticas públicas. CvLAC: https://scienti.minciencias.gov.co/cvlac/visualizador/generarCurriculoCv.do?cod_rh=0002004672, Google Scholar: https://scholar.google.es/citations?user=cky93mwAAAAJ&hl=es, ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6536-644X, correo electrónico: maecheverris@unal.edu.co

*** Estudiante de Ciencia Política, Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, y de Economía, Universidad de Antioquia. Inclinación por estudiar las políticas públicas y las complejidades de las políticas económicas. CvLAC: https://scienti.minciencias.gov.co/cvlac/visualizador/generarCurriculoCv.do?cod_rh=0002005329, Google Scholar: https://scholar.google.es/citations?hl=es&user=Sb8hvlEAAAAJ&view_op=list_works&authuser=2&gmla=AJsN-F56lZHiOEakB5ubcmns5ypPbvHaMOP5xt5vudnVsrplskMlA6pPICIn4jNosqgNMLYfkLoUoWuAfWbJNMfeiQqvkoCvpA, ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5768-7892, correo electrónico: meflorez@unal.edu.co


Recibido: 23 de enero de 2022 - Aceptado: 2 de abril de 2022 Publicado: 30 de junio de 2022

 


Resumen

Los acontecimientos que se presentan hoy en Afganistán no son resultado del azar o del destino, sino de múltiples enfrentamientos, guerras y crisis en los que se ha visto envuelto el país con el paso de los años, por lo que, por medio de una revisión documental histórica y en lineamiento con la teoría del caos, el presente trabajo pretende explicar los efectos tanto sociales como políticos que se generaron en Afganistán a partir de la intervención rusa en el marco de la Guerra Fría y que perduran hasta hoy día. Para tales fines, se presentan los antecedentes históricos del país, la descripción de la intervención rusa y cómo esta se relaciona con el surgimiento de grupos afines al islamismo radical, y, finalmente, cómo todos esos acontecimientos descritos terminaron por dejar un país a merced de las potencias explotadoras y de los grupos extremistas violentos.

Palabras clave: Afganistán, Unión Soviética, teoría del caos, Guerra Fría, intervención.


Abstract

The events that occur today in Afghanistan are not the result of chance or destiny, but of multiple confrontations, wars and crises in which the country has been involved over the years, that is why, through an historical documentary review and in line with chaos theory, this paper aims to explain the social and political effects that were generated in Afghanistan Due to the Russian intervention in the framework of the Cold War and that continue to this day. For such purposes, the historical background of the country is presented, the description of the Russian intervention and how it is related to the emergence of groups related to radical Islamism, and finally, how all these events described ended up leaving a country at the mercy of the exploiting powers or violent extremist groups.

Key words: Afghanistan, Soviet Union, chaos theory, Cold War, intervention.


Resumo

Os acontecimentos que ocorrem hoje no Afeganistão não são fruto do acaso ou destino, mas de múltiplos confrontos, guerras e crises em que o país esteve envolvido ao longo dos anos, razão pela qual, através de uma revisão documental histórica e em consonância com a teoria do caos, este trabalho visa explicar os efeitos sociais e políticos que foram gerados no Afeganistão a partir da intervenção russa no quadro da Guerra Fria e que perduram até hoje. Para tanto, apresenta- se o pano de fundo histórico do país, a descrição da intervenção russa e como ela se relaciona com o surgimento de grupos ligados ao islamismo radical e, por fim, como todos esses eventos descritos acabaram deixando um país à mercê das potências exploradoras ou de grupos extremistas violentos.

Palavras-chave: Afeganistão, União Soviética, teoria do caos, Guerra Fria, intervenção.


Introducción
Conclusiones
Notas
Referencias

 

Introducción

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial (1945) se gesta la Guerra Fría, un conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética, quienes, en la carrera por imponer sus propias ideologías y modelos económicos sobre el resto del mundo, causaron múltiples enfrentamientos no solo en el campo de la investigación científica, sino también en los países pertenecientes al tercer mundo 1 , que hasta hoy día evidencian las secuelas de tales intervenciones, como Afganistán. La historia de Afganistán ha estado fuertemente marcada por el conflicto social y la inestabilidad política vinculada, entre otras cosas, a las intervenciones extranjeras de importantes potencias. En la actualidad, la retirada de las tropas estadounidenses y el ascenso de los talibanes al poder ha sumido nuevamente al país en una grave crisis social y económica; bloqueos de fondos internacionales, devaluación de la moneda, desempleo y las migraciones son algunas de las principales problemáticas a las que se enfrenta este país, que, por su importancia geopolítica, incide considerablemente en el desarrollo de las relaciones internacionales.

El estudio de los efectos de las intervenciones estadounidenses, principalmente en los países de Medio Oriente y América Latina, ha sido ampliamente abordado en los análisis internacionales. La ya inexistente Unión Soviética, por el contrario, ha sido un actor poco analizado en la mayoría de estudios sobre las crisis actuales, aun cuando sus acciones -principalmente durante el periodo de la Guerra Fría- siguen manifestando consecuencias a nivel geopolítico, así como en las condiciones sociales y económicas de los países sobre los que actuó. Tal es el caso de Afganistán, que desde la intervención de 1979 se ha visto inmerso en diversos conflictos internos y externos. En este sentido, resulta de gran relevancia establecer relaciones causales entre los acontecimientos relacionados con la invasión soviética en el territorio afgano y la permanente situación de crisis en la que se ha encontrado el país del Medio Oriente.

Es por lo anterior que en el presente ejercicio de investigación se pretenden identificar los diferentes resultados y las consecuencias derivadas de las decisiones que se ejecutaron durante la intervención soviética en Afganistán en el período de la Guerra Fría y que incidieron en el desarrollo social y político del país asiático. Esto se realizará con base en los elementos explicativos proporcionados por la teoría del caos y a partir de la revisión documental histórica para así dar respuesta a la pregunta: ¿Qué efectos sociales y políticos trajo consigo la intervención soviética en Afganistán durante la Guerra Fría y que trazaron su desarrollo histórico y repercutieron en el conflicto actual?

A continuación, se presentará una descripción del marco teórico elegido, los antecedentes históricos del país y una exposición de la intervención soviética en Afganistán; luego, un desciframiento de las relaciones de causa-efecto que inciden en el desarrollo internacional del país para finalizar con la interpretación de los impactos descritos y su repercusión en el contexto actual.

La teoría del caos

La intervención de la Unión Soviética en Afganistán se analizará por medio de la teoría del caos, denominada científicamente “teoría de sistemas dinámicos no lineales”, la cual es una rama de la ciencia que estudia los sistemas complejos y los sistemas dinámicos no lineales que se consideran inestables o vulnerables a sufrir cambios por mínimas variaciones. Esta teoría dice que “cualquier evento del universo, por insignificante que parezca, tiene el poder potencial para desencadenar una ola de eventos que alteren el sistema completo; en otras palabras, es el estudio de fenómenos que pueden parecer fortuitos 2 ” (Herrera, 2009). La teoría pretende proporcionar la explicación más acertada a los fenómenos complejos de turbulencia o caos que surjan en sistemas ordenados y simples.

La teoría del caos fue desarrollada principalmente por el meteorólogo y matemático estadounidense Edward Lorenz en el año 1960, quien pretendía, gracias al estudio de sistemas, 3 que son inestables y aperiódicos, predecir los comportamientos climáticos y hacer un pronóstico meteorológico más acertado. Lorenz propuso demostrar el antiguo proverbio chino que dice: “el aleteo de una mariposa en una parte del mundo puede desencadenar un tornado en un punto distinto”, entendiendo no solo una relación sencilla entre causa y efecto de las acciones dentro de un sistema, sino también la interconectividad que puede existir entre los sistemas no lineales que permite que cualquier cambio, incluso imperceptible a primera vista en una de las variables, puede afectar de manera desproporcionada el valor de otra dentro del mismo u otro sistema.

Según Ghotme (2015), la propuesta teórica de Lorenz influyó en los estudios de los internacionalistas prestigiosos de la segunda mitad del siglo XX, quienes tenían la intención de agregar el carácter cientifista a las teorías de la sociedad; en consecuencia, durante la Guerra Fría la teoría del caos fue tomando relevancia en los distintos campos de estudio, por lo cual, fue y sigue siendo imprescindible para la explicación de los hechos que sucedieron durante el período de la guerra y es clave para comprender las complejidades internas del sistema internacional actual. La teoría del caos, en la presente investigación, permite comprender cómo la intervención de la Unión Soviética en Afganistán, como fenómeno estatal interno, ha afectado de diferentes formas a toda la comunidad internacional.

Antecedentes: historia de Afganistán

De 1945 hasta 1991 el mundo avanzaba en el marco de la denominada Guerra Fría, las dos potencias de aquel momento, Estados Unidos y la Unión Soviética, “buscaban ampliar geográficamente su poder y, por tanto, la cantidad de sus aliados, pero al mismo tiempo neutralizar subsidiariamente -por tanto, indirectamente- la influencia de su contraparte en el mundo” (Rojas, 2017, p. 10). Sus estrategias, más allá de la carrera armamentística, nuclear y espacial, se desplazaron a diferentes territorios, pero ya no los del primer mundo, fueron los países olvidados de América Latina, Asia y África los que sufrieron las mayores consecuencias. Afganistán ha sido conocida como una región de interés geopolítico por sus recursos naturales y minerales, y por su posición geográfica de conexión entre diferentes regiones, pero comenzó sus años de tragedia luego de que, en medio de esta guerra de poderes e ideologías, la Unión Soviética decidiera invadirla para formar un Estado comunista.

Según Maley (2010) , antes de la intervención rusa el país asiático había sido, durante el siglo XVIII, una confederación tribal; luego, para el siglo XIX se convirtió en un Estado colchón 4 para el imperio ruso y británico, aunque seguía manteniendo una forma de Estado premoderno: no usaban dinero sino especies y los gobernantes eran protegidos por externos. Fue a manos de Abdur Rahman Khan (1880-1901) que el Estado afgano se modernizó. Para 1919, el sucesor de Rahman, Habibullah, fue asesinado, y para 1929, el hijo de este sucesor, Amanullah, fue derrocado. El Estado dinástico que había mantenido el país afgano llegó a su fin tras el asesinato de Mohammed Daud en 1978, quien había presidido el país tras el golpe de estado palaciego 5 realizado a su primo Zahir Shah, cuyo padre brevemente gobernó el país hasta su asesinato en 1933.

Cuando Shah asumió el poder con tan solo 19 años, Afganistán se mantenía con los impuestos inmobiliarios, pero en 1964 se implementó la “nueva democracia” y el país terminó dependiendo de las exportaciones (Maley, 2010) y, por lo tanto, del valor que estas tuvieran en el mercado según las prioridades de la oferta y la demanda, lo que afectó los ingresos del país y, en consecuencia, los gastos públicos. Frente a tal inestabilidad financiera, el Estado peligra ante una crisis de legitimidad por no poder satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, creando conflictos internos entre los gobernados y los gobernantes que seguramente recurrirán al uso de la fuerza o la coacción para mantener el poder. El Estado afgano era un Estado insuficiente y ausente; su presencia era relativamente distante, lo que profundizó aún más las problemáticas rurales que jugarían un papel importante a partir del 78 (Maley, 2010).

Intervención rusa

Antecedentes: orígenes del acercamiento soviético-afgano

El acercamiento de Afganistán al bloque soviético podría ubicarse en los inicios del siglo XX, cuando la Unión Soviética reconoció la independencia del país asiático y “les ofreció a los afganos su cooperación material y moral para ayudarlos en la lucha contra los británicos” (Bravo y Genet, 2017, p. 34). Sin embargo, el giro de Afganistán hacia la política socialista podría ubicarse en la década de los setenta, período en el que la Unión Soviética impulsó una política exterior dirigida a consolidar alianzas con los países del llamado tercer mundo, en un proceso de “distensión” en las relaciones con Estados Unidos. De esta manera, se planteaba la necesidad de internacionalizar el movimiento comunista bajo una visión unificada de los países que se integraban al bloque socialista, aunque también deben mencionarse los importantes intereses económicos que guiaban las acciones de la Unión Soviética frente a países geopolíticamente estratégicos, como Afganistán.

Ahora bien, debe tenerse en cuenta que, para dicha época, Afganistán se enfrentaba a una de sus peores crisis. La inestabilidad económica y política se agravaba debido a acontecimientos de gran impacto, como lo fue la sequía de 1972, causante de hambrunas y altos flujos migratorios hacia Pakistán e India (Quesada, 2019), lo que, entre otras cosas, incentivó el golpe de Estado de 1973, que consolida la dictadura de Mohammed Daud. Esta crisis incentivó la ayuda económica y militar por parte de la Unión Soviética. Según describe Carrére (2018), “desde 1956 hasta 1978 la Unión Soviética proporcionó a Afganistán 1.265 millones de dólares en ayuda económica y aproximadamente 1.250 millones de dólares en ayuda militar” (p. 16).

Tras el fracaso del régimen Daud, la revolución de Saur de 1978 se mostró como una alternativa socialista que logró un mayor acercamiento al bloque soviético. Sin embargo, la llegada del Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA) no trajo consigo el escenario de estabilidad política y social deseado. Bien relata Quesada (2019) que, para abril de 1979, “la polarización social era tal que los conflictos por la defensa de valores revolucionarios o tradicionales se daban por todo el país” (p. 20).

Lo anterior se vincula estrechamente con el surgimiento de grupos subversivos islamistas que se fortalecieron gradualmente gracias al apoyo económico y militar de Estados Unidos. Dicha amenaza, aunada a la crisis social persistente en el territorio afgano, se convirtió, finalmente, en una razón decisiva para la intervención militar de la Unión Soviética.

La consolidación de una fuerza subversiva islámica

Como se mencionó antes, la lucha entre los valores socialistas y la fuerte tradición religiosa presente en Afganistán se convirtió en una problemática con graves consecuencias. Gradualmente se consolidaron y fortalecieron grupos vinculados con el fundamentalismo islámico y en oposición al rumbo socialista que habría tomado el país oriental.

En un primer momento, se crearon grupos de resistencia armada que “establecieron lazos con los partidos islamistas que habían huido a Pakistán durante la represión de Daud” (Carrére, 2018, p. 36). Estos se ubicaron principalmente en las zonas rurales, donde habitaba aproximadamente el 85 % de la población del país. Bien podría decirse que los motivos iniciales de resistencia se vinculaban a la protección de sus tradiciones religiosas, lo que se mostraba como un evidente problema político. Algunos de estos pequeños grupos se fortalecieron en el ámbito militar y estratégico, y lograron establecer una importante resistencia armada frente al gobierno y, luego, al Ejército soviético. Se destacan así los “muyahidines”, los “árabes afganos” y las “tribus”, que se “dividían a su vez en una gran cantidad de organizaciones que perseguían objetivos disímiles y que se hacían la guerra entre ellos con tanta intensidad como contra los soviéticos” (Carrére, 2018, p. 38). De estos mencionados, los muyahidines 6 fueron los que recibieron mayor apoyo y entrenamiento militar por parte de Estados Unidos, aunque también por parte de Irán y la República Popular de China.

Estados Unidos y la Operación Ciclón

Tras la cada vez más fuerte influencia que cobraba la Unión Soviética en el Medio Oriente, la estrategia de “distensión” que venía caracterizando las relaciones entre los dos bloques se empezó a debilitar. La crisis de Afganistán ya precedía una posible intervención soviética, por lo que Estados Unidos, mediante la CIA, pondría en marcha la Operación Ciclón. Los fines principales de esta intervención podrían resumirse en tres puntos “a) derrocar la República Democrática de Afganistán, dirigida por los socialistas, b) tender una trampa al Ejército soviético para empantanarlo en Afganistán, y c) instalar bases militares en las fronteras de la Unión Soviética, China e Irán” (Armanian, 2021, p. 67). Esta financiación y utilización de actores externos hace parte de una estrategia denominada guerra subsidiaria o proxy war 7 , empleada por Estados Unidos en múltiples conflictos a lo largo del siglo XX y XXI, especial y mayormente en Medio Oriente.

Así, vemos concretamente que el papel de la CIA fue más que decisivo en el fortalecimiento y la formación militar de los muyahidines, quienes fueron entrenados en territorio pakistaní bajo la dirección de Osama Bin Laden, futuro líder de Al Qaeda. Dicha relación, a largo plazo, se convertiría en un arma de doble filo para Estados Unidos. Como bien menciona Quesada (2019): “cuando Estados Unidos financiaba las guerrillas, en Washington D. C. no sentían preocupación acerca de la naturaleza real de la yihad contra Occidente, sino que creyeron que los muyahidines eran solamente antisoviéticos” (p. 29). Ignoraban así el importante arraigo religioso de los grupos islámicos, lo que terminaría por impactar fuertemente al país norteamericano, así como también sería clave en la conformación del grupo talibán, mismo que para la década de los noventa tomaría el poder de Afganistán.

Invasión: inicio de la guerra afgano-soviética

El panorama de conflicto y tensión que generaba el gradual crecimiento de la resistencia afgana, así como la crisis político-económica producto de las reformas del PDPA, se convirtieron en causas suficientes para la intervención soviética del 27 de diciembre de 1979, fecha que marca el inicio de la guerra afgano-soviética. Este primer momento del conflicto, también conocido como la puesta en marcha de la Operación Tormenta-333, está marcado por el asesinato del dictador Amín, la ocupación de Kabul por parte del Ejército Rojo y el inicio del control sobre los territorios estratégicos del país afgano.

Es preciso mencionar que la situación de la Unión Soviética en este período de invasión se caracterizaba por contar con importantes logros en política externa y la consolidación de un fuerte bloque soviético. Sin embargo, en el ámbito interno prevalecían problemáticas de carácter socioeconómico que se muestran como factores que podrían explicar la derrota ante Estados Unidos en el territorio de Afganistán (Forigua, 2010). En el momento de invadir Afganistán, los dirigentes soviéticos partían de que la guerra no sería prolongada.

Ahora bien, tras la primera etapa del conflicto antes descrita, siguió un período (1980-1983) de incremento en su intensidad, debido a la decisión soviética de aumentar el número de combatientes. Sin embargo, Quesada (2019) señala que esto no le aseguró a la Unión Soviética el control sobre la mayoría de las zonas del país, sino más bien solo un 20 % de su superficie. Las estrategias utilizadas por los soviéticos variaron múltiples veces durante este período debido a que no tenían conocimiento en la doctrina militar contrainsurgente (Quesada, 2019), hechos que se fueron acumulando como causas para el estancamiento de dicha región.

En una tercera etapa del conflicto, desde 1983 hasta 1986, se evidencia un fortalecimiento en las fuerzas rebeldes afganas, especialmente los muyahidines, que ya contaban con un mayor respaldo estadounidense. Por otro lado, la llegada de Gorbachov al poder en la Unión Soviética planteaba ya la discusión sobre la guerra en Afganistán, dado el considerable número de bajas y la situación interna que se presentaba en el país soviético, caracterizada principalmente por la crisis económica, producto de los altos costes que esta guerra le generaba (Forigua, 2010).

En una última fase, que comprende los años 1987 a 1989, se presenta la retirada por parte del Ejército soviético y se inicia un intento de diálogo que se materializa en el Acuerdo de Ginebra de 1988. Los rezagos de esta guerra habrían sido devastadores para Afganistán, costándole “1,6 millones de bajas y cinco millones de desplazados, dejando una gran cantidad de movimientos y organizaciones con fuertes vínculos transnacionales que mostrarían su capacidad desestabilizadora durante la década de los años noventa y los años posteriores” (Forigua, 2010, p. 228).

Relaciones de causa-efecto que inciden en el desarrollo internacional del país

La teoría del caos entiende el sistema internacional como dinámico, constantemente cambiante y sensible a transformaciones, que consta de ciertas fluctuaciones inmersas que simulan un sistema aparentemente ordenado. Esta teoría afirma que hay una lucha constante entre poderes que no solo involucra a los estados, sino también a actores de orden privado o social quienes ven en riesgo sus intereses y a su vez generan nuevas estructuras políticas y relaciones internacionales. La intervención de la Unión Soviética en Afganistán es solo una prueba más de cómo las acciones políticas con fines estratégicos y económicos, que se han encubierto bajo paradigmas ideológicos, han guiado el rumbo de las interacciones internacionales.

Para la teoría, no hay ninguna relación sencilla entre causa y efecto, porque los hechos en los sistemas dinámicos son irrepetibles o aleatorios; el sistema internacional es dependiente de unas condiciones ideales de orden que no son congruentes con su constante dinamismo e interconexión, así que se vuelve necesario precisar el grado de susceptibilidad que tiene el orden internacional al caos, teniendo en cuenta que, “causas muy pequeñas pueden tener efectos potencialmente mucho mayores de magnitud, lo cual refuerza la dinámica continuamente holística del mundo como entero” (McNabb, 2004), por lo tanto, la teoría del caos comprendería las consecuencias caóticas producidas por las acciones ejecutadas en Afganistán no como erráticas, sino como fuentes de evolución y transformación necesarias para que una vez vividas el sistema vuelva al equilibrio. De esta manera, la ocupación militar soviética en Afganistán, que se dio en diciembre de 1979, seguida del agudizamiento del conflicto, que provocó la decisión de aumentar las tropas en 1980 -teniendo en cuenta la influencia de la intervención estadounidense (Operación Ciclón) en el fortalecimiento militar de la resistencia afgana-, son decisiones que, a la luz de los elementos que nos ofrece la teoría del caos, pueden explicarse como parte del desarrollo del país, incluso si son acciones que no han sido premeditadas o elegidas internamente por el país afgano. Puede pensarse descabellado y totalmente alejado de la realidad considerar los momentos históricos de crisis como parte de un bienestar, teniendo en cuenta las consecuencias intensas que este hito ha tenido para la población afgana y la inestabilidad y crisis que seguirá teniendo en los siguientes años, que afectará no solo a la idea que se tiene de la población, sino a los distintos individuos que han sido vulnerados, violentados y asesinados. ¿Qué asegura que en Afganistán ha existido orden?,

¿se podría considerar la situación actual una fluctuación caótica y pasajera? o más bien, ¿es una complejidad presente desde siempre a la que no se le ha dado el adecuado estudio y, por tanto, alternativa o solución?

La crisis actual de Afganistán, desde la teoría del caos, no solo es resultado de las manifestaciones y acciones más relevantes que se dieron en los últimos años por parte de la Unión Soviética y Estados Unidos, sino también de las condiciones propias de las interrelaciones de los actores aparentemente no involucrados y de “ciertas regularidades caóticas (verbigracia, la tecnología, las comunicaciones, las armas, las guerras, las crisis económicas, las migraciones, los ascensos y caídas de actores estatales y no estatales, entre otras)” (Ghotme, 2015, p. 112), irrelevantes a primera vista, pero que afectan directamente los subsistemas.

Conclusiones

El golpe realizado por la Unión Soviética en Afganistán terminó lanzando al país a “un abismo social y político del cual aún no ha podido salir” (Maley, 2010, p. 5). Las consecuencias de tal intervención no solo jugaron un papel importante en la geopolítica asiática y europea condicionando las relaciones de los afganos con sus vecinos, 8 Europa y Estados Unidos, sino también en las vivencias y experiencias de sus ciudadanos que no han tenido más opción que agachar la cabeza ante los talibanes o ante el Ejército americano. Una sociedad desesperada por el más mínimo rayo de paz, que no se ha visto en el país desde hace décadas. Una sociedad que ha sufrido los horrores y ha pagado los costes de la guerra.

La Unión Soviética, aunque se había encargado de sostener a Afganistán, tras su disolución dejó un Estado incapaz de sostenerse a sí mismo, una zona de guerra totalmente devastada que no tenía ningún poder ante la sociedad internacional y que además presentaba grandes divisiones tanto en sus élites políticas como entre sus civiles. La intervención rusa dio paso al fin de la monarquía afgana, el único factor que mantenía la unidad en el país, y tal disolución permitió que

las tendencias autonomistas de los grupos tribales se vieran reforzadas, y se exacerbó el permanente conflicto entre facciones políticas rivales en un sistema político que se caracteriza por su bajo grado de institucionalización [...]. El golpe constituyó un punto de inflexión en la tendencia de ruptura del difícil equilibrio Este-Oeste que por largo tiempo se había mantenido en la posición internacional del país (Wilhelmy,1985, p. 318).

Las diferentes consecuencias descritas en el desarrollo de este análisis desde la perspectiva teórica del caos permiten concluir, tal como expresa Ghotme (2015), que el sistema internacional, en la contemporaneidad, está en una fase de transición hegemónica, por lo tanto, se evidencian elementos de caos o, en su lugar, actores que han decidido no admitir el tipo de orden impuesto: el orden que promueve un ideal y seguridad. Los sucesos caóticos son inmodificables, irreversibles y en parte inevitables, entendiendo que los diferentes actores internacionales están tan interrelacionados entre sí, que son vulnerables y sensibles a los fenómenos como producto de las acciones o inacciones, acuerdos, posicionamientos y discursos de otros actores que pueden parecer a simple vista irrelevantes para todo el sistema. No obstante, las decisiones internas que parecen no afectar a los demás tienen incidencia en la estabilidad del sistema internacional y, de forma negativa, en mayor medida, para los actores con menos poder de decisión o de acción, cuando los hechos y posicionamientos son llevados a cabo por los países considerados potencias económicas, políticas o militares.

Aun así, es necesario cuestionar lo que se determina en el sistema internacional como equilibrio, cuando el papel y las posiciones de los actores, históricamente, han sido impuestas y no han permitido una igualdad entre los actores estatales, diferenciación de posiciones que continúan prolongando los períodos de caos.

Notas

1 Término de amplia difusión que designa al conjunto de países caracterizados por una situación económica diferenciada, en cuanto a potencial y resultados, de la de los países industrializados, así como por las condiciones de vida de su población, que en su mayoría presenta carencias importantes para lo que se considera una vida digna (Dubois, s. f., párr. 1).

2 Que sucede al azar, inesperadamente o por casualidad.

3 Entendiendo un sistema como cualquier cosa o proceso particular compuesto de variables y parámetros.

4 Un Estado tapón, colchón o amortiguador es un Estado que se ubica geográficamente entre dos potencias que podrían entrar en conflicto y que por su posición geopolítica podría impedir un enfrentamiento entre estas.

5 Tipo de golpe de Estado donde el gobernante es removido ilícitamente de su cargo por grupos del mismo gobierno.

6 En el islam, los muyahidines se conocen como quienes ejercen la yihad o “los que hacen el islam”, es decir, quienes recurren a la defensa militar del islam.

7 Este tipo de estrategia bélica consiste en la financiación y formación militar por parte de un Estado a grupos y actores no estatales de otros territorios. La confrontación entre estados no es directa, de allí que haya cobrado mayor relevancia a partir de la Guerra Fría.

8 Pakistán, Irán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

 

Referencias

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